DOS MITOS DE INDEPENDENCIA

DOS MITOS DE INDEPENDENCIA

Para algunos ser parte de algo es como dejar de ser ellos mismos, pero el problema es que si no se tiene claridad sobre sí mismo es difícil ser parte de algo. Esto vale para multitud de cosas, pero ahora quiero mencionar dos que se agitan actualmente en el país: política electoral y política regional: el caso de San Andrés.

10 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Para algunos ser parte de algo es como dejar de ser ellos mismos, pero el problema es que si no se tiene claridad sobre sí mismo es difícil ser parte de algo. Esto vale para multitud de cosas, pero ahora quiero mencionar dos que se agitan actualmente en el país: política electoral y política regional: el caso de San Andrés.

En la política electoral el cuento de la independencia suena más a incapacidad de ser parte de algo que un signo de liderazgo ético e ideológico dentro de un conglomerado político. Ser miembro de los partidos se convirtió en una forma de perder la identidad individual, entre otras cosas porque la política como ejercicio del bien común quedó en manos de un promedio de individuos grises en sus ideas y sus convicciones y fuertes en sus ambiciones y manipulaciones del electorado, el poder y el presupuesto. Evidentemente estos amorfos personajes que ocupan curules de todo tipo, que acaparan los cargos públicos de la Presidencia para abajo , que reparten contratos, que demandan a la Nación por errores pactados con sus compinches y parentelas, no son independientes en el sentido ético, ideológico, ni político... Pero creer que sí son independientes quienes salen a la calle a pedir los votos de la ciudadanía sin necesidad de tener un partido político tampoco es completamente cierto.

El mito de la independencia no parece haber ayudado a una educación política seria, pues ha dejado la idea de que los partidos son para los mediocres y corruptos mientras que los ángeles puros, limpios y virtuosos pueden y deben volar solos. Esta me parece una pésima lección de política, pues no ayuda a un proceso de maduración de las ideas ni a una depuración interna en el liderazgo de los partidos. De otra parte esa independencia mítica de quien actúa por sí mismo, sin necesidad de discutir ni de concertar, tiene más el tufo de las dictaduras y los absolutismos que el sabor de la democracia donde la población se refleja con todos sus defectos en aquellos a quienes elige para que la representen. Tal vez una nación mejor educada elegiría gente mejor.

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La otra reflexión de independencia tiene que ver con lo que viene sucediendo con San Andrés y Providencia, donde sus dirigentes raizales que no han tenido la mejor fama de pulcritud , ahora plantean la crisis de la isla en términos de exclusión de los continentales. Una cosa es el imperdonable abandono del Estado colombiano de sus poblaciones de frontera y otra cosa es que los isleños desconozcan que la vinculación sana y productiva con el continente es fundamental para el desarrollo de su gente. Muchas universidades han dado preferencia especial a los jóvenes isleños, se han hecho fondos de becas, se les han abierto muchas puertas que en la isla no existen.

Pero también es verdad que con frecuencia se han desperdiciado porque el nivel educativo ha sido mediocre, la gestión del sector se ha enredado con intereses políticos, y se han perdido oportunidades importantes de cooperación con otros departamentos, universidades y ONG. Es justo decir que siempre en la Secretaría ha habido excelentes funcionarios técnicos como ocurre en todas partes, pero no siempre los gobernadores los han apoyado. Tampoco los maestros han hecho el esfuerzo necesario para el progreso de la isla, cuando allí podrían haberse dado las mejores condiciones de cobertura, calidad e identidad cultural de todo el país.

No hay duda de la importancia que San Andrés y Providencia tienen para Colombia, y ella debe ser valorada principalmente en los aspectos humano y cultural. Del mismo modo, es urgente que los isleños raizales se sientan parte real de la riqueza del país y que tengan la oportunidad de participar activamente en la discusión de los grandes temas nacionales. Es así como debería caminarse hacia la construcción de una verdadera independencia regional, cuyo principal soporte tiene que ser la educación de los jóvenes de la isla, pues ellos y ellas tienen que comprender que su identidad y su fortaleza como etnia y como territorio constituye su mejor oportunidad para ser parte activa de la riqueza humana nacional. Aislándose serán cada vez más pobres y si Colombia insiste en no contar con ellos seguirá desperdiciando una buena parte de su mejor gente.

frcajiao@sky.net.co

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