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Todo o nada

Todo o nada

Un cálculo que me parece aventurado –preferiría decir imposible– asegura que más de quinientos millones de personas en el mundo se han sentado frente a un tablero de Monopolio: un número tan grande que lo convierte en el juego de mesa más jugado de la historia.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

Lo leí la semana pasada en una noticia a propósito de los 75 años de este juego, curiosamente ideado por un hombre que sufrió con todo el rigor los efectos de la crisis del 29: porque la vida es paradójica.

Se han hecho versiones en decenas de idiomas –también en braille–, en cartones ordinarios y en tableros de lujo, con personajes de Walt Disney, con lejanos e improbables lugares de La guerra de las galaxias, e incluso se puso a la venta hace poco una versión en la cual cada quien puede crear su ciudad y elegir el valor y el nombre de los inmuebles.

El objetivo del juego es evidente aun para aquellos que nunca lo han jugado: quedarse con todo. Y no viene al caso poner ejemplos, aunque los hay de sobra en la política, en el deporte y sobre todo en la economía.

En el caso concreto de este juego, la idea es quedarse con todas las propiedades inmobiliarias del tablero, sin importar el idioma ni la ciudad: una propiedad que mira al neoyorquino Central Park equivale en otras versiones a un edificio sobre el Paseo de Gracia, en Barcelona, a pocos pasos de la Plaza Cataluña. Y la idea es quedarse con este, con el de sus vecinos, con los que están al otro extremo… con todo.

La vida es paradójica, decía. En el mismo periódico en el que me enteré del aniversario del Monopolio, unas páginas adelante leí la noticia de una pareja canadiense que ganó el premio gordo de la lotería –poco más de 11 millones de dólares– y lo donó prácticamente en su totalidad a hospitales, iglesias, entidades de beneficencia y a esos que con humor cínico algunos llaman los parientes pobres. Que ahora no lo son, por cierto.

Los Large –que así se apellidan– dijeron que tenían todo lo que necesitaban, a pesar de que viven sin lujos, en una pequeña casa, como cualquier familia de clase media. Y dieron a entender que lo que pueda hacerles falta no se consigue con dinero. La mujer de esta generosa pareja padeció de cáncer y se considera muy afortunada por no haber tenido náuseas durante el tratamiento de quimioterapia. Tiene una actitud positiva ante la vida, dicen. Estaba acostumbrada a sonreír, y desde que ganó la lotería sonríe más.

Quizás para los Large el dinero no es más que un juego. Muevan su ficha.

fquiroz64@gmail.com

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