BEIJING, UNA CIUDAD PARA DOS MUNDOS

BEIJING, UNA CIUDAD PARA DOS MUNDOS

Esos indescifrables signos aparecen a los ojos del turista apenas aterriza en Beijing y producen una extraña sensación de aislamiento. Sin embargo, China ya no es un país aislado. Dos décadas de apertura al mundo han dejado su sello. Es sí un país de contrastes, donde las tradiciones milenarias conviven en armonía con el empuje de la séptima economía del mundo, que ya es calificado como la superpotencia del 2020.

12 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Esos indescifrables signos aparecen a los ojos del turista apenas aterriza en Beijing y producen una extraña sensación de aislamiento. Sin embargo, China ya no es un país aislado. Dos décadas de apertura al mundo han dejado su sello. Es sí un país de contrastes, donde las tradiciones milenarias conviven en armonía con el empuje de la séptima economía del mundo, que ya es calificado como la superpotencia del 2020.

Beijing, la ciudad que durante 800 años ha sido la capital de China y que por siglos fue el corazón de un imperio, es hoy una metrópoli moderna de amplias avenidas y altas construcciones de vidrio y concreto. Grandes conjuntos residenciales han reemplazado los hutongs, tradicionales barrios a los que se ingresa por estrechas callejuelas y en los que las viejas casas bajas no miran al exterior sino hacia patios internos y comunes. Hoy existen en la ciudad 25 áreas de hutongs, como reservas protegidas.

Para el transporte de sus 13,8 millones de habitantes, Beijing cuenta con dos líneas de metro, pero esta ciudad industrial está diseñada para que los trabajadores vivan cerca de sus sitios de trabajo. Por la Avenida de la Paz Eterna, que atraviesa la ciudad, los ágiles y frágiles ciclotaxis, con uno o dos pasajeros, contrastan con los modernos autobuses, taxis y carros particulares (de fabricación china y marca occidental), y comparten la vía con ocho millones de bicicletas, en las que se transportan tanto elegantes ejecutivas de cartera Louis Vuitton y media velada, como bochincheros escolares o presurosos obreros.

Los chinos han dejado en el pasado aquel característico atuendo de chaqueta azul que los uniformó hasta hace dos décadas y hoy se rigen por los dictados de la moda occidental. Pero conservan aún muchas tradiciones, como la disciplina del tai-chi, ritual de la filosofía oriental que busca la armonía del cuerpo. En las mañanas es frecuente verlos en los parques, haciendo ejercicios de movimientos lentos y acompasados llevando en sus manos grandes abanicos rojos.

Dos ciudades en una.

Las huellas de las distintas épocas de la historia Beijing confluyen en inmediaciones de la Plaza de Tiananmen, o plaza de la Paz Celestial, la más grande del mundo, y que es recorrida permanentemente por turistas, especialmente chinos, que empiezan a conocer su propio país. En uno de los costados está el Mausoleo de Mao Zedong, donde a diario se forman largas colas para visitar el cuerpo embalsamado del Gran Timonel, muerto en 1976. A pocos pasos de su gigantesco retrato, se ingresa a la Ciudad Prohibida, un vasto complejo de palacios y jardines, con 9.999 habitaciones, que fuera el hogar de 24 emperadores chinos durante cinco siglos.

A 60 kilómetros de Beijing se encuentra La Gran Muralla, que con su extensión de 6.000 kilómetros es la única construcción que se ve desde la Luna.

Seda, jade, porcelana...

La variedad y refinamiento de la artesanía china hace de las compras otro gran atractivo. Este es el país de la seda, el jade, las perlas, el marfil y la porcelana; también es la tierra del té y el algodón y los chinos trabajan con finura los objetos de cobre esmaltado (cloisone), la laca y el bordado.

En los modernos centros comerciales abundan las tiendas de marca. Y los mercados populares han desplazado a las tiendas de la amistad , reservadas antes para los turistas, que ofrecen mejores precios y un mayor contacto con los pobladores.

Para comprar necesitará dos palabras (Peídia, que quiere decir más barato y bu yao, que significa no quiero ) y estar dispuesto a realizar un complejo ritual del regateo. Empiece por ofrecer el 50 por ciento del precio que el vendedor le pide (mostrándolo en una calculadora). Cuando él vea la cifra que usted está dispuesto a pagar hará un aspaviento que incluye gestos de asombro y hasta sollozos. Entonces usted debe dar media vuelta y marcharse... Luego de unos cuantos pasos, oirá a sus espaldas el grito, okey, okey , que indica que el negocio está cerrado.

Comida china?.

Es posible que usted esté familiarizado con la comida cantonesa, porque la china, solo la probará en China. Tanto en las casas como en los restaurantes se come en una mesa circular, en la que el centro gira para permitir el acceso a los numerosos platos que acostumbran servir, un promedio de 10. Estos se dividen en fríos y de textura y sabor suave (pescados, vegetales, arroces) y yan fritos y picantes (carnes, pastas, sopas).

Una costumbre muy arraigada en china es agazajar a los invitados con banquetes, donde pueden ofrecer 20 platillos. Dos especialidades que debe probar en Beijing son: el pato laqueado, que tiene un restaurante con varios siglos de afamada historia en su preparación. Y los ravioles, de los cuales se pueden probar 18 variedades, con formas de flores y animales, servidos en canastas de bambú (recuerde que fue Marco Polo el que llevó la pasta a Italia).

Si bien es posible degustar carne de culebra o aleta de tiburón, los legendarios sesos de mico o nidos de golondrina son exquisiteces de otras épocas, que no han probado muchos chinos, hoy asiduos comensales en los restaurantes McDonald s o PizzaHut.

Finalmente, recuerde que los chinos comen temprano. El almuerzo se sirve a las 11:30 de la mañana y la comida a las 6 de la tarde. Por ello, es difícil encontrar un restaurante abierto después de las 9 de la noche.

Un consejo: lleve siempre consigo una tarjeta con el nombre del hotel escrito en chino, para que un taxista pueda leerlo.

BEIJING 2008.

China espera que mañana 13 de julio el Comité Olímpico Internacional (COI) designe a Beijing como sede de los Juegos Olímpicos del 2008. Las otras ciudades candidatas son París, Toronto, Osaka y Estambul.

Por qué Beijing quiere ser sede de los juegos olímpicos? China ya cumplió su objetivo de ofrecer una vida básica a sus 1.300 millones de habitantes -dice Liu Jingmin, presidente ejecutivo del Comité Pro Juegos Olímpicos Beijing 2008-. Después de veinte años de reformas, China está en capacidad de abrirse al exterior y recibir gente de otros países .

Aunque en estas dos décadas de apertura, el turismo extranjero ha aumentado vertiginosamente, China está preparada para recibir muchos más visitantes. Beijing tiene una capacidad hotelera que envidiaría cualquier capital del mundo. Sin embargo, solo 3 de los 100 millones de personas que la visitaron el año pasado eran extranjeros.

De cara a los Juegos Olímpicos, Beijing será una de las capitales más modernas y desarrolladas del mundo. Los dos grandes retos de Beijing para los próximos años son mejorar el medio ambiente y modernizar el sistema de transporte urbano. Y para estos dos planes tiene asignado un presupuesto de 20 millones de dólares.

Gracias a una especie de lotería olímpica con la que se han recaudado los fondos suficientes para sufragan los costos de organización y en la construcción de instalaciones deportivas, calculados en 200 millones de dólares respectivamente. China calcula que ganará 16 millones de dólares con la realización de los juegos; sin embargo, hay otros alicientes. La realización de los olímpicos en Beijing generaría 100 mil empleos anuales durante los próximos siete años; y la infraestructura deportiva quedaría como beneficio social. El 40 por ciento de los habitantes de Beijing practican algún deporte , recalca Jingmin.

En Sydney, sede que se le escapó a Beijing por los sucesos de Tiananmen en junio de 1989, los atletas chinos consiguieron 28 medallas de oro, batieron ocho récord del mundo y once olímpicos.

Ser el anfitrión olímpico en el 2008 es una meta que apoya el 96 por ciento de los habitantes de Beijing y que constituye, en materia deportiva y turística, un hito tan importante como lo es, para su apertura económica, el ingreso a la Organización Mundial de Comercio.

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