Algo hemos hecho mal

Algo hemos hecho mal

Las elecciones gringas confirmaron el temor: la godarria avanza. “Me dieron una paliza”, reconoció Barack Obama. Refresca, eso sí, que hayan sido derrotados, entre otros, una multimillonaria de derechas en California y la famosa enemiga de la masturbación en Delaware. Pero avanzó la godarria y conquistó la Cámara de Representantes. Agregó Obama: “Algo hemos hecho mal”.

07 de noviembre 2010 , 12:00 a.m.

Sería absurdo extrapolar lo ocurrido en Estados Unidos a las próximas elecciones de concejo en Túquerres, por ejemplo, pero es posible decir que idéntica perplejidad acosa al progresismo en el mundo entero. Si la godarria avanza, es porque algo hemos hecho mal.

Hace ocho días indiqué cómo la godarria es un sector refractario del conservadurismo. El arco iris de la derecha encuentra en el medio a conservadores y neoliberales; inclinada a la diestra, la godarria hirsuta; y, en el extremo, el fanatismo. También la izquierda tiene su abanico. En medio, los reformistas liberales; más allá, los progresistas sólidos; en el extremo, los rojos. Es fácil saber en qué fallaron los rojos. A la vista están el gulag soviético, las atroces revoluciones culturales de Mao, la satrapía genocida de Pol Pot en Camboya, la esperpéntica revolución populista de Hugo Chávez, la esclerosis económica y ausencia de libertades en la antigua Europa del Este y en la Cuba de Fidel. Todos ellos utilizaron un arma típica de la derecha: el miedo.

Los progresistas creen más en la esperanza que en el miedo y saben que la historia refutó el paraíso comunista y la lucha armada. Pero no bastaba con saberlo. Si la crisis económica mundial ha sido una piñata para el sector financiero que la provocó, es porque el progresismo no pudo explicar a la gente qué ocurría. Por eso, la izquierda busca ahora una nueva identidad, un traje a la medida del siglo XXI. Traje cuyo modelo no es igual para la izquierda europea que para la latinoamericana, donde se agregan a las bases generales de solidaridad y libertad los derechos humanos, la lucha contra la pobreza y el servicio del Estado a los más débiles. Algunas luces empiezan a surgir en la semioscuridad. El economista Bernardo García habla de una Nueva Izquierda (NI), nacida como repudio a ese neoliberalismo que globalizó y engordó el capital a tiempo que explotaba trabajadores mediante contratos basura y desempleo. El eje de esa NI sería la suma de valores sociales y de pragmatismo político que encarna Lula da Silva, quien en la presidencia brasileña ha conseguido sólido crecimiento económico a base de dinámica repartición de riqueza.

El discurso de Lula en Davos en enero del 2003 se considera la declaración de principios de la NI. “Brasil trabaja para reducir las desigualdades económicas y sociales, profundizar la democracia política, garantizar las libertades públicas y promover activamente los derechos humanos. (...) Buscamos un cambio en beneficio de los desprotegidos, los humillados, los ofendidos y los que no ven por ahora posibilidades de redención. (...) Los países ricos lo son porque tuvieron su oportunidad. (...) Hay que crear empleos dignos, mejores inversiones, expandir mercados, fortalecer salud y educación, propiciar el desarrollo cultural, científico y tecnológico. (...) Mi compromiso es asegurar que todos los brasileños puedan desayunar, almorzar y comer.” No es, pues, una discusión entre más Estado o menos Estado, como en Norteamérica, sino entre más hambre o menos hambre. Lula está derrotando el hambre en Brasil, sin restringir las libertades ni reventar la economía.

La agenda progresista es clara: hay que jugársela por la justicia social, la libertad, la igualdad, los derechos humanos, la democracia, la transparencia, la biodiversidad, la educación, la no violencia, la imaginación, la anticorrupción, los valores laicos, la protección de los débiles y de la minorías. Solo así se trabajará por la gente del común y se pondrá freno a la godarria. ESQUIRLAS. En California, 44 de cada 100 personas quieren legalizar la marihuana. No es una cifra desdeñable. Puede ser el comienzo de algo.

cambalache@mail.ddnet.es.

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