LOS TRATADOS TRIBUTARIOS

LOS TRATADOS TRIBUTARIOS

Contra lo que algunos suelen afirmar, la tributación no es el factor que determina la decisión de invertir en un determinado país; es sólo uno de los elementos que interviene en esa decisión. No obstante, en la medida que la velocidad y el avance tecnológico han restado algo de importancia a las distancias geográficas, la tributación, junto con los demás componentes del ambiente de inversión, tienen que ser constantemente refinados para optimizar su aporte a las condiciones de permanente competitividad.

11 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Contra lo que algunos suelen afirmar, la tributación no es el factor que determina la decisión de invertir en un determinado país; es sólo uno de los elementos que interviene en esa decisión. No obstante, en la medida que la velocidad y el avance tecnológico han restado algo de importancia a las distancias geográficas, la tributación, junto con los demás componentes del ambiente de inversión, tienen que ser constantemente refinados para optimizar su aporte a las condiciones de permanente competitividad.

Colombia no ha celebrado muchos convenios o tratados en materia tributaria y no quiere decir que esto sea malo además porque carece de negociadores-; los tratados se celebran generalmente con los principales socios comerciales, con el objeto de facilitar la inversión y el comercio mutuo mediante la eliminación de la doble tributación. Por supuesto, si la inversión y el comercio fluyen en un solo sentido se corre el riesgo de que los beneficios del tratado sigan la misma tendencia y éste se convierta en una cesión de tributos al fisco del inversionista o vendedor.

El fenómeno se ha complicado un poco con la creación de los bloques regionales, porque sus acuerdos sobre inversión y comercio van acompañados de convenios en materia impositiva que no siempre armonizan con los bilaterales celebrados por algunos de los miembros. Más difícil es aún la situación cuando la tributación de los miembros del bloque no es armónica, por diferencias en la legislación o en los grados de rigor en la aplicación de las leyes; en estas condiciones los convenios generan desequilibrios internos, aún antes de entrar a medir su competitividad a nivel de bloques.

La situación planteada deja dos alternativas: buscar la armonización de la tributación de los miembros del bloque regional o revisar el respectivo tratado para adaptarlo a las circunstancias reales y presentes. La primera es la más sensata, pero quizá difícil porque está sujeta a los regímenes legales y constitucionales de cada país; la segunda es dispendiosa y casuística y por consiguiente no ofrece garantías en cuanto a los resultados.

Estas reflexiones surgen cuando se analiza el convenio para eliminar la doble tributación entre los países del Acuerdo de Cartagena -hoy Comunidad Andina- vigente desde 1978. Convendría analizar las legislaciones tributarias de los países miembros y las formas y procedimientos de aplicación de las leyes, y su posible influencia sobre el principio de la neutralidad, no tanto respecto de la atracción de inversión de terceros países, como de la decisión de las inversiones mutuas. De pronto el fisco de nuestro país no está saliendo bien librado, no sólo por el nivel de las tarifas, sino, paradójicamente, por su rigor y organización.

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