La godarria avanza y amenaza

La godarria avanza y amenaza

Dentro de un tiempo, la Historia examinará atónita la paradoja que hoy vivimos: el capitalismo financiero, autor de la peor crisis económica y social de los últimos 70 años, se beneficia de la catástrofe que causó, mientras pagan la cuenta de cobro sus víctimas: los pobres, los inmigrantes, los desempleados, los jubilados, los que perdieron sus ahorros en la debacle aventurera de las aseguradoras y los bancos. “En estos tiempos de pobreza, de millones de personas sin casa y sin puesto, los que están furiosos son los ricos”, comentó Paul Krugman, columnista de The New York Times.

31 de octubre 2010 , 12:00 a.m.

Se pensó que el desplome de la economía especulativa iba a castigar a la derecha que lo propició con su repudio a los controles legales, lo escondió cuando empezaron las grietas y trasladó la factura al Estado. Pero acontece lo contrario: la godarria avanza y, en un irónico papel de víctima inculpada, la izquierda retrocede.

La godarria es, según el Diccionario de Americanismos, el “conjunto de godos o conservadores”. Es decir, aquellos grupos, personas y partidos que veneran el capital, proclaman el lucro como filosofía, combaten la presencia reguladora del Estado, ceden el control de nuestras vidas a los mercados, desconfían de los pobres y los distintos, meten a Dios en la cama y defienden valores de clase, intolerancia, insolidaridad y discriminación.

Esta semana veremos cuánto progresa la godarria en Estados Unidos, país que ofreció en el 2008 el reconfortante espectáculo de elegir a un presidente negro y demócrata. Temo que en las elecciones parciales del 2 de noviembre las ideas igualitarias saldrán mal paradas. El Partido Republicano –los godos gringos– podría capturar muchas de las 37 curules senatoriales en juego. Lo peor es que una parte de los republicanos procede de la más oscura caverna, el Tea Party, fracción extremista de la derecha. Allí florecen la ignorancia (todos sus candidatos niegan la verdad científica de que el cambio climático es obra del hombre) y el sectarismo religioso (una de sus figuras más preclaras, Christine O’Donnell, hizo campaña política contra la masturbación).

La godarria no solo avanza: se extiende. Antes de que su reforma laboral suscitara protestas multitudinarias, Sarkozy, el presidente francés, andaba reseñando y desterrando gitanos. Lo respaldó un presidente socialista español secuestrado por el neoliberalismo. En Alemania, la canciller Merkel renunció a la integración multicultural y anunció que los inmigrantes deberán aprender alemán y cristianismo. En Gran Bretaña y Canadá mandan los conservadores. En Italia caza extranjeros Berlusconi, el corrupto multimillonario neofascista.

En Holanda, la coalición de gobierno incluye al Partido de la Libertad, xenófobo y racista. En Suecia, espejo de solidaridad social, los Demócratas Suecos, herederos de los partidos neonazis, sacaron 20 sillas en el Congreso.

En Hungría, los fanáticos del partido Joobik aplauden la persecución de gitanos y rumanos. “En casi toda Europa –resume The Economist–, la crisis ha ayudado más a la derecha que a la izquierda.” Exceptuando unos pocos países, también en Latinoamérica puja la godarria. Dos impecables gobiernos socialistas no bastaron para atajar las aspiraciones políticas de Sebastián Piñera, el hombre más rico de Chile. Panamá lo imitó eligiendo a un magnate de supermercados. En México, el godísimo y homófobo gobernador de Jalisco quiere ahogar la célebre Feria del Libro y quitar plata a las universidades.

Entre tanto, en Colombia, más de lo mismo: el antiguo socialdemócrata Álvaro Uribe, a quien hoy el Partido Conservador considera suyo, anuncia el regreso electoral. Supongo que le parece comunista Juan Manuel Santos (y eso que la revolucionaria Ley de Tierras solo aspira a retrotraer 20 años las cosas...

cuando ya eran una injusticia social). Con Uribe cabalga la brigada reaccionaria cuyo representante más poderoso es el procurador Ordóñez y cuyos más fieles jinetes son Londoño, Obdulio, Lozano y Yamhure. La godarria está alborotada. La godarria avanza. La godarria amenaza.

cambalache@mail.ddnet.es

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