‘La Rebeca’, abandonada

‘La Rebeca’, abandonada

Fue primero “impúdico” motivo de atracción centenarista; después, piscina y símbolo de los gamines; y, siempre, dolor de cabeza de los alcaldes capitalinos, que la escondieron, trasladaron, reinauguraron, repararon y abandonaron. Ahora, la famosa ‘Rebeca’, estatua marmórea de una mujer desnuda, yace entre cascotes, telones de plástico y desechos de obra; la pila que la rodea es un pozo sucio agraviado por papeles, colillas y diversas basuras. Las enésimas obras en la calle 26 han convertido a la proverbial señora de San Diego en un trasto más, expuesto a que el codazo de una grúa o el descuido de un buldócer la reduzcan a escombros. “Las vibraciones de las perforadoras la han perjudicado y está llena de fisuras”, asegura María Fernanda Urdaneta Rico, directora del grupo cívico que pretende salvarla.

26 de octubre 2010 , 12:00 a.m.

‘La Rebeca’ llegó a Bogotá hace 84 años. Fue adquirida en París por Laureano Gómez, ministro de Obras Públicas de la administración Abadía, a su autor, el escultor quindiano Roberto Henao Buriticá. Su primer destino fue el Parque de la Independencia, orgulloso jardín con que los bogotanos celebraron un siglo de emancipación. Allí, en la calle 26, entre carreras 5a. y 7a., se inauguró con pompa en 1926. Lamentablemente, el imperio del automóvil, sumado al desdén por los espacios públicos, desarboló en los años 50 el tranquilo remanso, que fue arrollado por la carrera 10a. y los puentes pioneros de los túneles urbanos. El entorno de ‘la Rebeca’ desapareció. Y ella también, archivada en un sótano durante años. De allí salió hacia 1985 para instalarse con su fuente en una pequeña zona enladrillada entre la 7a. y la 13. Y se volvió reina de los gamines, que acudían a bañarse en sus aguas heladas y, en agradecimiento, le colgaban cachuchas y collares. Pero los años no pasan en vano. En el 2000, el alcalde Enrique Peñalosa hizo un mantenimiento a la septuagenaria dama que costó, junto con otras refacciones aledañas, 194 millones de pesos.

Ahora, ‘la Rebeca’ recae en su intermitente penuria. El director del IDU ni siquiera recibe a quienes la defienden. Bueno es que sepa la Alcaldía que la blanca estatua es más que una muñeca de piedra: es un símbolo de Bogotá, al que debe darse tratamiento decoroso y, ojalá, una solución acordada con las entidades ciudadanas que preservan nuestras tradiciones.

editorial@eltiempo.com.co

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