FUEGO CRUZADO

Pese a haber escrito sobre el tema del impuesto para las Fuerzas Armadas, hoy queremos insistir en tan importante asunto.

01 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Comencemos por decir que este no sería el primer impuesto de guerra que pagaríamos los colombianos. Al sector del petróleo y la minería se le ha cobrado un tributo a partir de 1992, que en cuatro años ha reportado cerca de medio billón de pesos.

El Informe de Avance de la Comisión que ha venido estudiando la situación de las finanzas públicas, convocada por este gobierno, señala el incremento importante que ha tenido el gasto militar, que en los últimos años ha venido creciendo a un ritmo del 9.1% anual, muy superior al del Producto Interno Bruto, PIB, lo cual quiere decir, en términos sencillos, que de la totalidad de los recursos generados por la actividad económica nacional en un año, es decir de la inversión y el trabajo de todos los colombianos, cada vez se destinan más fondos a las Fuerzas Armadas. No sorprende, entonces, que después de representar en 1990 alrededor del 2.0% del PIB el gasto militar hubiera pasado a constituir un 2.4% del mismo en 1994, con tendencia de más alto aumento después del de las transferencias consolidadas . Porcentaje elevado si se considera que es el segundo más alto en América Latina y después del de Nicaragua.

Las inquietudes de la Comisión de Racionalización del Gasto y las Finanzas Públicas van más allá. En el Informe al cual se ha hecho referencia se mencionan tres aspectos de la evolución y tendencia de las erogaciones del gasto de personal de las Fuerzas Armadas que resultan de por sí preocupantes: que los niveles de salario actual sean por obligación los determinantes de la remuneración del personal en retiro; que los sueldos de los oficiales y suboficiales estén atados al del ministro; y, tercero, que no se conozca con exactitud el pasivo pensional de las Fuerzas Armadas ni, por consiguiente, los compromisos de pago futuros por este concepto. No sorprende, por tanto, que inmediatamente después de conocerse la propuesta del señor Presidente, la Comisión hubiera emitido un comunicado de prensa en el cual muestra su desacuerdo con esta por considerar que la solución al problema de las Fuerzas Armadas está más asociada a la eficiencia y la eficacia del uso de los recursos que con su incremento .

El fuego cruzado al cual han quedado expuestas las Fuerzas Armadas después del anuncio del nuevo impuesto es, por todo lo anterior, explicable. Cada día es más difícil para los colombianos entender la verdadera razón de los problemas que enfrentan nuestras Fuerzas Armadas. Todos queremos unas Fuerzas Militares respetadas y eficaces. Pero todos queremos, también, que los impuestos que se pagan se usen eficientemente y que se vean los resultados de su utilización.

Como lo anotábamos aquí mismo, la sola palabra impuestos causa nerviosismo. Y el contribuyente espera retribución a sus erogaciones. Que en este caso no pueden ser otras que más seguridad, resultados eficaces en la lucha contra la subversión y delincuencia diversa. Hechos estos que, para ser justos, se dan. Porque a menudo las fuerzas del orden capturan peligrosas bandas de distinto tipo. Asaltantes de bancos, jaladores de carros, secuestradores, apartamenteros, enfrentan a la guerrilla, etc. Pero al parecer, la subversión y la delincuencia cada vez también tienen más recursos, se perfeccionan y crecen. Y ello requiere también una acción más compleja, con mayores recursos y quizá más hombres.

Entonces ahí está planteado el interrogante de cómo enfrentar a los enemigos del orden. Si el presupuesto militar en verdad está bien dirigido, es suficiente o no. Por lo tanto, si justo es exigirles resultados a las Fuerzas Armadas, también lo es que se estudie su presupuesto a fondo, con todos los puntos de vista y las cuentas claras sobre la mesa. Y ese debate, seguramente, el país lo entiende; es más, lo pide, y los militares están dispuestos a afrontarlo.

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