RETORNO DE LO REPRIMIDO

RETORNO DE LO REPRIMIDO

La represión y el retorno de lo reprimido son dos caras de la misma moneda. La represión es un proceso inconsciente de apartamiento de la conciencia, de desalojo de algún contenido molesto o incompatible; dicho contenido queda para el sujeto como si no existiera y como algo de lo cual no quiere saber. Ese desalojo y desconocimiento implican necesariamente la producción de formaciones que articulan lo reprimido en un esfuerzo por significarlo: son el retorno de lo reprimido.

23 de junio 1996 , 12:00 a. m.

La malévola ingenuidad de nuestra clase política que confunde la ley con sus agentes y la basura debajo de la alfombra con la pulcritud, constituye una interesante analogía en lo social de dicho proceso inconsciente. Este mismo acto de rechazo a la ley bajo la forma de creerse autores de ella y eximidos de obedecerla, pervierte la relación con la ley. Bajo ese tipo estructural puede pensarse también la crisis colombiana actual.

El padre Una sociedad que permitió crecer las últimas generaciones con la frustración de todas las expectativas que pudieran tenerse del Estado, de sus gobernantes y dirigentes; generaciones de colombianos obligados a sufrir un choque violento entre los valores que se les inculcan y exigen durante su educación y aquellos que rigen de verdad la vida social de los adultos; donde el Estado, la constitución y las leyes antes que regular las relaciones entre los asociados con el fin de equilibrar precisamente los abusos del poder y los abusos de los poderosos, sirve para justificarlos, para acallar las reacciones y tachar de malo e ilegal a quien no tiene poder y reclama justicia.

El hijo Esta sociedad indolente, cómplice y torpe, se extraña y horroriza de la violencia, de la corrupción, de la crisis de valores, se rasga las vestiduras y condena en alardes fariseicos lo que en el fondo es una estrategia general para ocultar las intenciones y aproximar los beneficios propios.

Es una sociedad en la cual lo que se dice no se puede creer porque siempre se dice lo contrario a lo que es, con la ingenuidad malévola de estimar inexistente lo que se oculta. Una sociedad en la cual no se puede presumir la inocencia y menos de un político porque ha hecho carrera un principio torpe: quien delinque sin ser descubierto no delinque. Recordemos a Pablo Escobar y, más recientemente, a Gilberto Rodríguez cuando sostenían que no eran narcotraficantes.

La nueva lógica es que la inocencia no depende del obrar sino de la capacidad de ocultar, de hacer creer, de aparecer, etc...

Autor intelectual El filósofo más reciente de esta sociedad nueva, la de esta nueva lógica, quien se hizo llamar y reconocer como un pragmático, profeta del futuro léase, nuestro presente, sentenció en los códigos: No importan los principios sino los finales. El actual presidente obró en concordancia y tuvo su final sin importar los principios: fue presidente, pero la verdad desestimada, que los principios garantizan la clase de final, retorna implacable y ahí lo tenemos pareciendo más malo de lo que era porque al principio de su campaña no distinguió principios; y ahí nos tenemos en crisis, saltándonos en la cara todo lo que ocultábamos: todos los principios negociados, desestimados, cobrándonos en un final vergonzoso, la astucia ingenua de una prepotencia generalizada.

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