Niños ‘resucitaron’ colegio que iban a tumbar

Niños ‘resucitaron’ colegio que iban a tumbar

CORRESPONSAL DE EL TIEMPO La imagen de varios niños bañándose bajo un aguacero a la misma hora en que ellos –un grupo de estudiantes, en ese entonces de prekínder, del colegio Karl C. Parrish– recibían sus clases en uno de los colegios más prestigiosos de Barranquilla, les hizo preguntarse a varios pequeños de 4 y 5 años por qué otros no estaban estudiando.

29 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Con la respuesta de Olgui De Riveira, su profesora, entendieron que otros niños no tenían las mismas comodidades que ellos, por lo que la maestra vio la oportunidad de idear un proyecto para construir un colegio para los más necesitados.

Pero, al percatarse de lo costoso que resultaba, prefirieron optar por unir esfuerzos y remodelar uno que lo necesitaba.

Al proyecto se le sumaron 22 ‘seniors’, como se conoce a los estudiantes de último grado del Parrish.

Se interesaron en la sede de preescolar y primaria del colegio Francisco Javier Cisneros, en el municipio de Puerto Colombia (Atlántico), conocido como ‘El Cisnerito’, que en el 2005, por su deterioro, tuvo que ser demolido en casi en su totalidad.

“Un día los llevamos y al darse cuenta de la situación precaria de ese colegio no lo dudaron más y lo escogieron para ayudarlo”, dijo De Riveira.

Wilmer Pérez Benítez, director de ‘El Cisnerito’, explicó que ya había tocado puertas (Alcaldía, Gobernación, el Pibe Valderrama y Shakira), pero no fue posible. Ni cuando los 500 niños que en ese entonces se quedaron sin colegio por la demolición hubo forma de hacerles el quite a las vicisitudes.

Un parque con todos sus juegos de recreación, sillas, tableros y abanicos nuevos, así como los cielorrasos y las luminarias de cinco de las 7 aulas del colegio corrieron por cuenta de los niños del Parrish.

La inversión sobrepasó los 40 millones de pesos, conseguidos gracias a iniciativas de los niños, como la venta de 300 desayunos por parte de los más pequeños y la subasta de cuadros al óleo pintados por los más grandes.

También se hicieron bingos y donaciones de algunos padres, dueños de ferreterías y negocios afines. Parte de la mano de obra corrió por cuenta de docentes y estudiantes de ‘El Cisnerito’.

Ana María Durán, de seis años, beneficiaria de la labor social, dijo que son los más felices por tener un sitio de recreación en buenas condiciones, y aulas confortables que les permiten aprender mejor.

Pero, como lo anunció la profesora, líder del proyecto, “esto no termina aquí. Comenzaremos una segunda etapa de adecuación de ‘El Cisnerito’ ”.

Carlos Capella / EL TIEMPO

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