NO HAY UN SISTEMA QUE UNIFIQUE PAGOS NACIONALMENTE Comparendos, un dolor de cabeza

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EDITOR PORTAFOLIO.COM.CO El siguiente es un caso real ocurrido en carreteras boyacenses hace tan solo un par de semanas, bajo ‘gravedad de juramento’ del afectado. El protagonista de la historia se desplazaba en su vehículo en la carretera que de Tunja conduce a Bogotá, en la cuesta que pasa al lado del municipio de Ventaquemada, la más larga y empinada del trayecto.

28 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Como el vehículo era un Volkswagen modelo 53, nuestro conductor decidió subir el carro ‘alegre’ de revoluciones, a impresionantes 60 kph, más o menos. Casi a punto de coronar la cuesta, en una recta de unos 300 metros de longitud, el hombre le llegó a la cola a un campero Lada que iba a unos 20 kph.

El conductor del Lada, consciente de que estorbaba, se orilló y nuestro amigo lo adelantó con suficiente tiempo y espacio antes de la curva, sin invadir el carril del otro costado, solo que no tuvo en cuenta a la interminable línea amarilla continua de las vías nacionales. Esto lo puso al alcance de la Policía de Carreteras, que estaba camuflada detrás de unas rocas y esperaba al infractor de turno.

Después de detener el vehículo, el amigo de la historia explicó que le habían dado paso, que el otro carro transitaba excesiva y peligrosamente despacio, y que él no era una persona acostumbrada a romper las normas.

A esto respondió el agente de policía que “la ley es la ley” y que había roto una de las normas de tránsito. Infructuosamente trató el hombre de hacerle ver que había sido un caso excepcional.

Pese a los argumentos, vencido, el presunto infractor aceptó los cargos y le preguntó al agente cuánto debía pagar, a lo que el guardián de la Ley dijo: “200 mil pesos”.

Así quedó el asunto ese domingo. Al otro día, al ir a pagar el comparendo en el módulo del Simit en el Terminal de Transportes de Bogotá, la respuesta de la dependienta fue que la multa no era de 200 mil, sino de 515 mil pesos: “Tiene que pagar el comparendo completo y no el 50 por ciento, que sería 257 mil y tiene plazo hasta el 8 de septiembre”, dijo la mujer.

El ciudadano quedó estupefacto, pues había oído que los partes no se duplicaban a los tres días hábiles, según la nueva Ley, pero aquí se lo estaban doblando el primer día hábil después de la supuesta infracción.

Contrariado pero en tono cordial preguntó que si era posible hacer el curso para obtener el descuento, o si podía lograr un acuerdo de pago. “No –fue la seca respuesta que recibió– ese acuerdo lo debe hacer en Cómbita (Boyacá)”.

Decidido, el hombre envió los papeles necesarios para lograr una audiencia, pues no estaba dispuesto a pagar tanto, cuando el mismo agente le había dado una información completamente errónea e incompleta.

A los ocho días pidió permiso en el trabajo, tomó un bus y fue a la audiencia en Cómbita, donde se enteró por boca de la jueza que lo atendió que lo mejor era llegar a un acuerdo de pago por la mitad del comparendo (257.mil pesos) y que ni siquiera soñara con salir avante de un ‘careo’ con el agente, pues éste había firmado el comparendo bajo la gravedad de juramento: “Es mejor un mal arreglo que un buen pleito”, puntualizó la funcionaria.

Ante ese panorama, nuestro amigo decidió ‘dejar así’ y pedirle a la jueza que le indicara en qué Banco en Bogotá debía pagar y a dónde, también en Bogotá, debía ir a tomar el curso. “Tiene que pagar en esta oficina y el curso se hace en Duitama”, fue la respuesta en tono amable que recibió el pobre hombre.

Así, el buen ciudadano logró que le dejaran pagar la mitad del parte (que es lo que dice la Ley) pero no hubo poder humano, ni Runt, ni banca nacional, ni tecnología del siglo XXI que hiciera posible pagar el susodicho comparendo en su ciudad de residencia.

¿Será que el crimen sí paga y es mejor arriesgarse a ser juzgado por cohecho que a hacer las cosas de la forma correcta?.

515 mil pesos le cobraron al conductor. El doble de lo que el Policía de Tránsito le había dicho que debía cancelar

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