Los Harrison reciben hasta el alma

Los Harrison reciben hasta el alma

Rick Harrison es fornido, calvo y alto. Parece uno de esos personajes que atienden en las casas de empeño que se ven en las películas, donde casi siempre entran ladrones a vender el botín del día.

27 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

“Sí, manejo una tienda de empeño, pero no de las que se ven en el cine. La mía es diferente, aunque también tengo cámaras a mi alrededor”, responde Harrison acerca de su nuevo estatus de estrella de la televisión.

Se refiere a su negocio Gold & Silver Pawn Shop, ubicado en las afueras de Las Vegas (EE. UU.), que se ha convertido en un templo para los ‘varados’ económicamente y el lugar donde se graba el reality El precio de la historia, que registra el día a día de la tienda.

La serie, que logró un promedio de 3 millones de espectadores en su primera temporada, se estrena en Colombia este domingo, a las 9 p.m., por el canal History.

“Yo compro toda clase de cosas. Tengo un cañón de un modelo particular que sólo fue usado en Estados Unidos y Colombia. No recuerdo bien la época a la que pertenece, pero sé que disparó en estos dos territorios”, cuenta.

Por sus manos pasó un sombrero que supuestamente se usó en una de las películas de Indiana Jones –que resultó ser falso–, un casco de caballero del siglo XVI, que parecía una pieza valiosa (por la que pedían 20 mil dólares para pagar una deuda) y no era más que una copia. También dice haber recibido en préstamo una pintura de Picasso y otra de Renoir.

“Me toca trabajar con expertos y conocedores, para no ser engañado”, agrega Harrison, al que le ofrecieron recientemente un auto del mismo modelo en el que iba John F. Kennedy el día de su asesinato.

Sin embargo, la clave del éxito no ha sido simplemente la puja del cliente y de Harrison, sino las insólitas historias que se tejen alrededor de los objetos que llegan al lugar y todas las peripecias que tienen que pasar los Harrison para hacerse a esos artículos.

“Quiero ganar más dinero. Este es un negocio apasionante”, comenta Harrison sin ningún pudor, acerca de la relación que ha ido fortaleciendo frente a las cámaras. “ Se ve lo que me gusta hacer: regatear”, asegura satisfecho, pues su adicción al trabajo ya le ha asegurado otra temporada en Estados Unidos

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