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EL MUSEO DEL ORO

EL MUSEO DEL ORO

Señor Director: En referencia a las diferentes comunicaciones que han sido publicadas en su prestigioso diario sobre la labor del Museo del Oro en la conservación de nuestras culturas precolombinas, quiero rendir ante todo un justo y merecido homenaje a los gerentes del Banco de la República, a las distinguidas juntas directivas, que han puesto en desarrollo el Museo del Oro y a los directivos de éste, especialmente los doctores Luis Barriga del Diestro, Luis Duque Gómez y a su actual directora, Clemencia Plazas. Gracias a ellos el Museo se ha convertido en el más bello de orfebrería del mundo; su labor de investigación, conservación y difusión de nuestra riqueza precolombina a través, entre otros, del establecimiento de museos en diferentes ciudades del país, la presencia de sus exhibiciones en los más famosos museos del mundo constituyen pruebas fehacientes de la obra desarrollada por sus directivas.

Galería Cano, igualmente, ha contribuido, de una manera diferente y modesta, en este empeño de lograr hacer reconocer el carácter único e irreemplazable de nuestra riqueza precolombina, y es en esta calidad como se permite aportar algunos comentarios al constructivo debate en torno del Museo del Oro.

La orientación principal de los museos del mundo es la de enriquecer en forma ininterrumpida sus colecciones y dicha vocación esencial debe ser entendida por la sociedad y por el Estado que de ella emana.

Las inversiones en este campo hacen parte de las funciones esenciales que el Estado colombiano debe asumir en el mismo grado de prioridad que el de un sano entorno económico y el de la inversión social.

Las renovaciones y ampliaciones sucesivas del Metropolitan Museum de Nueva York y el del Louvre en París son ejemplos concretos de la prioridad que dichas instituciones ameritan en la historia de los pueblos y los distingue, los unos de los otros, a pesar de la unicidad de la raza humana. En esta coyuntura, tan especial de nuestra historia, vale la pena reflexionar sobre la urgencia de ampliar las instalaciones del actual Museo del Oro con el fin de responder a las necesidades del pueblo colombiano en materia de cultura, al flujo creciente de visitantes extranjeros, con los beneficios indiscutibles a nivel del turismo y al de una riqueza precolombina aún por descubrir. La realización de dicho objetivo convertiría al Museo del Oro en el más grande de las Américas, permitiendo, por ejemplo, exhibir la leyenda del Dorado en todo su esplendor.

En este sentido la creación de un comité ejecutivo de alto nivel con autonomía presupuestal y pleno respaldo de la junta del Banco de la República, encargado de la adquisición de nuevas colecciones y de la concepción de proyectos a largo y mediano plazo, podría constituir una de las medidas indispensables para apoyar decisivamente una de las entidades que mejor definen nuestra nacionalidad. Director

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