Medellín le rinde homenaje a la artista Ethel Gilmour

Medellín le rinde homenaje a la artista Ethel Gilmour

“2:00 de la tarde, siesta. Tiroteo en la calle, bala perdida. Quebró la ventana, no pasó nada. Oh Dios”, escribió la estadounidense Ethel Gilmour en una de sus obras, de las muchas que con dolor de patria (colombiana) creó por más de 35 años en Medellín.

23 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Mostrando su debilidad por las flores, la naturaleza y los animales, trastocada por la violencia del país que le dio el amor de su vida y sintiendo esa necesidad de contar episodios de guerra a través de su pintura, esta artista conformó uno de los grandes archivos documentales de Colombia, legado que, casi dos años después de su muerte, se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Medellín.

“Siempre sintió dolor por la ciudad, por la destrucción en la que se encuentra”, recuerda su esposo, Jorge Uribe.

Ese dolor la llevó a crear obras en pequeño y gran formato, en las que presenta, a su manera, temas como el Plan Colombia entre una flor roja rodeada de muertos; la masacre de Bojayá pidiéndole socorro a Nelson Mandela; los 10 años de la avalancha de Armero en un cuadro lleno de cruces y el dolor de los desplazados rodeados por armas, y otras que contrastan con los grandes guayacanes, los cuadros con ovejas, perros, gatos y loros, que se pueden ver en la misma sala, pues hacen parte de la muestra central.

“De estas obras –unas que se encontraban en la casa de Uribe y otras que hacen parte de colecciones particulares–, la que más me gusta es La muerte de Galán. Hace mucho tiempo no la veía, me gusta porque recuerdo muy bien el momento que ese cuadro, que era sobre la violencia, terminó siendo sobre la muerte de este personaje”, dice Uribe.

En una sala contigua, la parte más íntima de Ethel se revela. Los dibujos anatómicos con los que ilustraba su enfermedad; la trenza que colgó de su cabeza por años, ahora encerrada en un cuadro junto a la pintura de una rosa, agradeciéndole a Colombia y a su esposo, y la pintura que hizo luego de ver el mar por última vez.

Su última obra, que empezó a construirse dos años antes de su muerte, una serie de personas desnudas, secuestradas y rodeadas de alambres, a las que, con el tiempo, les cubrió los rostros de negro, y terminó bautizando ‘cáncer’.

“Ella tenía muy presente su destino, y eso a veces se le interponía en su trabajo como artista, por eso también se exponen aquí aquellos objetos que hicieron parte de sus últimos días, ente ellos, un libro que ella escribió sobre el cáncer”, dice Imelda Ramírez, curadora de la muestra.

Finalmente, aparece ella, en una serie de documentales y entrevistas realizados por un grupo de la Universidad Eafit, que trabajaron con Ethel desde el 2005, y hoy le rinden este homenaje.

“Así queremos recoger su experiencia y dejársela a las nuevas generaciones.

Fue una gran docente, dedicada a sus alumnos. Tuvo una visión importante de la sociedad colombiana, miraba el conflicto desde los vulnerables. Cuando entraba a su casa no se le olvidaba lo que pasaba afuera”, explica Ramírez

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