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EN VÍSPERAS DEL MANO A MANO

EN VÍSPERAS DEL MANO A MANO

Hay toros bravos de embestida suave que les falta un poquito de picante, de genio, para transmitir la emoción de peligro a los tendidos. Sucede lo mismo que en el comedor. Los platos sosos requieren un poquito de ají para hacerlos más agradables y apetitosos. Pero en ninguno de los dos casos ese condimento de genio o picante puede ser excesivo, sino cuidadosamente dosificado, sin pasarse del límite justo. Si hay exceso, los mejores manjares se tornan incomibles y los toros intoreables. Algunos toros embisten movidos por una bravura de noble entrega que los hace emplearse en el engaño, sea capa o muleta, sin tirar cornadas. Otros se arrancan impulsados por el genio o nervio que tengan, pelean a la defensiva y cabecean, derrotan. Esas condiciones extremas, con ciento por ciento de la una o de la otra, se encuentran en escasos cornúpetas. La gran mayoría tiene un comportamiento intermedio, con más o menos bravura y genio, unos con más dificultades y peligro que otros.

Los ejemplares de La Carolina corridos el domingo pasado tuvieron más genio que bravura. De ahí lo difíciles que fueron. Los de César Rincón especialmente, mucho peligro. El bogotano estuvo soberanamente bien, adecuando su quehacer a las condiciones de los toros, lidiándoles para someterlos con pases de castigo, ejecutados en los terrenos y a las distancias precisas. Empero, un pequeño grupo, sin percatarse de las dificultades que presentaban los carolinos, abucheó al torero. Y la gran masa de espectadores no aplaudió con el calor que merecía la actuación de César, ajenos al drama que se desarrollaba en el ruedo, cuando un artista se estaba jugando la vida.

Bella oportunidad tendrían los narradores de la radio si al mismo tiempo que hablan de los toreros, se ocuparan de analizar las condiciones de los toros, de explicar lo fáciles o difíciles que sean. Ejemplo de ello es la intervención del gran taurino ecuatoriano don Patricio Maldonado, a través de un círculo radial.

Mañana sábado estarán disputándose el triunfo en la Santamaría dos émulos: el gran César Rincón con toda su sapiencia, valor y poderío frente al fino artista Enrique Ponce, que tan bellamente torea. Sería aventurado hacer pronósticos sobre quién será el triunfador en ese duelo de arte y valor, pero puedo anticipar que si los astados del doctor González Caicedo salen difíciles y requieren un maestro para poder con ellos, el éxito será para el poderoso bogotano. Pero si los toros embisten con suavidad y clase, la ventaja quedará de parte del artista valenciano, cuyo toreo se inspira en los exquisitos aromas de los naranjales de su tierra.

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