Secciones
Síguenos en:
Obreros pasaron del palustre a las tablas de multiplicar

Obreros pasaron del palustre a las tablas de multiplicar

Oliverio, oriundo de Buenaventura, escribe pegado y sin las eses, porque así habla, pero hace un año no sabía ni siquiera leer y escribir. Su avance en materia de lectoescritura lo hizo desde que entró a trabajar en las obras del portal de TransMilenio en el barrio 20 de Julio, porque al gerente del proyecto, Manuel Reigoso, de la constructora San Diego Milenio, no le pesa sacar del presupuesto para ayudar a los hombres que se queman el ‘lomo’ para sacar adelante la obra.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Eso dice la gente que lo conoce, a pesar de que tiene fama de ser serio y exigente.

En esta obra se siente un ambiente cálido, sobre todo, procedente del grupo de seis profesionales de trabajo social que no hallan qué inventarse para mejorarles la vida a los obreros.

Lo primero, fue convocar a 1.000 trabajadores de la obra para que, los que quisieran, se le midieran a tomar clases para aprender a leer y a escribir.

“Fueron pocos los que superaron la pena de aceptar que son analfabetos”, dijo Amanda Mora, la profesora.

Sin embargo, hubo candidatos y gracias a eso obreros como Antony Mesa, de 29 años, ya puede llenar hasta encuestas. “Antes tenía que pedir ayuda a otras personas. Ahora entiendo las películas con subtítulos”, cuenta Antony, quien sueña con ser abogado.

Son felices en las clases, a pesar de que coger un frágil lápiz con sus callosas manos les cuesta trabajo por estar acostumbrados a maniobrar palas y palustres.

O sino que lo diga Ricardo Cardona, que llegó de Medellín con los brazos cruzados y sin un peso en el bolsillo. “No tenía trabajo, no sabía leer ni escribir, mejor dicho, ni pude firmar el contrato para entrar aquí”, contó.

Ahora, no sólo es feliz con un trabajo seguro, sino que se leyó un libro llamado Tesoros de la oscuridad y ahora lo utiliza para guiar a los jóvenes de un ministerio cristiano.

“Nunca pensé que podía aprender: mi sueño es ser arquitecto para sacar adelante a mis hijos”, dice Ricardo.

Pero el alumno más consentido, según los trabajadores del área social, es Oliverio, quien se describe como ‘un colombiano al que le gusta camina pa’ todos lados’”.

Llega a la clase de primero y con una sonrisa de oreja a oreja, aunque acepta que en las primeras lecciones los nervios lo invadieron. “Lo que digo es que uno siempre se tiene que rodear de gente más inteligente que uno”, explica Oliverio con aire de intelectual.

Ellos son sólo una muestra de un grupo de trece obreros a los que la administración de la obra les permite formarse una hora de su jornada para aprender algo más que remover tierra o mezclar cemento.

Pero además, el grupo de trabajo social se toma su tiempo para celebrarles el cumpleaños a los obreros, para trabajar con la comunidad afectada por la obra a través de rifas y juegos que incrementen sus ventas y les ha quedado tiempo para adoptar a siete perros de la zona que se han metido a la obra.

Les da tristeza abandonarlos y por eso los mandan a bañar para luego conseguirles un hogar. “Yo he trabajado en muchas obras en las que por ley se debe hacer trabajo social, pero aquí es diferente: piensan en la gente, en su felicidad, escuchan sus tristezas y los motivan para que les den ganas de venir a trabajar”, dice Luz Marina

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.