PERFIL DE UN ‘CACIQUE’ LIBERAL QUE, TRAS 4 DÉCADAS, AÚN LIDERA A ESE PARTIDO EN ANTIOQUIA Un ‘gallo’ que ya no pelea

PERFIL DE UN ‘CACIQUE’ LIBERAL QUE, TRAS 4 DÉCADAS, AÚN LIDERA A ESE PARTIDO EN ANTIOQUIA Un ‘gallo’ que ya no pelea

21 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

NÉSTOR ALONSO LÓPEZ L.

REDACTOR DE EL TIEMPO En la pared de entrada a la oficina principal del Directorio Liberal de Antioquia aparece escrito con pintura: “Bernardo Guerra Serna, jefe del partido”. Encima está el logosímbolo del movimiento, la bandera y una mano empuñando firme una flor roja.

El mural luce un poco percudido en señal de que tiene varios años allí, como el propio Guerra, que completa cuatro décadas en la cúpula.

Hoy es un hombre próximo a cumplir 80 años, en diciembre. Hace cinco meses se sometió a una cirugía para que le extirparan un tumor benigno. También, 10 años atrás, pasó por una operación de corazón.

Confiesa que le han practicado otras y que le faltan más. No obstante, el veterano político se ve sólido en su cuerpo y en sus convicciones liberales.

A pesar de que el 16 de julio pasado el entonces presidente Uribe le otorgó la Cruz de Boyacá por sus servicios como congresista y dirigente político, no oculta la poca simpatía que le despierta el ex mandatario que alguna vez fue su aprendiz en las lides de la vida pública y compañero de gestas.

Guerra divide el tiempo entre la atención de sus fincas, su esposa, seis hijos y siete nietos. Ah, y en el cuidado del Directorio Liberal, a donde no falta todos los días en las tardes.

A ese edificio, impetuoso en un sector deprimido del centro de Medellín, limita hoy su reino quien fuera el principal barón electoral del país, el que antaño se batía por cada papeleta en temporada de elecciones.

Él mismo se jacta de haber sido crucial para que Virgilio Barco llenara la Plaza de Cisneros de Medellín y llegara a la Presidencia en 1986, con los 450 mil votos que le puso.

“La fuerza de la unidad liberal es incontenible, lamentablemente las divisiones siempre han dado al traste con la victoria”, dice quejándose del declive rojo en Antioquia.

Hoy el liberalismo oficialista antioqueño solo mantiene un senador, tres escaños en el Concejo de la capital paisa –uno es de Bernardo Guerra, hijo—y cinco en la Asamblea Departamental.

Otro de los retoños de don Bernardo, Andrés, estuvo siete años en el gobierno de Uribe, como asesor del Ministerio de Transporte; y profanando la tradición bermeja de la familia, se presentó al Senado por el Partido de La U, pero se quemó aun con sus 36 mil votos.

“Es una decisión que no compartí, pero respetaba porque esa es una condición esencial de ser liberal”, expresa el patriarca refiriéndose al hijo descarriado.

Liberal de estirpe Guerra padre ya no luce tan combativo. Cosa de los años quizás y de que, efectivamente, no detenta el poder de otras épocas.

Camina sin afanes y habla con su vozarrón apaciguado. Pero es evidente que no se le ha apagado esa pasión roja que le viene de cuna.

“El Partido Liberal no puede ser de centro derecha, eso es incompatible con sus tesis”, dice.

Su padre, Francisco Antonio Guerra agitaba las banderas carmesí en Peque, un pueblo del occidente antioqueño encajonado entre montañas y donde la persecución contra el liberalismo fue constante.

A los 12 años comenzó a tener más conciencia y en 1945, con 18 años de edad, cuando llegó a hacer tercero de bachillerato (hoy, octavo grado) al liceo de la Universidad de Antioquia, fundó el primer comité del Partido.

Entre 1964 y 1974 representó a la colectividad en la Asamblea de Antioquia y en 1976 pasó al Congreso para quedarse por tres décadas, hasta que el periodo de los congresistas del momento fue revocado para dar paso a la Asamblea Nacional Constituyente.

Para el viejo Guerra, la década de 1990 es el principio de la decadencia de su partido. Otros opinan que también fue la de él.

La época coincide con la entrada en vigencia de la elección popular de alcaldes, las consultas internas de los partidos y el reemplazo de la papeleta por el tarjetón que les puso el ‘tatequieto’ a los caciques tradicionales porque ya no es posible llevar a los campesinos a la mesa de votación con el voto marcado.

Otros opinan que, en el caso específico de los liberales de Antioquia, el sectarismo y la acumulación de poder en cabeza de Guerra tuvieron su cuota de responsabilidad. Al preguntársele al respecto, él dice sin tapujos que puede ser.

Por discrepancias con la Dirección, en 1972 se fugó de las toldas oficialistas William Jaramillo; en el 74, Fabio Echeverri; en el 78, Federico estrada; en el 86, Álvaro Uribe, y en el 88, César Pérez García. En 1993 expulsaron a Armando Estrada y Darío Londoño (asesinados en 1990 y 1993).

Nunca más las cosas volvieron a ser iguales en el Directorio regional, que tiene personería independiente a la de la colectividad nacional.

En 1992 el conservador Juan Gómez disputó con Guerra la primera elección popular de Gobernación y lo apabulló por más de cien mil sufragios.

Luego, en el 98 volvió y se quemó cuando se presentó al Senado. Ahí salió prácticamente de la escena pública.

“A él ya solamente lo acata un estrecho círculo de amigos”, expresa una fuente cercana a los círculos políticos paisas.

No obstante, el octogenario sostiene que está trabajando para propiciar la reunificación de los siete sectores dispersos de su rojo del alma y que si para eso le toca dar un paso al costado, lo hará sin inconveniente.

Javier Agudelo/EL TIEMPO.

Javier Agudelo/EL TIEMPO

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