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Colombia-Brasil: más futuro que pasado

Colombia-Brasil: más futuro que pasado

Ya se han dado los primeros pasos hacia la reconstrucción de relaciones con Ecuador y con Venezuela. Ahora Brasil anuncia que recibirá a Juan Manuel Santos el próximo primero de septiembre. También allí hay que voltear al menos media página para buscar una mejor inserción de Colombia y una mayor comprensión y compromiso de los vecinos con las necesidades colombianas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Lula y Álvaro Uribe habían hablado de estar construyendo una “relación especial”. Entre el 2003 y el 2008 se reunieron 15 veces, pusieron en marcha la Comisión Bilateral entre cancilleres y la Comisión de Vecindad, y lograron una amplia coordinación judicial, aérea y militar. Además, Brasil se convirtió en el segundo país de origen de las importaciones colombianas al tiempo que se multiplicaron las inversiones brasileñas en Colombia –en los sectores aéreo, energético, minero, del acero, metalmecánico y de los astilleros– y las colombianas en Brasil –en la industria azucarera y en la interconexión e infraestructura eléctricas–.

Sin embargo, el acuerdo militar de Colombia con Estados Unidos, que acaba de ser declarado inexistente por la Corte, había llevado a un distanciamiento entre los dos gobiernos. Aunque no se había vuelto a las tensiones del 2002, cuando Itamaraty invitó a una reunión sobre la situación colombiana sin consultar a San Carlos y cuando desde Colombia primaban las denuncias sobre la presencia en Brasil de guerrilleros como el ‘cura Camilo’, entre junio del 2009 y julio del 2010 sí se produjeron mutuas manifestaciones de descontento.

En Colombia se decía que Brasil sólo estaba interesado en sustituir al país en el mercado venezolano evitando para ello conflictos con Chávez, y en Brasil se percibía a Colombia como un obstáculo a su papel regional y a Unasur. Tal vez por ese acumulado de molestias, Santos no visitó a Brasilia en su periplo como presidente electo. Ahora le dedicaría su primera visita como jefe de Estado, luego de la asistencia de Lula a su posesión.

Ya no hay cabida para lo que primó hasta fines del siglo XX, época en la cual las relaciones entre ambos países, fuera de los lazos fronterizos, eran las de dos vecinos desconocidos y distantes. Brasil y Colombia se necesitan y tienen que procesar sus prevenciones y divergencias. Al primero le interesa seguir aumentando sus ventas e inversiones en Colombia. Además, la plena incorporación colombiana en las dinámicas suramericanas le permite cumplir el papel de estabilizador regional y fortalece su liderazgo regional y global. A su vez, el entendimiento con su vecino le ayuda a Colombia a cerrar puertas de escape y reabastecimiento a los grupos irregulares y le puede facilitar una salida del conflicto.

Así mismo, su involucramiento en proyectos conjuntos de infraestructura le facilitaría comunicar zonas fronterizas que hoy poseen limitadas alternativas de desarrollo y débil presencia institucional. Finalmente, Colombia puede aprovechar los vínculos de Brasil como poder emergente global para mejorar su inserción internacional.

La actitud de cooperación les plantea exigencias a las dos partes. A Brasil le implica ayudar a que los nexos de grupos irregulares y el narcotráfico no alimenten el conflicto colombiano desde las fronteras, concertar con los vecinos con los que comparte la Amazonia, considerar el interés regional y no jugar como outsider. A Colombia le exige construir una presencia integral del Estado en las fronteras, entender las realidades y preocupaciones brasileñas y suramericanas, abandonar la actitud provinciana de mirar el mundo y la región sólo a partir de sus urgencias inmediatas, enterrar el acuerdo militar con Estados Unidos que tumbó la Corte y cambiar la percepción de ser una amenaza regional.

Bien harían Brasilia y Bogotá en asumir que las relaciones no se reducen a los nexos diplomáticos. Los 1.645 kilómetros de línea limítrofe generan ámbitos fronterizos con poblaciones compartidas que, con otros sectores de ambos países, pueden ayudar a consolidar la vecindad.

LOPJUA

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