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Una novela histórica

Una novela histórica

Matilde Asensi fue periodista radial y corresponsal de Efe antes de convertirse en una de las autoras más exitosas y reconocidas de la literatura contemporánea en español. Su primera novela, El salón de ámbar, publicada en 1999, fue la primera de una serie de éxitos que la han consagrado a nivel internacional, como El misterio del templario Iacopus y El último catón, una apasionante intriga sobre el robo de los fragmentos de la cruz de Jesús. Sus obras han sido traducidas a diecisiete idiomas y cuentan con miles de lectores desde Estados Unidos hasta el Japón.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

En la actualidad, trabaja en el tercer volumen de su trilogía sobre el pirata Martín Ojo de Plata, que tiene lugar en parte en el Caribe colombiano y es fruto de una minuciosa investigación sobre los primeros cien años del Nuevo Mundo. Se confiesa fumadora y compradora compulsiva de libros y, si le ofrecen un café prefiere Coca-Cola Light.

Sus novelas históricas han tenido un éxito enorme. Y también las aventuras de ‘Martín Ojo de Plata’, que han vendido más de trescientos mil ejemplares en España. ¿Qué opina del fenómeno de los ‘bestsellers’ y el auge del género de aventuras? No hay ningún auge. Viene de siempre. El Quijote mismo puede definirse como un éxito del género de aventuras. Cuando salió, en 1605, se imprimieron quinientos ejemplares. Y eso ya era un bestseller para la época. Tuvo un éxito tan rotundo que, en su primer año de vida, se tradujo a todas las lenguas europeas: otra característica del bestseller. Si uno además se lee el Quijote, pero leyéndoselo, con ojos limpios, y no con ojos académicos, es un libro de aventuras, en el que además uno se parte de risa. Algunos académicos lo han convertido en una gran obra aburridora, pero es un libro genial, lleno de matices y golpes de humor increíbles, y es un bestseller y un libro de aventuras.

¿De dónde surgen sus libros? ¿cómo se le ocurren? Yo siempre digo que mi trabajo es como el de los niños pequeños: leer y escribir. La parte que me gusta es la de leer. Nunca me canso. A medida que voy leyendo, los libros se van formando en mi cabeza. El cerebro se alimenta de las lecturas, va montando sólo las piezas. Conforme voy centrando el tema, voy comprando más libros. Luego, están los amigos que saben en qué estoy trabajando y me llaman cuando leen algo que creen que me puede servir.

Y así voy acumulando. Soy una compradora de libros compulsiva.

¿Y la historia de la trilogía de ‘Martín Ojo de Plata’? ¿cómo surgió? Yo tengo muchos temas que flotan siempre en la cabeza. Y cuando alguno cobra interés por algo en concreto me pongo a investigar. Este tema en particular surgió con las películas de Piratas del Caribe, que se veían mucho en mi casa. En un momento dado caí en la cuenta de que los buenos de la película eran los piratas ingleses. Y siempre que aparecían los españoles eran los malos. Vamos a ver, me dije: que yo sepa, los piratas ingleses eran ladrones, pero a lo mejor estoy mal informada. Ya había pensado muchas veces en lo mal que nos enseñan a los españoles el descubrimiento de América. Y, cuando se me juntaron las dos ideas, me puse a comprar libros y a leer.

¿Qué descubrió? Por ejemplo, que en España en la época del descubrimiento estabámos muriéndonos de hambre. A mí me habían enseñado que era la época de la picaresca, la época del Guzmán de Alfarache, del Quijote y el teatro de Lope de Vega. Eso me lo habían enseñado en literatura. Y en historia me enseñaron las guerras de Flandes y el descubrimiento de América. Nadie me había hecho caer en la cuenta de que el descubrimiento, las guerras y la picaresca fueron simultáneos. Todo lo que sabía me lo habían dado muy troceado, como para que no lo digiriera bien. No sabía casi nada sobre los primeros cien años del Nuevo Mundo.

¿A qué fuentes recurrió para documentarse? A todo lo que cayó en mis manos. A los cronistas reales de la Corona, y a los cronistas de Cartagena de Indias, que es de lo que más me ha gustado leer. El puesto oficial de cronista existía y su trabajo era contar todo lo que pasaba, así que son una fuente de información inagotable. En Sevilla, además, hay muchos especialistas en el tema de América porque los toca muy de cerca. Yo me puse en contacto con una de las estudiosas más preparadas en estos temas, que es Enriqueta Vila Vilar.

Tierra Firme, la primera novela de la trilogía, retrata la vida que llevaban los primeros colonizadores. Llama la atención que, a pesar de que los representantes del Rey eran pequeños tiranos, también se vivía con enorme libertad.

Ese era el gran atractivo que tenía el Nuevo Mundo. Cuando se descubrió a América, en España había hambre, miseria, enfermedades y poco más. Era, efectivamente, la época de la picaresca: un país de hambre, mendrugos y ladronzuelos. La gente se iba al Nuevo Mundo en busca de una nueva oportunidad. Hasta tal punto, que los reyes, por miedo a que se vaciara España, pusieron limitaciones a la emigración. No todo el que quería podía pasar al Nuevo Mundo. Había que pedir permisos y había un cupo fijo. ¿Qué hacía la gente? Se enrolaba en las tripulaciones de las flotas y ya no volvían, para buscar una vida mejor.

Además de la promesa de esa vida mejor estaba esa libertad de la que hablamos. Por ejemplo, en Cartagena de Indias y en Santa Marta se leían y llegaban muchos libros prohibidos por la Inquisición. ¿Podría hablarnos de este tema? En el Nuevo Mundo, durante los primeros cien años, no funcionó la Inquisición. Y eso supuso una diferencia inmensa. Además de ser un país pobre, sucio y en bancarrota, España estaba sometida a un yugo religioso brutal, de una crueldad y represión que todavía resuenan en el mundo entero.

En cambio, en América la Inquisición no llegó a instalarse hasta un siglo y medio después. Durante este período, en los Países Bajos surgió la ‘herejía’ del luteranismo y los libros herejes se imprimieron en Flandes en castellano y llegaron al Nuevo Mundo a través de los piratas. En España estaban absolutamente prohibidos. Pero en América, durante ese siglo y medio, circularon libremente las nuevas filosofías y las nuevas doctrinas religiosas.

¿Fue una oportunidad histórica a nivel del pensamiento? Una oportunidad de oro. Pero lo curioso es que, después de esos ciento cincuenta años, ese espacio de libertad a nivel de pensamiento y de religión fue desapareciendo, y lo que quedó en Latinoamérica fue un catolicismo tan fuerte como el de España. En materia de religión, América se convirtió en otra España. ¿Qué pasó? No lo sé. Hasta ahí no he llegado. De eso no sé qué quedó.

Además de libros religiosos, circularon muchas obras literarias que estaba prohibido llevar a la propia América… Efectivamente. Muchísimas.

La primera edición del Quijote, para no ir más lejos, llegó a Tierra Firme de contrabando. Y se leía también de contrabando. ¿Había ya una pasión por la literatura en el Nuevo Mundo? Desde luego. Y sigue habiéndola. Latinoamérica es un hervidero de escritores. Yo siempre que he ido ha sido para presentar mis libros y a participar en ferias del libro, pero está claro que en Latinoamérica la literatura es una de las joyas de la corona.

La miseria de España en esa época está muy presente en Venganza en Sevilla.

Y la gran oportunidad que fue el Nuevo Mundo muy presente en Tierra Firme.

Las aventuras de la trilogía transcurren entre las dos. ¿Por qué eligió este lugar en el medio, entre aquí y allá? Precisamente porque era un lugar en el medio. En esos viajes a Latinoamérica me di cuenta de que, a pesar de ser hermanos, mellizos y gemelos, los españoles y los latinoamericanos nos tenemos resquemores. Y, como ya dije, cobré conciencia de lo poco que sabía sobre esa época.

¿Quiénes fueron los primeros americanos: descendientes de españoles, descendientes de indígenas? Creo que todos, a ambos lados del Atlántico, tenemos una ignorancia enorme, no sobre el descubrimiento, sino sobre los cien años posteriores y sobre la colonización. ¿Qué pasó en esos años? Que los españoles emigraron al Nuevo Mundo, se mezclaron con la población autóctona y así nació la primera generación de criollos. Y a partir de ahí se generó Latinoamérica.

"El Quijote puede definirse como un ‘bestseller’. Cuando salió, en 1605, se imprimieron quinientos ejemplares.

Matilde Asensi.

"Cuando se descubrió a América, en España había hambre, enfermedades. Era un país de mendrugos.

Matilde Asensi

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