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Esas palabras que le ponen toda la sal al aquello

Esas palabras que le ponen toda la sal al aquello

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

“Sí, sí, s텔 son simples monosílabos, pero cuando salen durante un polvo pueden significar un bulto de sensaciones, que no encuentran, en medio del agite, otra forma de verbalizarse.

Todos sabemos (sí, todos), que durante el aquello no sólo hay que liberar el cuerpo para que se deje llevar por el placer y el asunto resulte gratificante, sino que también es necesario dejar rodar las palabras que, cuando son genuinas, son una delicia que le muestra al otro que estamos a tono.

Si la gente supiera que en la cama hay licencias que permiten decir sin temor lo que queremos que nos hagan, y que entre jadeos estas solicitudes no suenan tan sucias como parecerían si se hicieran haciendo fila en un banco, estoy segura de que los malos polvos sería una rareza.

“Dame más, daaaame mááásss…” con todas sus variaciones y adornos pueden ser las sorprendentes palabras de un subconsciente liberado. Llegan a ser tremendamente excitantes cuando, quien las deja escapar, fuera del catre parece un monje cartujo, o cuando el otro en realidad está en condiciones de dar más… “Qué rico lo haces… Qué buena estás…”. Dichos con ganas se convierten en estimulantes de verdad, que le levantan el ego a la pareja. Si las palabras salen, y lo que se busca es gozar al máximo, cualquier variación de ellas equivale a una verdadera porra, capaz de animar todo lo que tenemos de la cintura para abajo.

Hay cosas clásicas que excitan si se dicen en la oreja, con el tono y el timbre que toca. Pronunciar el nombre del otro, con sensualidad o con fuerza, según manden las circunstancias, hace que el otro entienda que quien lo pronuncia tiene claro con quién está. ¡Prueben! Ah, eso sí: cuidado con el subconsciente. Si es Carmen es Carmen, no es Rocío… Eso sí le pone la barra al piso, a cualquiera. Sin contar con la ropa en el andén.

Bueno, hay que reconocer que a algunos les gustan las palabras sucias (decirlas y oírlas)... Pero ojo: por muy entretenido y sensual que sea, puede llegar a molestar. Así que, antes de pronunciar un ajo, mejor explore.

“Te amo, me estoy muriendo por ti, sin ti no puedo vivir...”. Estas se ponen en la punta de la lengua con la primera erección. Tengan cuidado: son expresiones de doble filo, porque si no se sienten, ilusionan al otro o pueden asustarlo. Y eso arruina hasta la más simple posición del Kamasutra.

También puede sonar artificial y quien las pronuncia corre el riesgo de lucir como un bobazo. Resérvelas. El jadeo las sacará solas. No se calle.

Hasta luego

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