Preparación en la logística de atención de desastres

Preparación en la logística de atención de desastres

Piense en la logística necesaria para planear la Copa Mundial de Fútbol. Ahora imagine hacerlo sin saber dónde o cuándo ocurrirá, cuánto público asistirá o cuántos equipos competirán.

12 de agosto 2010 , 12:00 a. m.

Esto le puede dar una idea de lo compleja que es la logística de atención a desastres. Con una analogía como esta, comienza el libro Humanitarian Logistics de R. Tomasini y L. Van Wassenhove, publicado por Insead en Francia en 2009.

El ciclo de atención a desastres tiene cuatro etapas (ver diagrama), de las cuales a continuación se explicarán la de preparación y respuesta.

La preparación es coordinada por sistemas locales, nacionales e internacionales de atención a desastres.

Acciones logísticas como la planeación de contingencias, vía preposicionamiento de bodegas, y ayudas humanitarias con base en escenarios probables de impacto pertenecen a esta etapa, así como las acciones para incrementar el conocimiento que la población tenga sobre los planes y procedimientos de reacción en caso de eventos potencialmente desastrosos.

Todas estas acciones pueden hacer la diferencia al momento de un desastre, pues a mayor preparación, menor impacto.

Infortunadamente, los eventos desastrosos, bien sea causados por la naturaleza o por obra de los seres humanos, son difíciles de pronosticar con exactitud. Inmediatamente después de la ocurrencia de un evento, los gobiernos activan los planes de respuesta a desastres.

Los gobiernos locales son los encargados de la respuesta inicial. Si el sistema local es inhabilitado o desbordado por la magnitud del desastre, el sistema nacional de atención es activado. Si este último no tiene la capacidad para responder efectivamente, y si el gobierno del país afectado así lo solicita, se activan los sistemas internacionales de respuesta a desastres.

Los sistemas internacionales más grandes son el de las Naciones Unidas y el Movimiento Internacional de la Cruz Roja, integrado por el Comité Internacional, la Federación Internacional y más de 180 Sociedades Nacionales, incluida la Cruz Roja Colombiana.

Otras organizaciones que participan activamente en respuesta a desastres son Médicos Sin Fronteras, Oxfam y muchas más. También es vital la participación de las fuerzas militares, para brindar seguridad y apoyar la labor humanitaria con su capacidad operativa.

En Colombia existe el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres. La idea surgió tras la tragedia de Armero, el 13 de noviembre de 1985 y el sistema fue estructurado mediante Decreto 919 de 1989.

Diez años después de su creación, este sistema enfrentó el gran reto de responder al terremoto del eje cafetero, un sismo de intensidad relativamente baja en comparación con los de Haití y Chile.

La respuesta al desastre del eje cafetero dejó claro el alto grado de entrenamiento y motivación de organismos como la Cruz Roja Colombiana, la Defensa Civil y las fuerzas militares. La respuesta también dejó ver la falta de presupuesto del Sistema y la falta de coordinación de entidades gubernamentales locales y nacionales, especialmente durante las primeras semanas de operaciones.

Entre la reacción en Armero y la del eje cafetero hubo un gran avance, pero el Sistema debe seguir mejorando. Investigaciones recientes sugieren que los pronósticos rigurosos de demanda por escenarios, los sistemas de información integrados, el preposicionamiento de bodegas y ayudas (medicinas, agua, comida, etc.), y las alianzas con el sector privado, pueden ser de gran utilidad en la logística de preparación y respuesta.

Incrementar la preparación es vital para responder efectivamente ante los riesgos de desastre que enfrenta Colombia.

El país requiere hoy otro tipo de profe HENRY GÓMEZ SAMPER Profesor facultad de Administración Universidad de los Andes El Gobierno del presidente Juan Manuel Santos enfrenta inmensos desafíos en materia de gestión del desarrollo: combatir la altísima tasa de desempleo y de informalidad, mejorar la cobertura y calidad de la educación, resolver el dilema de la salud, ampliar la red vial, repartir tierras y darles uso apropiado, y proteger el ambiente frente a la espiral de inversión minero-energética, entre muchos otros.

¿Acaso cuenta el país con profesionales preparados para manejar tantos frentes? Es cada vez más evidente que, para conducir a cabalidad un proceso de desarrollo económico y social, no basta con ser un buen economista o administrador.

Impulsar el complejo proceso de desarrollo requiere de un nuevo profesional que aún no ha sido formado: además de conocimientos de economía y administración, debe saber sobre asuntos de salud pública, agronomía, ciencia ambiental, ingeniería, antropología y ciencias políticas.

Tal combinación de disciplinas es necesaria porque las raíces de la pobreza y el subdesarrollo se entrelazan: provienen de las más variadas causas, como la deficiente productividad agrícola, las consecuencias del cambio climático, la carga de enfermedades tropicales y la falta de carreteras y telecomunicaciones, por no mencionar la deficiente educación básica y el atraso que a veces acarrean factores culturales.

El elenco de talentos que reúne el gabinete del presidente Santos -todos reconocidos por su comprobada experiencia- requiere el apoyo, a la hora de tomar decisiones sobre una u otra medida, de profesionales debidamente capacitados para sopesar las consecuencias de cada opción. En algunas carteras, sin duda los hay. Sin embargo, tal no es el caso en materia de gestión del desarrollo.

El economista, administrador o ingeniero podrá evaluar la inversión en una obra pública, pero difícilmente contará con destrezas para anticipar el conflicto social que la misma pueda desatar, ni la capacidad para detectar posibles daños al ecosistema, y menos aún saber cómo manejarlos.

Colombia presenta una enorme brecha entre quienes disfrutan de condiciones de vida dignas, con educación, salud y empleo, y quienes tienen poco o casi nada. Un país donde abundan los desplazados, los seres desechados por la sociedad, los que eligen medios ilícitos para ganarse la vida porque carecen de alternativa y los perennes desempleados.

Para enfrentar los desafíos del desarrollo sostenible es necesario contar con profesionales expertos en la reducción de la pobreza y desigualdad social, la conservación y aprovechamiento de la biodiversidad, el control de enfermedades, la mitigación del cambio climático, el fomento de la producción de alimentos, y la adaptación y creación de ciudades más amenas.

Expertos que propongan e impulsen medidas de amplio alcance para atraer inversión minera al país sin detrimento de los páramos y los bosques, que garanticen proveer agua a futuras generaciones, convertir la despoblada altillanura en granero del continente y entregar tierras en forma eficaz a los campesinos.

Hoy más que nunca el país requiere de profesionales capacitados para enfrentar apremiantes necesidades de desarrollo económico y social, y hacer realidad las loables intenciones del presidente Santos y sus calificados ministros.

¿Cómo hacer para formarlos? Para enfrentar los desafíos del desarrollo sostenible es necesario contar con profesionales expertos en la reducción de la pobreza y desi- gualdad social, el control de enfermedades, y la mitigación del cambio climático, entre otros”

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