Alameda El Porvenir se muere

Alameda El Porvenir se muere

La vía peatonal urbana más extensa de Latinoamérica, de 19 kilómetros de longitud, y orgullo de los bogotanos por obtener el premio Bienal de Quito en la categoría mejor diseño urbano 2002, se sumerge en el olvido y está a punto de desaparecer.

25 de julio 2010 , 12:00 a.m.

Se trata de la alameda El Porvenir, cuya construcción comenzó en el gobierno de Enrique Peñalosa y quedó a medio terminar en el de Antanas Mockus. “Nunca han podido darle continuidad”, dice Juan Gómez, habitante de Bosa, refiriéndose a los tramos de la ruta que aún están inconclusos y cuya inversión fue de 21.658 millones de pesos.

Atrás quedaron los tiempos en que era un orgullo decir que la alameda atravesaba tres localidades –Fontibón, Kennedy y Bosa– para llegar al municipio de Soacha, en el occidente. Hoy es una verdadera travesía y un peligro recorrerla desde su inicio, en la ‘variante’.

El Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), en un comunicado, explicó que “la alameda presenta algunos problemas de conexión en el sector de Bosa. La dificultad consiste en la adquisición predial correspondiente para construir los tramos faltantes”.

Por eso, quienes la transitan en dicho sector se ven obligados a embarrarse cada vez que desaparece un tramo entre lotes de invasión y fango, en barrios como Potrerito, San Bernardino, Los Olivos y La María. Este último conocido como la ‘olla’ de Bosa, pues allí habita, como lo dijo María Galindo, residente, “mucho ñero” que dice ser reciclador.

Algo similar ocurre al otro extremo, un kilómetro después de comenzar la alameda, que también tiene ciclorruta. Allí, en Fontibón, muy cerca de un relleno de escombros de propiedad de la Empresa de Acueducto de Bogotá, el sendero peatonal atraviesa un puente de madera a punto de caer sobre el río Bogotá.

“A la gente le da miedo cruzar”, dice Carlos Rey, un bicitaxista que recorre a diario la ruta hasta el sector de El Tintal. Según él, son frecuentes los atracos. También lo confirmó Leonel Gómez, quien vende empanadas a los conductores de la Empresa de Acueducto. “Los ladrones esconden las bicicletas por aquí y luego las recogen”, dijo el viejo, también víctima de atraco.

Además de los problemas de inseguridad, la alameda padece de un abandono notorio. Los árboles y los pastales dejan ver la desidia de los funcionarios de arborización del Jardín Botánico. “Hay zonas en las cuales el pasto es muy alto y las ramas de algunos árboles obstaculizan el paso”, aseguró Carlos Reyes, residente de Torres de Tintalá.

Otros problemas son el deterioro de algunos de sus adoquines, la falta de señalización, la permanente presencia de motociclistas en la ciclorruta sin que la Policía ejerza control, el robo del mobiliario urbano y el vandalismo. La mayoría de las luminarias y los postes en la zona del canal Tintal han sido hurtados. Codensa aún no las reemplaza y tampoco ha solucionado el peligro que causan los tornillos en el suelo. “La empresa trabaja permanentemente con las autoridades en labores de investigación, judicialización y desarrollo del uso de nuevas tecnologías antivandálicas”, dijo la entidad. Además, invitó a la comunidad a que denuncie estos hechos.

El IDU aseguró que tiene priorizado el mantenimiento de la alameda y que programará su ejecución antes de finalizar el año.

Una historia que no se repetirá La Alameda de 19 kilómetros de longitud surge de las políticas del Plan de Desarrollo ‘Formar Ciudad’, que nacieron durante 1995 y 1997. La construcción de la alameda El Porvenir comenzó a realizarse en la administración de Enrique Peñalosa (1998-2000) y terminó en la era del profesor Antanas Mockus (2001-2003). Además de ser el proyecto más ambicioso de desarrollo urbano de la época, logró ganar, en el 2002, el premio Bienal de Quito en la categoría mejor diseño urbano. En el 2003, el proyecto fue incluido en la exhibición del Instituto Van Alen de Nueva York, titulado “Infraestructura para vivir” como muestra de un concepto novedoso para organizar la vida urbana alrededor de grandes vías peatonales y para bicicleta. El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) la definió como alameda, por contar con franjas de circulación peatonal arborizadas y dotadas del respectivo mobiliario urbano y por los tramos de ciclorrutas, que beneficiaban a tres millones de habitantes de la ciudad

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