'Escuché un tiroteo que no paraba y me tiré al suelo'

'Escuché un tiroteo que no paraba y me tiré al suelo'

Eran cerca de las 2:00 a.m. del jueves, cuando Jonathan Alexánder Gómez, el administrador del bar Gurú, abierto hace tres años, se disponía a bajar la cortina metálica. A partir de ese momento vivió, según él, el minuto y medio más angustioso de su vida. “Estábamos apagando cuando escuché un tiroteo que no paraba, corrí al segundo piso y me tiré al suelo. La balacera se me hizo eterna”, dijo.

03 de julio 2010 , 12:00 a.m.

Jonathan se sorprendió porque no hubo gritos en el momento en que entraron los atacantes. “Seguro la gente estaba ya muy tragueada”, agregó. Luego, en medio de quejidos y llantos, Jonathan y el dueño del negocio comenzaron a sacar a los 23 clientes heridos, entre ellos dos policías de civil, por dos tipos que huyeron en dos motos y en un carro que los acompañaba.

“Fue horrible, la gente estaba recostada sobre mesas, extendidos en el suelo o tirados en la acera”, dice Jonathan. Él alcanzó a ver a cuatro personas que no resistieron las múltiples heridas producidas por las ráfagas de pistolas semiautomáticas conocidas como ‘Five Seven’ y en Medellín, como ‘mata policías’.

¿Armas de ‘Valenciano ’? .

Este tipo de armamento ha sido incautado en varias ocasiones a bandas al servicio de Érick Vargas, alias ‘Sebastián’ y Maximiliano Bonilla, ‘Valenciano’, quienes según el general Óscar Naranjo, director de la Policía Nacional, están enfrentados y son los responsables de la masacre de ocho personas en ese bar.

Naranjo, quien ayer se trasladó a Medellín, ofreció 200 millones de pesos de recompensa por información sobre los responsables de la matanza y recordó que EE. UU. ofrece 5 millones de dólares por ‘Valenciano’ y el Gobierno colombiano 2.000 millones de pesos por ‘Sebastián’.

Los ocho muertos no registran antecedentes judiciales y entre ellos se encontraba Jackson Gil, estadounidense de padres colombianos, quien vivía en la ciudad desde hace dos meses y fue uno de los primeros acribillados.

Mientras llegaban las ambulancias, en patrullas y carros particulares se trasladaba a los heridos más graves hasta el Hospital Manuel Uribe Ángel, a cinco minutos del lugar, y a Envisalud. Otros sobrevivientes desesperados se les atravesaban a los taxis para llevar a los abaleados.

En el hospital de Envigado fallecieron cuatro personas, tres al poco tiempo de llegar y una más en la madrugada. “Fueron dados de alta dos pacientes más y otros cinco fueron llevados a cirugía. Dos permanecen con pronóstico reservado”, agregó el médico Juan Guillermo Mejía, quien atendió la urgencia.

Los familiares de los heridos coincidieron en que todos sus seres queridos eran personas de bien. “No entendemos por qué tiene que caer gente inocente en esta guerra”, era el lamento de uno de ellos a la salida del hospital.

UN PERIODISTA EN MANRIQUE.

“Llegamos con mi esposa a Medellín el jueves de la semana pasada, en una noche iluminada, a Manrique Central, invitados por un amigo. Cenamos en su casa y, a eso de las 10, el amigo me convidó: ‘Vamos para que guarde el carro: el parqueadero está a cuadra y media’. De regreso, oí una seguidilla de explosiones. Mi amigo me tiró del brazo. “¡Agáchese, que están dando bala!”, ordenó.

Un par de minutos después, todo se calmó y reemprendimos la subida por la calle hacia la casa. Casi llegamos a la siguiente esquina cuando una moto bajó la pendiente y se detuvo; el parrillero se apeó, le entregó al conductor una bolsa y aquel partió presuroso. El otro se quedó sobre la carrera hasta que un taxi lo recogió. En la esquina, una docena de personas miraban hacia la calle que bajaba. “Allá tiene que estar el muerto. Y esos que bajaron en la moto fueron los que lo mataron”.

Las motos de dos tiempos son ágiles y ruidosas. A lo largo de las horas seguí oyendo sus motores hasta casi la media noche y, cada tanto, tiros. El padre de mis amigos me explicó que no sucedía algo parecido desde hacía días, pero que el barrio estaba ‘caliente’.

A la mañana siguiente el barrio amaneció ‘normal’. Ese día, hacia las 10 de la noche, de nuevo fuimos al parqueadero. De vuelta, un muchacho sin camisa apareció por la esquina, una cuadra y media más arriba, e hizo dos disparos.

Al oír el sonido de las balas corrimos hacia una casa y nos resguardamos.

Antes de emprender carrera, sentí como que una piedra me había golpeado muy fuerte la primera falange del meñique y luego saltó a mi abdomen. No le di importancia hasta cuando estuvimos en aquel pórtico, a oscuras, agitados, asustados.

Al día siguiente le pedí a nuestro anfitrión que nos permitiera irnos a un hotel. “La tercera es la vencida”, le dije­.

Conjugación de violencias.

La violencia deja por lo menos 1.366 muertos en lo que va corrido del año en Medellín y los otros nueve municipios de su área metropolitana. Esta es una conjugación de varios factores: por un lado están las luchas territoriales entre por lo menos 140 bandas pequeñas que quieren expandir su control territorial y de paso hacerse a una mayor tajada de las ‘vacunas’ y el microtráfico.

Por otra parte, muchas de ellas realizan actos criminales por encargo de las facciones de la ‘oficina de Envigado’, ‘los Rastrojos’, ‘los Urabeños’ y la banda de ‘don Mario’ (‘los Paisas’), que se disputan un botín más grande representado en el narcotráfico y los juegos de azar ilegales.

Otras muertes las aportan los delincuentes que actúan de manera individual y en pequeños grupos dedicados al fleteo y atraco, y una porción menos representativa está dada por conflictos originados en la intolerancia cotidiana, atizada por el licor y los celos.

La respuesta oficial a este complejo fenómeno no ha variado en los últimos tres años, con medidas reactivas como el aumento del pie de fuerza pública y la aplicación de restricciones a la locomoción, al uso de armas y hasta ‘toques de queda’.

Frente al nuevo hecho de sangre, el director de la Policía, general Óscar Naranjo, informó que en Itagüí ya operan 120 uniformados más de la Fuerza de Control Urbano (Fucur) y anunció 400 agentes más para el área metropolitana de Medellín y 80 investigadores judiciales. Con esos suman más de 8.000 uniformados patrullando las calles.

El dilema es que esta fórmula no ha mostrado los mejores resultados y la prueba es que las muertes siguen en aumento.

Estudian relación de ‘Valenciano’ y ‘el Gordo’ con masacre .

Tras un consejo de seguridad con el presidente Álvaro Uribe, realizado ayer en Medellín, las autoridades atribuyeron la masacre en el bar Gurú a una banda al servicio de alias ‘Valenciano’.

Las primeras hipótesis, dijo Uribe, indican que los sicarios tenían como objetivo atacar a hombres de alias ‘Sebastián’, y Félix Alberto Isaza, ‘Beto’.

También la Policía investigará por qué entre los 23 heridos que dejó el tiroteo había dos policías de la estación Envigado vestidos de civil. “¿Qué estaban haciendo allí en horas de descanso? (…) si son policías de Envigado tienen que saber que ese lugar estaba siendo frecuentado por personas vinculadas a la delincuencia”, subrayó Uribe.

Sin embargo, el alcalde de Envigado, José Diego Gallo, informó que, aparentemente, un grupo de delincuentes encabezado por Gustavo Álvarez Téllez, ‘el Gordo’ decidió irse a festejar a Envigado, al parecer, porque en Itagüí los establecimientos cierran a medianoche y desde hace dos semanas aumentó la vigilancia policial. Uno de los elementos que investiga la Policía es si este presunto narco fue el hombre que logró huir en el momento del tiroteo. EL TIEMPO reveló la semana pasada que ‘el Gordo’ sería el reemplazo de ‘Valenciano’, en una de las alas criminales de la ‘oficina de Envigado’, y quien estaría negociando desde Costa Rica su entrega a la DEA.

OTRAS MASACRES HISTÓRICAS EN EL VALLE DE ABURRÁ.

23 de junio de 1990. 27 jóvenes fueron asesinados y otros cuatro, heridos en el bar Oporto, en límites entre Medellín y Envigado. El hecho se atribuyó a la guerra entre los carteles de Cali y Medellín.

6 de abril del 2009. Conflicto entre las bandas ‘la Galera’ y ‘la 39’ dejó ocho personas muertas y cuatro heridas en la comuna nororiental de Medellín.

7 de agosto del 2009. Seis hombres vestidos de policías asesinaron a Jorge Iván Ossa, ‘Yayo’ y al ‘Soldado’ junto a dos acompañantes en un apartamento en Envigado. El hecho se atribuyó a la vendetta entre ‘Valenciano’ y ‘Sebastián’.

8 de agosto del 2009. Cerca de la plaza de mercado de Envigado fueron asesinados cinco hombres que provenían del Valle. Se atribuyó a ajuste de cuentas entre bandas de la ‘oficina de Envigado’.

17 de enero del 2010. Explosión de granada en una tienda en el barrio Belén de Medellín dejó dos personas muertas y tres heridas. El hecho se atribuyó a bandas .

26 de junio del 2010. El presidente del Concejo de Medellín, John Jairo Moncada, fue abaleado por sicarios cuando se movilizaba en su vehículo oficial. Ayer, el corporado respiró por sus propios medios. No se descarta que el ataque fuera por atracarlo.

30 de junio del 2010. Desconocidos asesinaron en la puerta de su casa al director del parque biblioteca de Belén, William Álvarez. No había registro de amenazas contra su vida

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