Alicia Guazorna, la modista y diseñadora de las indígenas

Alicia Guazorna, la modista y diseñadora de las indígenas

Los diseños de Alicia Guazorna Arce tienen su pasarela en las calles de Pereira. Las modelos que los lucen no son expertas en caminar en tacones, sino que son indígenas que andan descalzas. Algunas son desplazadas por la violencia y otras han dejado sus resguardos, más por capricho que por necesidad, y se postran en los andenes para pedir ayuda a los transeúntes.

27 de junio 2010 , 12:00 a.m.

Alicia es una modista que hace vestidos para indígenas. Ella aprendió a coser en el resguardo donde nació, en Pueblo Rico (Risaralda), y su maestra fue su madre, una indígena de la etnia embera chamí, que parió 11 hijos.

“Todos viven aún en el resguardo. Me tuve que venir con mi esposo, desplazada por la violencia, desde hace 9 años”, cuenta la mujer, de 33 años, madre de tres hijas y abuela de un bebé de 6 meses, llamado Maicol Jordán Nacavera.

Cuando Alicia llegó a Pereira con su esposo, Lisandro Nacavera, se instaló en el municipio de Dosquebradas. “Me sentaba a coserles la ropa a mis hijas y algunas batas para mí, hasta que un día una vecina me dijo que por qué no entraba a estudiar al Sena”, dice Alicia. Por eso ella fue a la Unidad de Atención al Desplazado (UAO) y preguntó si allí le podían ayudar. “Me dijeron que sí y no tuve que pagar por el estudio”, cuenta. Eso fue hace cuatro años. El curso duró un año y medio, tiempo en el que Alicia aprendió a coser con máquina, a leer un metro, a tomar medidas y a cortar moldes.

Simbología para vestir Alicia casi siempre les cose a las mujeres de su comunidad. “Ellas vienen a mandar a hacer sus batas, tipo ‘enagua’. Como sé que la situation económica no es fácil, les cobro barato. Las batas salen a 6.000 pesos, si ellas traen la tela; si la pongo yo, la bata vale 10.000 pesos”, relata la mujer, que está validando su bachillerato en la institución Manos Unidas; allí cursa grado octavo.

A veces, los colores de las telas que utiliza le hacen pensar que su cultura es “payasuda”. “Después caigo en la cuenta de que esa es mi cultura y estoy convencida de que son nuestros colores y que una indígena no se ve bien vestida de negro o café”, señala Alicia. “El color rojo representa la sangre: eso no se puede perder; es como una conexión con la vida. El verde está relacionado con la tierra y un indígena sin tierra no es nada. El amarillo, que usamos mucho, representa la riqueza”, dice.

Gloria Patricia Guaquiruma, una indígena embera, es una de las clientas.

Para Gloria es importante que haya una persona que se dedique a conservar la tradición de la ropa indígena. “El papel de Alicia en la cultura nuestra es muy importante”, asegura la mujer, quien no ha encontrado una modista como ella

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