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¿Dónde se ubicará Colombia en Latinoamérica?

¿Dónde se ubicará Colombia en Latinoamérica?

Varias realidades definen el contexto latinoamericano en esta década que recién comienza. En primer lugar, el retorno del interés por la fuerza militar como lo demuestra el informe anual del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, que revela que Brasil y Colombia aumentaron el gasto militar de 2008 a 2009 en 16 y 11 por ciento, respectivamente. En segundo lugar, la paradoja de que a más organismos internacionales, mayor la fragmentación regional. En una relación inversamente proporcional, la región cuenta con al menos 7 instancias supranacionales (Unasur, Grupo de Río, Mercosur, Comunidad Andina, Alba, OEA y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) y, al mismo tiempo, se divide en polos con diferencias políticas, al parecer, irreconciliables.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de junio 2010 , 12:00 a. m.

Mientras Brasil intenta establecer su propia área de influencia en escenarios como la Unasur y el Consejo Suramericano de Defensa, el gobierno de Chávez también presiona con sus aliados a través del Alba. MéXico no se queda atrás y continúa tratando de posicionarse como un actor de peso en Latinoamérica, y todo esto arropado por unas muestras de descontento con la hegemonía estadounidense. Esto ha sido aprovechado por otras potencias emergentes como China, que nos vende tecnología y necesita de fuentes energéticas y recursos primarios; Rusia que sigue vendiendo armamento; Irán con sus pactos de energía nuclear e India, con sus necesidades de recursos energéticos.

Las tensiones no faltan y el problema es que los organismos internacionales no están cumpliendo con su función de mitigar esos conflictos. A pesar de que el Grupo de Río ayudó a que hubiera acercamiento entre los presidentes de la región y de que en la Unasur, se debatieron las divergencias sobre el acuerdo de cooperación militar entre EE. UU. y Colombia, existe una imposibilidad de resolver realmente los asuntos comunes que atañen directamente a los intereses nacionales.

Las demandas del Gobierno ecuatoriano frente a Colombia por la Operación Fénix, son una prueba de ello. A esto se suma que la política exterior es ejercida por un presidencialismo protagónico en detrimento del valor de la diplomacia. Esto no sólo ocurre en Colombia, otros presidentes han tomado esa vía, en una clara muestra de desprecio por las instituciones internacionales.

Ante este panorama, ¿cuál es la posición de Colombia?; ¿dónde se ubica nuestro país? Estas preguntas hay que resolverlas, con un debate sustancial previo, para saber nuestro papel en la región y, a partir de ahí, definir qué y cómo se va a hacer. Desde el final de la era Pastrana, el acercamiento colombiano hacia el mundo ha estado determinado por la realidad interna del país. La dimensión de seguridad ha marcado la pauta de esa forma de relacionarnos siendo el estrecho vínculo con EE. UU. una prueba de ello. El problema ha sido que el uso del Gobierno colombiano de un discurso antiterrorista ha suscitado más de un desacuerdo de algunos países latinoamericanos que no coinciden con la fórmula diseñada por el entonces gobierno estadounidense.

Además, la profundización de la colaboración militar entre ambos países bajo el Acuerdo de Cooperación Militar ha profundizado el aislamiento de Colombia del resto de Suramérica. El mal manejo de la información sobre este acuerdo despertó desconfianza no sólo de enemigos declarados de EE. UU. como Venezuela y Nicaragua, sino de países más moderados como Brasil, Chile y Argentina. A pesar de que el Gobierno ha manifestado que la información del acuerdo está al alcance de todos, esta fue usada de manera tardía y sin el necesario debate político previo para que se entendieran sus pros y sus contras. Todo esto bajo un manejo personalista de la Cancillería, por parte del Presidente y de funcionarios que, como el Ministro de Defensa, se dirigen hacia otros gobiernos pasando por encima del Canciller.

Pero hay algo más que debe cambiar: los nombramientos cuestionados. El presente Gobierno no se ha distinguido por mandar a sus hombres más preparados para que representen a Colombia en algunos países vecinos. En Chile, por ejemplo, nombraron a Salvador Arana, quien fue embajador de Colombia entre el 2003 y el 2005, actualmente preso y acusado de la creación de grupos paramilitares y de vínculos con el asesinato del ex alcalde del Roble, Edualdo Díaz, ocurrido en el 2003. En Ecuador, desde marzo del 2008 no hay embajador titular, debido a la interrupción de las relaciones como consecuencia de la Operación Fénix. En ese país hay encargos en Santo Domingo de los Colorados, Nueva Loja y Tulcán. Al ex cónsul de esa última ciudad, Gerardo Dorado Dávila, la Fiscalía General de la Nación le imputó los cargos de falsedad ideológica en documento público, fraude procesal y tráfico de migrantes, por un probable otorgamiento irregular de unas visas a varios ciudadanos chinos. En República Dominicana, renunció el embajador Juan José Chaux Mosquera, en el 2008, debido a su presunta relación con el paramilitar Antonio López, alias de ‘Job’, famoso por la visita a la ‘Casa de Nari’. El sucesor, general Mario Montoya, ha sido señalado de haber recibido dinero de las autodefensas en 2002.

A lo anterior se suman algunos episodios lamentables sobre la relación de este Gobierno con los organismos internacionales. El 17 de septiembre del 2009, por ejemplo, el ministro de Defensa de Colombia, Gabriel Silva, dijo que el país no descartaba abandonar la Unasur si no encontraban en el resto de naciones que conforman el bloque, ‘sensibilidad’ hacia los temas que le preocupan. Asimismo, el 2 de mayo de este año, el presidente Uribe no asistió a la Cumbre de la Unasur, donde se eligió al ex presidente argentino Néstor Kirchner como el secretario general del organismo. Por otra parte, a la reunión de mandatarios de la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo a finales del 2009, asistió el vicepresidente Francisco Santos. Por último, los países de América Latina y el Caribe acordaron en el Grupo de Río crear un nuevo organismo diplomático que no incluye a EE. UU., en una reunión que dejó al desnudo las fisuras que todavía dividen a la región. Colombia se opuso a esta creación.

Ante el escenario actual, son varias las recomendaciones al próximo Gobierno. Es urgente la normalización y reconstrucción de las relaciones con Ecuador y Venezuela. Para esto, bien serviría que el país hiciera una declaración de respeto irrestricto al derecho internacional. Para empezar a reparar las relaciones con los vecinos y atenuar el aislamiento continental, también es hora de que el Gobierno empiece a separar los intereses del pueblo colombiano de los intereses del Gobierno de EE. UU. No obstante, tener buenas relaciones con nuestro vecino del norte es fundamental. En miras de consolidar esto, la próxima Administración tiene la tarea de diseñar una estrategia que logre un consenso bipartidista en EE.UU.

Aunque es sano usar foros especializados para tratar asuntos precisos como es el tema del armamentismo en la región, es hora de que Colombia lidere un proceso de integración sugiriendo la consolidación de un solo organismo que agrupe los intereses macro de los Estados latinoamericanos. Dado que somos uno de los países que más han sufrido el flagelo de la actual guerra contra las drogas, el próximo Gobierno debería también proponer un nuevo examen de las políticas vigentes sobre lucha contra el narcotráfico.

Es hora de reestructurar las relaciones internacionales, vía la profesionalización del servicio exterior. Se tiene que acabar la práctica de usar cargos diplomáticos para pagar favores políticos. Es fundamental mostrar más respeto por las relaciones exteriores y por el rol de la Cancillería en esta función.

"Hay que reestructurar las relaciones internacionales. Se tiene que acabar la práctica de usar cargos diplomáticos para pagar favores políticos.”.

"El próximo Gobierno debería también proponer un nuevo examen de las políticas vigentes sobre lucha contra el narcotráfico"

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