Secciones
Síguenos en:
‘Minas de Amagá me han quitado a ocho familiares’

‘Minas de Amagá me han quitado a ocho familiares’

Parece que los habitantes de Amagá nacieron con una maldición que los condenó a que su mayor riqueza: el carbón, sea también su mayor tragedia. A cambio de una carga de este mineral, desde niños hasta viejos desafían todos los días la muerte. Pero no siempre se gana.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de junio 2010 , 12:00 a. m.

Esa lección la sabe bien Jesús María Ossa, un menudo y curtido minero de 66 años que puede decir que, como pocos, se jubiló hace cinco en uno de los trabajos más riesgosos del mundo y del que depende económicamente el 70 por ciento de los 27 mil habitantes de este municipio del suroeste antioqueño.

Ahora, Jesús ya no carga en su pequeña espalda el carbón que le dio para levantar a una familia de 10 hijos –siete mujeres y tres hombres–, pero sí lleva el peso enorme de saber muertos a dos de ellos, que le siguieron los pasos; a un yerno; a tres sobrinos; a dos primos y a más de una decena de parientes lejanos, vecinos y hasta conocidos.

El primero de sus hijos fue Raúl, quien a los 32 años murió el 31 de agosto del 2000 en los socavones de Mineros Unidos, cuando instalaba una carga de dinamita.

En esos mismos túneles, cuando pertenecían a Industrial Hullera, Jesús se salvó de morir el 14 de julio de 1977 en la tragedia minera más grande de este pueblo y del país, en la que perecieron bajo tierra 86 hombres por una explosión en el yacimiento Villa Diana.

Él debió estar ese día en la mina, pero el destino quizo que pocos días antes de que iniciara labores en el que sería su primer empleo formal, la empresa decidiera que su ingreso sería pospuesto por dos semanas.

A pesar de la catástrofe que enlutó al pueblo, Jesús decidió después trabajar allí por 27 años, hasta obtener la pensión.

Después, la historia la repetiría Gabriel, otro hijo de Jesús, quien estaba por cumplir los 35 años y se cuenta entre los 73 hombres sepultados el miércoles en la noche tras una explosión dentro de un túnel de Carbones San Fernando. Su destino parecía escrito. Ese mismo día, cuenta Rosario Velásquez, esposa de Jesús, a su hijo le cambiaron el turno de la mañana por el de la noche.

“Ya no hay razón para celebrar el Día del Padre, si estamos llenos de tristeza, y eso que falta que aparezcan otros tres sobrinos y dos primos más que trabajaban en la misma mina”, se lamenta Jesús, quien reclama por qué un padre entierra a sus hijos cuando debería ser al revés.

La historia se repite El sino trágico de la minería de Amagá también tocó a una de sus hijas, Nora Alba, que perdió a su esposo, César Vélez, el 6 de agosto del 2009, en la mina El Bloque.

Una explosión producida por la acumulación de gas metano fue, al parecer, la causa de su drama. Junto a él murieron calcinados otros ocho mineros. “Si Dios me hubiera dado plata, yo no habría permitido que mi esposo ni mis hermanos tocaran una mina. Por eso me quiero ir para otra parte y olvidar tanto dolor junto”, afirma esta mujer, que acostumbra a reunirse con otras amigas viudas de Amagá para compartir sus desventuras.

Pero el cruel destino de la familia Ossa tiene la misma explicación por la cual también cientos de niños y muchachos huérfanos de Amagá cambian los salones de clase para adentrarse a desprender carbón de un tajo (el corte en el túnel): “No hay más para hacer que dé para vivir”.

Eso reclaman Jesús y Rosario y es el mismo lamento que se escucha, constantemente, en esta región de la cuenca del Sinifaná, que produce cerca de un millón de toneladas anuales de carbón. Su extracción es la actividad más rentable desde que la minería se industrializó a principios del siglo pasado e iluminó las noches en Medellín.

En ese momento había la decisión de explotar las minas en Amagá y por eso se pensó en la construcción del ferrocarril para sacar el combustible que impulsó las locomotoras de la capital antioqueña a Puerto Berrío, explica José María Bravo, experto en historia del Ferrocarril de Antioquia.

Pocos cambios Aún hoy, sólo unas 20 minas cumplen con las normas de extracción y cerca de 130 carecen de los requisitos de titulación y son explotadas de manera artesanal.

Así recuerda Jesús que lo hacía de joven. Aprovechando su baja estatura y delgadez, era contratado en minas ‘gateras’, que se les llama así porque sólo se puede trabajar gateando tierra adentro.

Paradójicamente, cuando sus hijos Gabriel y Raúl dec idieron vivir también del carbón, comenzaron a trabajar en minas legales y tecnificadas, que tampoco resultan ser un seguro de vida.

Su madre señala que una las mayores motivaciones de sus hijos era disminuirle a Jesús el peso del hogar.“Incluso Raúl trabajaba en la misma mina con su padre para ayudarle con el tajo de carbón y después de que se murió, tomó su lugar Gabriel, que fue un gran apoyo para nosotros”, dice entre lágrimas Rosario.

Ella asegura que presintió la tragedia de esta semana cuando su hijo le dijo que la temperatura en la mina era muy alta.

Ahora, a Jesús María sólo le queda un hijo varón, Jorge Mario, quien a sus 21 años se niega a entrar a una mina para no correr la suerte de sus hermanos mayores, y se gana la vida trabajando en una tienda de barrio para ahorrar unos pesos con el fin de irse a buscar fortuna en Medellín.

“No quiero saber nada de minas en mi vida, aunque sea lo que mejor paguen por acá. Ya murieron mis dos hermanos y suficientes familiares para que se repita la historia conmigo”, dice Jorge Mario, mientras patea unas piedras de carbón en las afueras de la mina donde hasta el viernes pasado permanecía Gabriel sepultado.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.