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Hacia la victoria definitiva

Hacia la victoria definitiva

El triunfo histórico de Juan Manuel Santos en la primera vuelta de la elección presidencial despeja el horizonte político de Colombia y compromete a corroborarlo el 20 de junio. Excedió todas las expectativas, contradijo las encuestas y reafirmó la vocación democrática del país en un certamen civilizado, tranquilo e intachable, con plena libertad y orden. Las multitudes pudieron acudir a las urnas, sin sobresaltos ni temores, a ejercer el acto de gobierno que el ejercicio del derecho de sufragio implica, exento de coacciones y fraude.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de junio 2010 , 12:00 a. m.

Haber obtenido, contra todos los pronósticos, 6’758.539 votos (46,56 por ciento del total) frente a los 3’126.716 (21,49 por ciento) de la impetuosa ola verde de Antanas Mockus constituyó éxito singular a la luz de las circunstancias y las predicciones. Germán Vargas Lleras y Gustavo Petro se destacaron al ocupar el tercero y el cuarto lugar, con 1’471.377 votos (10,13 por ciento) y 1’329.512 (9,15 por ciento), respectivamente, mientras Noemí Sanín, candidata del Partido Conservador, y Rafael Pardo, candidato del Partido Liberal, no alcanzaban el millón, con porcentajes de 6,14 y 4,38. Impresiona que en Bogotá, cuna y fortaleza de la ola verde, Santos hubiera obtenido 1’130.815 votos contra 771.239 de Mockus, habiéndose distinguido Vargas Lleras con 413.576 y Gustavo Petro con apenas 241.834, no obstante tener su colectividad la Alcaldía del Distrito Capital.

En general, el país refrendó su inclinación uribista. El encono contra el nombre de su jefe y mentor, la embestida contra sus presuntos o reales errores, las reiteradas denuncias por las interceptaciones telefónicas y la acción judicial contra un ex ministro no influyeron en el ánimo de los electores, ni los indujeron a alejarse de quien se erigía como el continuador dinámico y sucesor creativo de su obra de seguridad democrática.

Pesaron más los resultados positivos que los negativos, los beneficios que las omisiones, desviaciones o carencias. Ni a los enconados opositores los sacaron avante las acerbas críticas, ni al partícipe de su gobierno en puesto de avanzada lo perjudicaron sus actuaciones, declaraciones y posiciones. De alguna manera, la referencia al nombre del presidente Álvaro Uribe Vélez, en pro o en contra, iba a reflejarse y acabó reflejándose en el veredicto de las urnas. Así lo reconoció Juan Manuel al brindarle su victoria.

Al momento de celebrarla, llamó al país a un acuerdo nacional para que haya trabajo y más trabajo, derrota de la impunidad y la corrupción, crecimiento económico con equidad y prosperidad democrática para todos como etapa superior del desarrollo. En lo posible, trata de reunir las voluntades para una específica tarea de gobierno.

De hecho, en su marcha a las urnas lo han acompañado fuerzas heterogéneas de extracción liberal en honor a sus antecedentes y también de origen conservador, pese a los alineamientos en contrario de sus partidos. La condición minoritaria del liberalismo se explica por el deslizamiento de sus huestes a Uribe y ahora a Santos, quienes fueran, uno y otro, militantes suyos. La adhesión de la bancada conservadora en el Congreso estaba cantada, pese a las palabras estridentes de Noemí. La de los liberales parece hallarse en proceso, a juzgar por las actitudes de algunos de sus miembros y el apoyo anónimo y masivo de los electores. Pueda ser que esta vez sus directivas no vuelvan a equivocarse.

El impresionante volumen de sufragios conseguido en la primera vuelta y el previsible aluvión de adhesiones ulteriores no debieran inducir a dormirse sobre los laureles. Nada autoriza a subestimar la ola verde, juzgándola por los guarismos de la jornada del 30 de mayo. Comprobado está que los procesos electorales demandan voto de opinión, pero asimismo esfuerzo, disciplina y maquinaria para que tal voto se manifieste. La oposición recalcitrante no va a desaparecer, ni a prescindir de ver de reagruparse y fortalecerse.

Respetable como es y grande el ímpetu de la ola verde, corresponde a la causa parejamente continuadora y renovadora de Juan Manuel reafirmar sus mayorías y darle incontrastable título democrático para gobernar

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