Secciones
Síguenos en:
Derrota y El Dorado

Derrota y El Dorado

Nos dieron una paliza a quienes estábamos contra la reelección de Uribe en cuerpo propio, extraño o ajeno. La suma de Vargas Lleras y Santos será casi imposible de superar, aunque bien vale la pena intentarlo. Reconozco la derrota y no se la adjudico a factores ilegales, a pesar de que puedan haber incidido en proporciones pequeñas. Gana Uribe una vez más, Pin, Pan, Pum incluidos. No me convence mi candidato Mockus fungiendo de pastor evangélico y confío en que durante la segunda vuelta haya menos cánticos y coros y más conceptos y propuestas alternativas al continuismo. Pierden también los encuestadores. ¡Enorme su fracaso!

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de junio 2010 , 12:00 a. m.

Y por ahora, basta. Entre tanto, la ciudad se sigue deteriorando gracias a su inepto timonel, nieto de Gustavo Rojas Pinilla, bajo cuyo mandato se comenzó a construir el aeropuerto El Dorado. “El aeropuerto recibió su nombre en 1959, en memoria de la famosa leyenda de El Dorado, por la cual los conquistadores europeos buscaron sin éxito en sus expediciones una ciudad dorada en el continente americano, y cuyo origen está estrechamente enlazado con la historia de la ciudad y del país, ya que cerca de Bogotá se encuentra ubicada la laguna de Guatavita, lugar donde se celebraba el rito descrito en la famosa leyenda”.

Quien haya sido el que se craneó el nombre de El Dorado para la capital de Colombia merece mi admiración. Resulta, sin embargo, que hay un grupo de jóvenes políticos que quieren cambiarle el nombre por el de aeropuerto Luis Carlos Galán.

Me niego a aceptar el cambio de nombre del aeropuerto de Bogotá. ¿Luis Carlos Galán? Por qué diablos; entiendo De Gaulle, Kennedy, Bolívar, pero ¿Galán? Los proponentes pueden ir a Bucaramanga a sugerir dicho nombre para la capital santandereana. Pero El Dorado, por genial, es inamovible. A los niños Galán, a su madre, a sus tíos y demás familiares, así como a todos los sapos que promueven el cambio de nombre, les ofrezco todos los parques que quieran para inmortalizar el nombre de su querido pariente. Si quieren, también, una avenida en cada ciudad, así sea, o edificios públicos en el oriente del país, barrios populares e incluso un obelisco. Pero el aeropuerto, no. El Dorado, así en español, es un término o concepto conocido en todos los idiomas, es perfectamente universal, evocador y, por qué no, un buen símbolo hacia el futuro. Si en este caso también nos derrotan, nos quedará el consuelo de la idea de Sánchez Cristo: poner el aviso en los cerros orientales.

Confiemos en que Samuel honre a su abuelo e impida este exabrupto

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.