Ola de suicidios en fábrica desnuda tragedia de los trabajadores chinos

Ola de suicidios en fábrica desnuda tragedia de los trabajadores chinos

Una oleada de suicidios en las cadenas de montaje de Foxconn en Shenzhen, donde se fabrican los iPhone y iPad entre otras muchas herramientas electrónicas, ha vuelto a poner en la retina las duras condiciones laborales de la llamada ‘fábrica del mundo’ de la industria china.

30 de mayo 2010 , 12:00 a.m.

En lo que va corrido del año, diez trabajadores de menos de 24 años se han quitado la vida arrojándose desde ventanas, cortándose las venas o envenenándose.

El escándalo no sólo se ha disparado en las páginas de la prensa extranjera sino que también ha llegado a los medios de comunicación chinos. El presidente de Foxconn, el taiwanés Terry Gou, se vio obligado a pedir perdón, a organizar un encuentro guiado para periodistas a las instalaciones y a subir 20 por ciento los sueldos a sus empleados.

Además, la compañía ha anunciado la contratación de cientos de psicólogos e, inclusive, de monjes budistas para atender espiritualmente a los trabajadores. Por si acaso, a los empleados se los obligará a firmar una cláusula en la que prometen no suicidarse y se instalarán redes bajo las ventanas.

“Puede ayudar (el aumento de salarios) a la situación de los suicidios, porque los trabajadores necesitamos dinero y la presión financiera sobre nosotros es enorme”, dijo a Reuters un empleado de Foxconn apellidado Wang.

Según se ha podido desprender de los testimonios de los empleados y de las familias de los suicidas, los turnos en Foxconn son muy largos, la cadena de montaje circula a un ritmo frenético y resulta muy estresante mantener la concentración durante tantas horas y bajo tanta presión. Otros testimonios sugieren que los empleados tienen prohibido comunicarse mientras trabajan, disponen de pocas horas libres y son sometidos a una disciplina prácticamente militar.

A pesar del revuelo, los responsables de recursos humanos de Foxconn recuerdan que la tasa de suicidios entre sus trabajadores es menor que la media nacional. En China, anotan, se producen 14 suicidios por cada 100.000 habitantes. Mientras que en las plantas de Shenzhen, donde trabajan unos 420.000 empleados, la cifra se reduce a 4 ó 5 por cada 100.000.

Aunque el caso está siendo seguido muy de cerca por organizaciones que defienden los derechos de los trabajadores, algunos expertos laboralistas creen que el escándalo tiene más que ver con las marcas a las que representa Foxconn que, además de Apple, fabrica productos para Nokia, Sony o Dell.

Beneficios para multinacionales Y es que, según un reciente estudio publicado por The Economic Observer, los márgenes de beneficios para las compañías chinas subcontratadas suelen rondar el 2 por ciento, mientras que la rentabilidad para las multinacionales alcanza el 200 por ciento sobre el producto final. Las grandes firmas, en definitiva, obligan a los fabricantes a producir más y más barato.

Si la realidad de la fábrica se ajusta a las descripciones realizadas por sus empleados, Foxconn no es muy diferente a la mayoría de las plantas industriales del gigante asiático. El milagro económico chino se forja en recintos cerrados donde los obreros viven y trabajan, durmiendo en barracas, comiendo en cantinas y pasando también casi todo su escaso tiempo de ocio dentro de las instalaciones.

Asociaciones como China Labour Bulletin llevan años denunciando las condiciones de los obreros, que parecen estar mejorando muy lentamente.

Parece probado que el estrés provoca todo tipo de desequilibrios mentales, e incluso hormonales, en algunos trabajadores. Así por ejemplo, muchas jóvenes pierden la menstruación mientras viven en la fábrica.

Sin tiempo de ocio “China está sufriendo cambios drásticos que causan daños psicológicos a muchos”, escribió el taiwanés Diario Unido.

Hace algunos meses, EL TIEMPO visitó varias de esas zonas industriales en el sur del país, en la región de Guandong, donde se pueden hacer varios kilómetros en tren sin ver otro paisaje que las plantas industriales. En la mayoría de esos recintos, los obreros comparten pequeñas habitaciones con hasta 12 literas y la mayoría de ellos ahorra todo el dinero que gana para mandarlo a sus familias.

La mejor revista de investigación china, Nanfang Zhoumo, publicó a finales de abril un espeluznante y documentadísimo informe sobre Kunying, una fábrica de Dongguan a la que Microsoft subcontrata. La conclusión a la que llegaron es que se contrataba a menores de edad y se restringía la libertad de movimiento de los obreros, incluso en su tiempo de ocio. Además, apuntaba la investigación, muchos trabajadores habían sufrido castigos, incluidas brutales palizas. En Kunying se hacían, en promedio, 160 horas extras al mes.

Este escándalo, gracias a la presión del National Labor Committe estadounidense, obligó a la fábrica a cambiar las normas. Entre otras cosas, se vieron obligados a reducir el número de horas extras a un máximo de 80, tal como estipula la ley de Guandong. Lo que los defensores de los derechos de los trabajadores no se esperaban es que, al día siguiente, muchos obreros protestaron y otros renunciaron y buscaron trabajo en otra fábrica. Con tan pocas horas extras, decían enfadados, sus salarios eran más bajos y ya no les compensaba

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