Los últimos 'Jipi kogui' de la sierra

Los últimos 'Jipi kogui' de la sierra

El camino hacia la Sierra Nevada de Santa Marta cada uno lo emprendió por su lado, pero aún sin conocerse tenían un objetivo en común: reencontrarse con la naturaleza y compartir con los pueblos indígenas.

25 de abril 2010 , 12:00 a.m.

A comienzos de la década de los setenta, en pleno boom de la cultura hippie en el país, Hernán Sedano, Silfo Morillo y Jairo Vargas decidieron abandonar sus familias en Bogotá y Cali para irse en busca de la paz espiritual y a vivir como los kogui en la Sierra Nevada.

Inicialmente, llegaron Sedano y Morillo, quienes compraron en 1971 un terreno de tres hectáreas en Taminaka, en la parte alta de la Sierra, para fundar allí su comuna. Tres años después, se les sumó Vargas, quien antes de irse a probar suerte a Canadá decidió subir al macizo montañoso por ocho días y terminó quedándose.

Al principio, cuentan, no fue nada fácil. Los mamos los rechazaron y los veían como una amenaza para su cultura, tanto que les prohibieron a los indígenas relacionarse con ellos. Durante cinco años los mantuvieron apartados.

“Ellos (los mamos) pensaban que si no encontrábamos apoyo, nos aburríamos y nos iríamos. Pero nosotros veníamos metidos en una filosofía de austeridad, de ayuno, de renuncia, entregados al trabajo espiritual, y aguantamos”, dice Sedano, mientras mastica hoja de coca.

Con el paso del tiempo y la revelación de los mamos mayores, los más sabios, de que ellos también eran indígenas, pero que se habían ido a la ciudad para aprender y ahora estaban de regreso, terminaron por aceptarlos.

Luego, aparecieron más hippies, incluso de otras nacionalidades, y esa mezcla de culturas hizo que comenzaran a llamarlos ‘jipi kogui’. Y era apenas lógico. Los hippies andaban descalzos, vestían como los kogui, comían poporo y vivían en casas como las de ellos.

También, aprendieron a tejer, a cultivar la tierra y a construir las viviendas. Pero no sólo eso, empezaron a participar en rituales como velorios y casamientos y a entrar con los mamos a la cansamaria (casa ceremonial) a ‘poporiar’, una especie de comunicación espiritual con la naturaleza, a través del consumo de hoja de coca y de un polvo que elaboran con conchas de mar.

“El poporo es el instrumento que nos permite ingresar a una red de cuidadores del planeta, que es lo que nuestros ‘hermanos mayores’ hacen cuando entrar a ese recinto (cansamaria). Nosotros ayudamos a sostener a la Madre. Esa es parte de nuestra responsabilidad”, asegura Vargas, quien se considera poseedor de ese legado espiritual.

Aunque la presencia de la guerrilla y las autodefensas de Hernán Giraldo en la Sierra obligó a la mayoría de los ‘jipi kogui’ a desplazarse desde el 2000 hacia poblaciones como Palomino (La Guajira), y Buritaca, Don Diego, Taganga y San Salvador (Magdalena), donde algunos viven de la venta de artesanías y otros trabajan en la organización de las comunidades indígenas y campesinas, arriba todavía quedan tres familias, entre ellas la de Sedano. Este bogotano, que viste de blanco y usa el gorro que identifica a los mamos, convive desde hace 11 años con Lucy, una indígena wayuu, que conoció en Palomino y con quien tiene cinco hijos. Había tenido cinco compañeras, pero ninguna soportó el estilo de vida en la Sierra.

En Locuisi, donde permanecen la mayor parte del año (al igual que los kogui son seminómadas), no hay energía eléctrica ni las ‘comodidades’ de la civilización. Beben agua del río y se alimentan de lo que cultivan en una huerta.

En las mañanas, Sedano les enseña a los niños a leer y a escribir y luego se ocupa de sembrar. Cada dos meses baja con su familia hasta Buritaca, donde tiene un hostal que la mitad del año es administrado por su hermano Álvaro, pero cuando los niños se aburren se regresan.

Para él, estar en contacto con la Madre Tierra, poder escarbar en sus entrañas para sacar su alimento sin necesidad de tener que ir a comprarlo y disfrutar del aire y el agua pura es algo que no cambia por nada. Por eso, continuará enarbolando la bandera de los ‘jipi kogui’ en la Sierra Nevada hasta que tenga fuerzas.

- Historia cobra vida en documental La historia de los ‘jipi kogui’ de la Sierra Nevada de Santa Marta quedó plasmada en un documental del mismo nombre, dirigido por Sorany Marín Trejos, de la Universidad del Magdalena. ‘Jipi Kogui’ resultó ganador de la beca de coproducción regional del Ministerio de Cultura y estuvo en la selección del Encuentro de Ciudadanía, en la Universidad Nacional.

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