‘Hay gente interesada en destruir a la izquierda’: Gustavo Petro

‘Hay gente interesada en destruir a la izquierda’: Gustavo Petro

Para Gustavo Petro, candidato a la Presidencia por el Polo Democrático Alternativo, ese partido “no se está marchitando en sus manos”, sino que, al contrario, “está vivito y coleando”. Denuncia persecución del Gobierno a través del DAS y dice que el Polo no tiene garantías en la actual campaña. La siguiente es la segunda de las entrevistas con los candidatos presidenciales.

25 de abril 2010 , 12:00 a.m.

¿Cómo va la campaña? Lo que yo siento en la calle es muy diferente a lo que dicen las encuestas. ¿Cree que las encuestas no reflejan la realidad electoral? Se concentran en grandes ciudades y en estratos altos. El mundo rural, de estrato tres hacia abajo, no es tenido en cuenta. Además, están hechas a teléfonos fijos, que están en desuso y no son garantía por el anonimato de quien responde. No digo que estén mal hechas, sino que son incompletas y son indicador de un momento determinado.

De todas maneras, no son buenas para usted. ¿Teme qué se le está marchitando el Polo en sus manos? La acción política supone riesgos y lo cierto es que hay mucha gente en Colombia interesada en destruir a la izquierda democrática como opción política y esa es una opción ignorante de lo que es una democracia.

¿ Qué es, en su opinión, una democracia? Si la izquierda democrática no es opción real de poder, no hay democracia; igual diría al revés: si no hubiera un bastión de derecha, no podría hablar tampoco de democracia.

Usted cree que la política se sigue definiendo por derecha e izquierda...

Cada vez menos y más por los criterios de política de la vida o política de la muerte.

¿Qué quiere decir? Colombia es la sociedad más desigual de América; si queremos salir de la violencia es fundamental acabar ese desequilibrio. El Polo ha sido oposición hecha a cabalidad, denunciando la ‘parapolítica’, fraude a los subsidios agrarios, indebido uso del DAS. Ahora sufrimos por eso.

¿Qué es lo que dice usted que están sufriendo? Un plan de liquidación del partido por el Gobierno y ciertas tendencias de ciudadanos que buscan caminos más fáciles que el debate que se planteó, entre oposición y Gobierno, sobre si se puede salir de la violencia a partir de la seguridad armada o a partir de una seria política de equidad social.

Estos son los dos grandes proyectos políticos que se disputan en Colombia.

¿Y la forma de enfrentar el conflicto es armada o social? No lo ponga en forma disyuntiva: lo que dice el proyecto de Gobierno es que una política de seguridad, sin tocar el tema de la equidad social, nos saca de la violencia. Primera conclusión: ¿el Polo no está acabado? No, ¡para nada! Está vivito y coleando. Más vivo que nunca. En las elecciones del 14 de Marzo, contra lo que dijeron al comienzo los medios, el Polo creció 25 por ciento en Bogotá. Y mantuvimos nuestra fuerza nacional.

No hubo tal desplome. Pero como la noticia fue invertida, afectó las posibilidades del candidato.

¿El Polo ha tenido suficientes garantías para su campaña? Ninguna. El debate alrededor del DAS muestra la utilización de miles de millones de pesos de fondos públicos y de decisiones del más alto nivel para destruirlo a partir de acciones terroristas, sabotajes, chantaje, amenazas, destrucción de imprentas, uso de mecanismos incendiarios, robo de infraestructuras, trasbordo ideológico, según lo revelaron documentos del DAS. Y lo peor de todo: el desprestigio personal de sus dirigentes al vincularlos con las Farc, con Chávez, con pruebas judiciales que se colocarían en allanamientos, dicen papeles del DAS. ¿Qué garantía puede ser eso? El Polo sufrió una política premeditada de aniquilación moral y física desde el alto Gobierno y demostrada en documentos del DAS en poder de la justicia.

¿Terrorismo y asesinato son política del Gobierno? Está escrito en documentos con logos de la Presidencia y del DAS. Ahí está la muerte del profesor Alfredo Correa de Andréis, en Barranquilla, partícipe de una lista de posibles asesinados que el DAS, a través de su ex director Jorge Noguera, transfería a ‘paras’. No olvide que el señor Noguera está preso por homicidio.

¿Y contra usted ha existido algo? De todo. Hemos descubierto, por ejemplo, la construcción de correos electrónicos de destrucción moral contra mí. Distribuir un correo electrónico a millones de colombianos vale millones de pesos, empezando por obtener la base de datos. Eso no lo hace un individuo, lo hace una organización poderosa y eso existe hoy en la campaña electoral.

¿Incluidas las ‘chuzadas’? Es un error periodístico que oculta la gravedad del hecho: es un plan de destrucción de la izquierda democrática, del periodismo independiente y de los jueces que tenían la investigación del paramilitarismo. El plan no es simplemente ‘chuzadas’; ellas hacen parte de lo que se llama inteligencia pasiva, pero ya pasaron a la inteligencia activa:amenazas, bombas, chantaje.Está escrito en documentos del DAS así, bajo la sigla terrorismo.

Es decir, el DAS usó prácticas de terrorismo para destruir a la oposición.

Las ‘chuzadas’ son un juego de niños respecto a eso. Y algo más: el DAS fue usado por la Presidencia como policía política para acabar con la oposición y los jueces; pienso que usado por el mismo Presidente.

¿Por qué cree eso? Hay muchos indicios que demuestran que él dio la orden de liquidación de la oposición; después de mi debate sobre el paramilitarismo en Antioquia, hizo rueda de prensa para responder al debate, sin mencionarlo, y sugirió que había seguimientos, incluso en el exterior, de líderes de la oposición, al punto que uno de los periodistas le preguntó: ¿Usted le hace inteligencia a la oposición? Dijo usted que al Polo lo acusan de tener vínculos con las Farc y con Chávez...

Sí, y hoy no existe un solo dirigente del Polo que haya sido llamado a juicio por tener vínculos con las Farc. Sin embargo, en la cabeza de millones de colombianos está la tesis de que el Polo es el brazo legal de las Farc.

¿Qué relaciones hay entre el Polo y las Farc? Ninguna, y su pregunta es parte de esta construcción; la hacen centenares de periodistas todo el tiempo. Su simple formulación ya es una manera de acusar. ¿Por qué cuando ustedes entrevistan a dirigentes del partido de ‘la U’ o del Partido Conservador no preguntan cuáles son los vínculos de ellos con el paramilitarismo? En cambio, sin haber detenidos del Polo, su pregunta es sobre vínculos con las Farc. Es parte de una tesis falsa y por eso muchos dejan de votar por nosotros.

La pregunta no la formulamos porque se nos ocurra sino que ha sido mencionada por organismos y dirigentes de la coalición de gobierno...

Sí, porque quieren destruir al Polo. Pero le pregunto: ¿Cuántos dirigentes del Gobierno están presos por vínculos con la ‘parapolítica’ y cuántos de la oposición, por vínculos con las Farc? ¿Las Farc son un movimiento subversivo o están vinculadas al narcotráfico? Indudablemente se “narcotraficaron” y cada vez más, a medida que pasa el tiempo. Reemplazaron la búsqueda del apoyo popular por apoyo financiero, por la cocaína.

¿Y la relación del Polo con Chávez? En los últimos tiempos, cuando las Farc dejan de ser el ‘coco’ y pasa a ser Chávez, inventan vinculaciones con él. El proyecto de Chávez choca con el que nosotros defendemos, que es el de la Constitución del 91, totalmente opuesta a la Constitución de Chávez. Es un contrasentido histórico que no es racional, que busca usar pasiones ya desatadas dentro de la sociedad para destruirnos.

¿En la campaña electoral se está utilizando a Chávez para buscar algún efecto? Sí, lo están usando.

Pero quien parece intervenir es Chávez. Dijo, por ejemplo, que si se elige a Juan Manuel Santos, sería una amenaza para todo el continente… Lo que tiene es una mala información. En el debate de televisión, Santos tuvo cuidado y su estrategia era no mezclar el tema internacional con la campaña. Chávez fue mal informado y cae en ‘cascaritas’. Lo grave es que hay una crisis que viven millones de colombianos en las fronteras ecuatoriana y venezolana. Como el Gobierno actual no es eterno, tenemos que empezar una política de reconstrucción de la comunidad andina y de reparación de relaciones diplomáticas.

¿Cuáles son, en su opinión, los grandes problemas que tiene hoy Colombia y que deberá afrontar el próximo gobierno? El primero, que es la fuente de todos, es la desigualdad social. El segundo, la violencia, producto de la pobreza, y el tercero, el narcotráfico.

¿Cuál es la propuesta del Polo para enfrentar la desigualdad social? Ese es el eje de mi programa: hay que comenzar ya una agenda de equidad social. Si prolongamos la desigualdad, lo que hacemos es prolongar la violencia. La política social en Colombia está colapsada: crisis en salud, en educación, en pensiones, sin agua potable. Todos se volvieron negocios particulares. Por eso hay que restituir los derechos de los ciudadanos, reconstruir la salud y adoptar modelos preventivos, reformar el sistema pensional a partir del cambio de fondos privados al sistema de pilares y entregar una pensión por derecho a todo adulto mayor desprotegido.

¿Y lo recursos? Los dineros están. No hemos querido hacerlo porque hemos convertido la pensión en una mercancía. Hay que transformar nuestra política educativa a partir de la transformación del colegio de secundaria en colegio profesional. Hay que cambiar la política de servicios públicos domiciliarios en agua potable: la prioridad en obras de infraestructura del Estado es llevar el agua a la totalidad de la población y considerar gratuito el consumo mínimo vital, que son 22 metros cúbicos. Esa es política social que en este Gobierno no existió.

¿Cómo enfrentar el desempleo? El poder de trabajar implica tres requisitos indispensables: saber hacer algo, tener en dónde y tener con qué. Saber hacer algo es la educación profesional para la juventud; tener en dónde es la tierra. Hay que trasladar las tierras fértiles de la mafia hacia las gentes del campo productoras de alimentos. Para ello, propongo una nueva política antinarcóticos que intercambie extradición y años de cárcel por tierras. Tener con qué se refiere al crédito. La mayoría de la población no tiene opción de acceder al crédito en la banca privada y termina en la usura. Propongo reconstruir un sistema de banca pública que devuelva la posibilidad de crédito a la población. Entonces, son tres democratizaciones: la del saber, la de la tierra y la del crédito.

¿Y el trabajo? Hay que derogar la reforma laboral y adoptar un modelo de empleo diferente con valoración del salario por productividad. No estoy de acuerdo con la tesis, que defiende Antanas Mockus, de que se puede generar empleo por la vía de reducir salarios. Al contrario, se puede generar empleo con el ascenso de salarios de acuerdo con la productividad, porque, al incrementarse la demanda, por mayor capacidad de compra, se eleva la producción con más trabajadores y se crean nuevas empresas. Es lo contrario de la tesis dominante en Colombia, que dice que el trabajo se genera si se reducen costos de empleo.

¿Cómo es su propuesta sobre el narcotráfico? La política que tenemos es echarle la culpa de todo a la hoja de coca, lo que la Presidencia llama “la mata que mata”. Se ha llegado a la conclusión de que se necesita al ejército de Estados Unidos para que ayude al colombiano a cuidar al ejercito de fumigadores que matan “la mata que mata”.

Entre tanto, un narco se abraza con el senador, con el gobernador, con el general y entra, incluso, al Palacio de Nariño. El problema no es “la mata que mata”; el problema es que el narco tiene tierra, poder político y Estado. Ahí está el problema fundamental del poder del narcotraficante.

¿Cuál es la fórmula enfrentar el narcotráfico? La justicia es el instrumento para quitarle tierra, poder político y Estado al narco. Por eso, hay que colocar al narcotraficante ante una disyuntiva: o acuerda una transacción judicial en Colombia o es extraditado a E.U.

¿En qué consistiría la transacción? Uno, dejar de ser narco de por vida; dos, reparar a sus víctimas; tres, confesar sus relaciones políticas; cuarto, confesar la tierra que posee y entregársela al Estado de manera efectiva. A quien cumpla esas cuatro condiciones, la justicia le garantizará beneficios jurídicos: rebaja de penas, excarcelación, garantías de no extradición. No caigo en la ingenuidad de que podemos acabarlo. Eso tiene que ver más con el mercado mundial que con nosotros mismos. Pero sí creo que puede ser una política seria de debilitamiento que nos daría un estado liberado en mafias.

¿Es una especie de amnistía? La amnistía es para delitos políticos. Eso fue lo que quiso hacer Uribe con los ‘paras’ y fracasó estruendosamente.

¿Y a cambio de qué un narcotraficante aceptará la transacción? Hoy, un narco tiene una expectativa de vida de cinco años. Muchos han buscado una opción ante la realidad de que se están matando entre ellos; prefieren entregarse en E.U. y rebajar penas por dinero y confesión. Una política así sería aceptada, porque permitiría a los narcos morir de viejos en Colombia.

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