En silla de ruedas se puede bailar

En silla de ruedas se puede bailar

Los demostrados beneficios de la actividad física y la danza son razones suficientes para que toda persona las incorpore a su vida, con mayor razón si se tiene algún tipo de discapacidad.

24 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Con eso en mente, el Ministerio de Cultura creó, a propósito del Día Internacional de la Danza, un grupo de danza integrada cuya finalidad es fomentar la inclusión social, ayudar a las personas con discapacidad y contribuir al arte y a la cultura en el país.

A grandes rasgos, la danza integrada se define como un acto de inclusión en el que se agrupa a un conjunto de personas con distintos tipos de discapacidad con individuos sin limitaciones físicas, para conformar un grupo artístico.

Estos grupos integrados parten de la premisa de que los impedimentos físicos no son un obstáculo para fomentar el sentido artístico y el talento de todas las personas. El pilar de sus coreografías son, precisamente, los bailarines con discapacidad.

Luisa Fernanda Martínez, de 28 años, practica la danza integrada en silla de ruedas hace siete años con el Grupo ConCuerpos. Cuenta que gracias a esta actividad han mejorado su movilidad y sus relaciones interpersonales.

“Gracias a la iniciativa del Ministerio he podido acceder a más espacios relacionados con el baile e integrarme con más gente. He aprendido a valorar mi cuerpo, porque lo único que hago es bailar. Me encanta”, señaló la mujer.

De acuerdo con Mauricio Serrato, director médico de Coldeportes y del Comité Olímpico Colombiano, la actividad física a través de la danza beneficia los sistemas osteomuscular y cardiovascular, lo que reduce el riesgo de obesidad, hipertensión, infartos, derrames y trombosis cerebrales, osteoporosis y osteoartritis.

Como se incrementa la movilidad, la flexibilidad, la fuerza, el aumento de masa muscular y la resistencia mejoran también.

Los aportes de actividades lúdicas como la danza a la salud no acaban ahí.

Andrea Ochoa, psicóloga y bailarina, asegura que bailar brinda felicidad y potencia la percepción de autoeficacia en personas con discapacidad. Es decir, acaban haciendo cosas que antes creían imposibles: “El individuo que baila y asiste con frecuencia a estos encuentros con entusiasmo desarrolla mejores relaciones interpersonales, lo que hace que se desenvuelva mejor en sus encuentros sociales”, dijo.

- SÓLO BENEFICIOS Los sordos tienden a relacionarse sólo con personas con su misma discapacidad. La danza integrada los impulsa a comunicarse más con el resto del grupo y a incrementar su círculo de amigos.

Los invidentes mejoran su sentido del espacio, de ubicación y de lateralidad, lo que hace que cotidianamente la persona con discapacidad se mueva con más facilidad en distintos espacios.

Personas con discapacidad cognitiva o intelectual: una persona con autismo, por ejemplo, regula su comportamiento y se hace más accesible para el resto de las personas.

Personas con paraplejias o paresias (extremidades): experimentan una notable mejoría de su estado físico.

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