HOY, SE CELEBRA EL Un hombre con tinta en las venas

HOY, SE CELEBRA EL Un hombre con tinta en las venas

CULTURA Y ENTRETENIMIENTO “En vista de que yo me negaba a hacer la rectificación que me exigía el comando del Estado Mayor, se me notificó que si no aceptaba lo que se me proponía por la fuerza, se verían obligados a cerrar EL TIEMPO indefinidamente. Yo manifesté entonces que de ninguna manera aceptaba la rectificación que me pedían y así fue como el 4 de agosto fue clausurado EL TIEMPO”.

24 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Así recuerda el periodista Roberto García-Peña aquel 4 de agosto de 1955 cuando, leal a sus principios liberales y haciendo uso de la gallardía de sus ancestros santandereanos, se enfrentó a la dictadura de Rojas Pinilla, en un hecho histórico para la prensa colombiana, como luego lo ratificaría el curso de los acontecimientos.

Esa fue sólo una de las tantas batallas que García-Peña libró en defensa de la libertad de prensa y de opinión, durante los 42 años que estuvo al frente de la dirección de este diario.

Hoy, cuando se celebra el centenario de su nacimiento (Bucaramanga, 24 de abril de 1910 - Bogotá, 28 de noviembre de 1993), algunos de sus amigos, servidores y familiares recuerdan a este “hombre grande, amable, tierno, cuyo corazón no le cabe en el pecho”, como lo definió en alguna oportunidad su amigo de juventud, el ex presidente Alberto Lleras Camargo, y que llevó al poeta Eduardo Carranza a ponerle, cariñosamente, el apelativo de ‘Roberto Corazón’.

De esa manera de ser da buena cuenta Gerardo Pinzón, su asistente personal por muchos años, quien lo recuerda como un padre, más que como un jefe.

“Siempre me llamó la atención que si uno iba a pedirle un favor o cualquier persona se le acercaba para comentarle algo, don Roberto se detenía a escucharlo con gran atención”.

Con pensamiento liberal Sabía la responsabilidad del cargo que detentaba y por eso todas las opiniones, para él, eran igual de importantes, así fuera la del linotipista que levantaba sus editoriales, la del transeúnte que se topaba en la avenida Jiménez o la del Presidente de la República.

“Roberto estaba muy identificado con esos principios democráticos tutelares, en contra de cualquier tipo de tiranía o absolutismo, y fue un gran defensor de la libertad, la justicia y la equidad del desarrollo del país”, cuenta su amigo Abdón Espinosa Valderrama, quien para describirlo en el quehacer diario al frente del periódico apela al recuerdo de una caricatura que había en la entrada de su oficina, en la que aparece García-Peña como director de orquesta.

Llegó a la dirección de este diario en 1939, por invitación del ex presidente Eduardo Santos, luego de recorrer el camino natural de esta noble profesión, desde reportero de El Espectador y de EL TIEMPO, entre 1925 y 1932, hasta corresponsal en el Valle del Cauca, de este diario, labor que combinó, previamente, con cargos en la política y la diplomacia.

Para su yerno, el historiador y catedrático Jaime Posada, “42 años al frente de la dirección representan la dedicación de una vida y de una inteligencia para impulsar los nuevos rumbos de tan importante órgano periodístico”.

Un abuelo ejemplar Se casó con Rosita Archila Monroy, de cuyo matrimonio nacieron Roberto, Maryluz y Clarita. Sus hijos le dieron, quizás, uno de los regalos que más se gozó, junto con el periodismo: los nietos. “Los quiso a todos, aunque su preferido, tal vez, fue don Roberto Posada (D'Artagnan), quien lo acompañó desde cuando estudiaba en la Universidad del Rosario y salía en los descansos a armar su columna El hincha azul”, recuerda Gerardo Pinzón.

“Le encantaba propiciar debates entre nosotros. Recuerdo con frecuencia, que yo discrepaba de las posiciones que tenía mi primo hermano D'Artagnan y a mi abuelo le encantaba siempre poner sobre la mesa ciertos temas para que entre todos los primos, junto con Rodrigo Pardo, los debatiéramos”, recuerda su nieto Daniel García-Peña.

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‘AYAX’, EL OTRO GARCÍA-PEÑA.

Así como era capaz de durar hasta la madrugada en el periódico, revisando y corrigiendo cada texto de las páginas editoriales, todos coinciden en definir a Roberto García-Peña como un hombre que supo gozarse todas las facetas de la vida, en especial, la humanista, que plasmó sabiamente en su columna ‘El rastro de los hechos’, la cual firmaba con el seudónimo de ‘Ayax’. “En su columna dominical fue un comentarista y un divulgador muy afortunado de las ideas y del pensamiento de la literatura española y de las formas de expresión cultural hispanoamericanas. Era un devoto del Siglo de Oro español, de las tareas de Cervantes y en fin de lo que hicieron los miembros de las generaciones del 98 y del 27 en España”, comenta Jaime Posada.

Esta vasta formación fue, sin dudas, su herramienta más poderosa. “Cuando había un hecho de última hora, Roberto no tenía ningún inconveniente en bajar corriendo al sótano y dictarle en caliente al linotipista un editorial impecable”, agrega Posada

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