Un absurdo accidente

Un absurdo accidente

Aunque hay que esperar los resultados definitivos de tres investigaciones en curso, es inocultable que algo salió muy mal en el trágico accidente de dos helicópteros en la base militar de Chaparral (Tolima). Lo que aparentaba ser una maniobra de rutina en el despegue se convirtió en un siniestro aéreo con saldo de siete uniformados fallecidos –incluido un general de la República, Fernando Joya– y otros cuatro que hoy luchan por sus vidas.

22 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Después de presenciar las imágenes de los segundos previos a la tragedia, algunos cuestionamientos surgen desde la perspectiva del ojo inexperto: ¿por qué levantaron vuelo las dos aeronaves de manera simultánea? ¿Por qué, además, se movían a tan corta distancia entre ellas y haciendo giros? Dado que los helicópteros estaban en una pista improvisada, en una cancha, sin torre de control y con civiles a corta distancia, ¿no se requería la toma de medidas adicionales de seguridad? Es difícil creer que los estrictos protocolos que se deben seguir para el despegue y la operación de estos aparatos no contemplen medidas estrictas que deberían respetarse, más allá del carácter rutinario de la misma.

Aparte de las potenciales falencias en los mínimos procedimientos, el incidente enluta una ambiciosa operación militar que incluye a 5.000 uniformados que operan en las cordilleras Central y Occidental con la misión de capturar a ‘Alfonso Cano’, máximo comandante de las Farc, y de bloquear los corredores por los que se desplazan los guerrilleros. A la cabeza de este despliegue de tropas de varias divisiones, cuatro batallones, dos brigadas móviles –la Fuerza de Tarea del Sur del Tolima–, se encontraba el general Joya, quien acababa de recibir el mando de la operación. Otros dos oficiales que perecieron, los coroneles Juan Gonzalo Lopera y Arturo Herrera, también hacían parte del empeño.

Además del inevitable efecto en la moral de los soldados por la pérdida de sus jefes, este trágico acontecimiento priva al Ejército de unos oficiales experimentados y “troperos”, ad portas de intensificar la persecución contra ‘Cano’, quien lleva meses sometido a una fuerte presión. En otras palabras, los duros golpes contra los militares que la subversión no puede asestar vienen ahora en forma de absurdos accidentes aéreos. Con más razón, se necesitan respuestas prontas de la comisión encargada de dilucidar qué llevó a estos dos helicópteros a chocar en el aire. Para así también ajustar los protocolos y garantizar que una tragedia lamentable como esta no se repita.

editorial@eltiempo.com.co

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