La hora de Gustavo Petro y Clara López

La hora de Gustavo Petro y Clara López

Gustavo Petro y Clara López tienen en sus manos una decisión que definirá el rumbo de la izquierda en los próximos 10 años. Deben decidir si caminan el desierto solos o suman sus fuerzas a las de Antanas Mockus y Sergio Fajardo. No se pueden equivocar. Tienen apenas días para aclarar su futuro. No hay tiempo para grandes reflexiones. No hay margen para consultas dispendiosas.

14 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Deberían, eso sí, echar un vistazo a la historia reciente de la izquierda.

Los mejores momentos de esta corriente política en Colombia han estado asociados a una preocupación especial por llegar a la opinión pública, a procesos unitarios, a iniciativas sinceras de paz y reconciliación, a demostraciones fehacientes de renovación de las costumbres políticas, a una crítica implacable a la violencia y la corrupción.

De la mano de Bernardo Jaramillo saltó de la marginalidad al protagonismo a finales de los años 80. Bernardo, ostentando la condición de candidato presidencial, sacudió a la izquierda, la alejó de las Farc y de la combinación de las formas de lucha, le enseñó que la democracia era la única vía para conquistar las reformas que el país necesitaba.

Con esta audacia, reunió alrededor de la Unión Patriótica a una parte de la intelectualidad colombiana, a la mayoría de las organizaciones sociales que habían sembrado la protesta en los tormentosos años 80 y a miles de activistas estudiantiles. La muerte no le permitió convertir esta gran movilización ciudadana en votos en las elecciones de 1990, pero dejó un mensaje que bien pronto recogió la Alianza Democrática M-19.

Carlos Pizarro y Antonio Navarro lideraron un segundo momento de ascenso de la izquierda. Lo hicieron renunciando a las armas, convocando al país al reencuentro, liderando la reforma que dio al traste con una Constitución centenaria, sumando fuerzas de la más diversa condición social y extracción ideológica.

Y el tercer momento virtuoso de las fuerzas alternativas corrió a cargo de Lucho Garzón y Carlos Gaviria. Fue ayer. Mientras Garzón ensayaba un ambicioso programa social en Bogotá, Gaviria, prevalido de una enorme autoridad moral, encabezaba la unidad de toda la izquierda en el Polo Democrático y se alzaba con más de 2’600.000 votos en las elecciones del 2006.

Así ha sido el ascenso. El declive, en cambio, ha estado precedido del sectarismo, las rencillas internas, las divisiones, el desprecio por el juicio de la opinión pública, la práctica del clientelismo, la vacilación frente a la guerra y la violencia. Vimos florecer estas actitudes a mediados de los años 90. Las vimos resurgir en los últimos dos años del Polo Democrático.

Precisamente, Gustavo Petro ganó la consulta interna prometiendo que le daría un vuelco radical a esta situación. Que llevaría el Polo a una gran coalición con fuerzas que ofrecieran una renovación de la política. Que empezaría nuevamente a sumar. Que no cejaría en sus críticas a la vinculación entre mafias, violencia y política. Que denostaría la corrupción y el clientelismo. Con esas promesas escaló por unas semanas hasta los 12 puntos en las encuestas y llegó a situarse en el segundo lugar de las preferencias electorales.

Pero, después de las parlamentarias, apareció en el firmamento político una corriente que en el parecer de la opinión pública encarna de manera más genuina la renovación. Mockus y Fajardo, en un abrir y cerrar de ojos, se han convertido en la esperanza de cambio para los jóvenes, para los sin partido, para el electorado urbano.

Nada sería más congruente con los momentos exitosos de la izquierda, nada sería más inteligente y audaz, que acompañar a los Verdes en su camino hacia la Presidencia. Es el reto que tienen ahora Petro y Clara López y podrían sortearlo haciendo una consulta rápida con los principales centros de influencia del Polo: los parlamentarios, en cabeza del senador Robledo, el alcalde Samuel Moreno y el gobernador Antonio Navarro.

lvalencia@nuevoarcoiris.org.co

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