Definitivamente no se vale

Definitivamente no se vale

Detallando fotos de un sobrevuelo del 2009, contiguo a la Sociedad Portuaria de Cartagena vi en la bahía dos enormes piscinas de desecación ganándoles terreno a las aguas. Ante el cambio del uso del suelo navegué al lugar y comprobé que ya secas están listas para la “acresión antrópica”, el relleno “legalizable”.

13 de abril 2010 , 12:00 a.m.

La paredilla del “lote” contiguo delató unos 80 metros cuadrados de relleno con escombros (contaminación de las aguas) que caminaron sobre la bahía.

Denuncié y envié las fotos a las diferentes autoridades y medios de comunicación, alertando sobre el descaro y la ceguera.

Son dos situaciones: una con autorización vencida para “reordenar la orilla”, otra con concesión violada, así lo clarificamos en reunión del 5 de febrero en la Capitanía. Ante mi petición, el capitán de Puerto respondió que en la inspección del 11 de febrero del 2010 al predio concesionado a John Freidel “evidenciaron el desarrollo de tres rellenos y una tala de mangle en la bahía”. Denunciaron el hecho a otras autoridades; nada ha pasado.

Pero lo grave no es solo la concesión violada sino que por incumplirla, en el 2003, Dimar ordenó la pérdida de su fuerza ejecutoria. El acto resultó inocuo, siete años después sigue sin resolverse un recurso de reposición.

Esa ñapa estimuló el irrespeto a la Ley y a la institución sin dientes. No pueden restituir un bien de la Nación, pero sí autorizar rellenos, que, discuto, no están definidos legalmente como viables.

Aunque la capitanía insiste que sí, que “las obras de reconformación, estabilización o rehabilitación de la línea de costa no necesariamente están contempladas bajo la legislación vigente para fines oficiales (públicos)” (sic) –no cita la norma permisiva– el relleno es de cuidado extremo. El cambio del suelo es viable en las zonas determinadas por el POT, previo análisis de impactos, riesgos y la capacidad de carga del ecosistema, discutible en ese saturado sector de la bahía. ¿Lo consideró la licencia de Cardique? La Sociedad Portuaria –la obra está inconclusa– se sustenta en dos resoluciones: la 0172 CPS, de julio del 2007, que autoriza una relimpia de sedimentos en el lecho marino a la que Cardique dio licencia ambiental autorizando la “relimpia, reconformación, estabilización y rehabilitación de la línea de costa”. Incluye, además, la conformación de dos piscinas y seis meses para realizar la operación. Van 31 meses.

Dimar expidió luego la resolución 0017, del 12 de diciembre del 2008, autorizando nuevamente a la Sociedad la relimpia aún incumplida. En su escrito IP-COR-00, del 12 de diciembre del 2008, la sociedad solicitó prórroga para continuar y terminar el trabajo, Dimar, por estar expirado el permiso, el mismo 12 emite un nuevo acto administrativo.

El 12 de diciembre del 2008, el Área de Gente, Mar y Naves de la Capitanía, con vigencia de seis meses, autoriza que concluya la relimpia; también Litorales y Áreas Marinas, el 12 de diciembre del 2008, da concepto favorable. Les dieron 4 meses, arrancando el 12 de diciembre del 2008, fecha de la resolución nueva y en la que se notifica con una X el gerente de la Sociedad.

Al confrontar en la capitanía fotografías, una de las piscinas iba más allá de las orillas. El peritazgo posterior certificó que no, que les hizo falta.

Luego me topo con un edicto donde la Sociedad solicita concesión por 20 años de dos hectáreas para construir en la “orilla reordenada” un parqueadero de tractocamiones. Ignorando el incumplimiento de la resolución del 12 se apoyan en la multiuso licencia de Cardique.

¿Por qué concesión, si las piscinas estaban –según– sobre terreno existente? ¿Licencia aprobando reordenar dos hectáreas de orilla, un cambio del suelo donde autorizan una actividad diferente que congestionará la movilidad? ¿Repetirán la piscina de confinamiento de lodos que mató el manglar y es hoy, al frente de la Sociedad, un “lote” que Edurbe pondrá en venta? Lo peor es que las concesiones por el uso y abuso de lo que es de todos no paguen nada. Definitivamente, ¡no se vale!

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