HISTORIAS DE LAS DOLENCIAS DE GRANDES LÍDERES Poder y enfermedad han convivido

HISTORIAS DE LAS DOLENCIAS DE GRANDES LÍDERES Poder y enfermedad han convivido

REDACCIÓN POLÍTICA “Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre”. La frase, que pertenece a Memorias de Adriano, una novela histórica de Marguerite Yourcenar que cuenta la vida del emperador romano, demuestra que el poder y la enfermedad han convivido juntos.

11 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Las historias de gobernantes y figuras de poder que han soportado dolencias durante sus momentos de gloria se pusieron sobre la mesa esta semana cuando Antanas Mockus, candidato del Partido Verde, reveló que padece el mal de párkinson.

El escritor e historiador Enrique Santos Molano recordó cinco casos relevantes en la historia nacional. El primero es el del presidente Rafael Núñez (1882-1894), quien “tenía un problema de control de esfínteres, algo que lo obligó a permanecer la mayor parte del tiempo fuera de la Presidencia”.

El presidente Manuel Antonio Sanclemente (1899-1900), contó el experto, “padecía de Alzheimer”, una condición que también sufrió el presidente Virgilio Barco (1986-1990).

Santos Molano recordó que el presidente Laureano Gómez (1950-1953) “tenía una enfermedad cardiovascular que lo obligó a retirarse de la Presidencia”.

El último caso es el del presidente Julio César Turbay (1978-1982), quien “sufría de diabetes”.

“Los gobernantes, cuando aspiran al poder, quieren traslucir una imagen de eternidad, de juventud, de pleno vigor, aunque muchas veces, como es normal, cada uno está afectado por sus enfermedades o falencias”, comentó el escritor Enrique Serrano.

En el mundo también han sido numerosos los casos de figuras que han ostentado el poder pese a sus condiciones médicas. Franklin D. Roosevelt, único presidente de Estados Unidos electo para cuatro periodos y padre del New Deal, padeció poliomielitis. La parálisis de sus piernas no le impidió gobernar a su país durante doce años.

También es bien conocido el caso del papa Juan Pablo II a quien los temblores y dificultades para caminar, derivados del párkinson que se le diagnosticó a principios de los años 90, no le impidieron ser uno de los pontífices más carismáticos y viajeros de la historia.

Algo similar ocurrió con Janet Reno, primera mujer que llegó a ser Fiscal General en E.U. Le diagnosticaron la enfermedad en 1995 y siguió en su cargo hasta 2001.

La historia también documenta que el líder palestino Yasser Arafat padeció párkinson, lo que su círculo siempre negó. Lo mismo se dijo del padre de la China comunista, Mao Tse-Tung.

Del dictador alemán Adolfo Hitler se ha dicho que padeció párkinson y enfermedades dentales.

Ya en la historia más reciente, Dilma Rousseff, candidata a suceder al presidente brasileño Lula da Silva, anunció el año pasado que padecía de cáncer y que se sometería a quimioterapia. Siguió trabajando normalmente.

El catedrático de la Universidad del Rosario, Juan Esteban Constaín, destacó la actitud “sincera y noble” de Antanas Mockus y aseguró que la enfermedad no afectaría sus acciones de gobierno, sino que por el contrario genera “mayor solidaridad”

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