La vida diaria en Colombia depende de la exactitud de un solo edificio

La vida diaria en Colombia depende de la exactitud de un solo edificio

Lo más difícil de creer al entrar al laboratorio calzando zapatos con fundas de tela es que en Colombia un kilogramo no sea la suma de mil gramos. Un kilogramo en este país pesa lo que pese un cilindrito de acero guardado en una campana de vidrio, que está dentro de una urna decorada con la bandera nacional.

10 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Y a su vez ese cilindrito –que tiene un gemelo para mayor precisión– es una copia de una pesa que un grupo de expertos mandó hacer en 1889, y que está custodiada en Francia. Si se pierde la pesa de este laboratorio en Bogotá, Colombia se quedará –en teoría– sin saber lo que es un kilogramo. Si se pierde la de Francia, todo el mundo estará –en la práctica– en líos, porque hasta el día de hoy no hay modo de definir el kilogramo sin usar esa pesa patrón.

Así de trascendentales son las cosas en el edificio del Instituto de Metrología de la Superintendencia de Industria y Comercio, una mole rara que comparte dirección con un potrero del Centro Administrativo Nacional (CAN).

Y aunque las señas para llegar no lo demuestren –“no es donde hay un señor cortando el pasto, sino al lado”–, lo que se guarda adentro controvierte conceptos básicos de la vida diaria.

Un tinto bien calibrado.

Porque así como el kilogramo no son 1.000 gramos, el segundo no es la sesentava parte de un minuto, ni el metro son 100 centímetros.

El segundo –explican los científicos que trabajan aquí– es en realidad lo que tardan unos átomos de cesio en cambiar de estado, y el metro es lo que recorre la luz en un período 300 millones de veces más corto que un segundo, y de nuevo hay que remitirse al cesio para calcular el segundo. Así ocurre con las demás unidades de medida, cada una de las cuales tiene asignada uno o más de los 13 laboratorios.

Todo el país depende de que este edificio funcione bien: desde las balanzas de los supermercados hasta los cinturones de seguridad y los aparatos para diagnosticar el colesterol dependen del trabajo del Instituto de Metrología.

“Desde que nacemos hasta que morimos la metrología está con nosotros. Cuánto pesamos al nacer. Cuál fue la causa de la muerte. Eso se mide con máquinas calibradas siguiendo patrones precisos, que en Colombia son los que se manejan en este lugar”, resume Carlos Porras, coordinador del Grupo de Metrología, mientras confirma que la bolsita de azúcar que le está poniendo a su tinto contiene la cantidad que dice la etiqueta.

El custodio de que la bolsa pese lo preciso es Jorge García, un físico que llega a trabajar por puro gusto a las 4:30 o 5 a.m., incluso sábados y domingos, y entre sus pocas pausas está correr la media maratón.

‘Al salir soy un mortal más’.

Con los patrones que se guardan en este edificio –el kilogramo oficial, el metro oficial o el reloj oficial– se calibran los de otros laboratorios de menor rango en el país y parte de Latinoamérica, incluidos los de grandes empresas, como ingenios, farmacéuticas o de alimentos.

La precisión llega a tal grado que el metro oficial tiene una desviación de 2 ó 3 millonésimas de milímetro. ¿Y cuánto es eso? Baste decir que un cabello puede ser 4.000 veces más ancho, menciona el coordinador del laboratorio de longitud, Víctor Hugo Gil.

Y como si tantas mediciones no fueran suficiente, uno de los laboratorios controla la hora nacional (ver gráfico) mediante un reloj atómico. Y es tan preciso que hay que atrasarlo cada cierto tiempo. Hoy la hora está atrasada 34 segundos frente al aparato.

Mientras todo eso ocurre, afuera ya dejaron de cortar el pasto. “Yo salgo y soy un mortal más. Pero aquí cumplo una labor para todo el país”, dice Jorge García. Con solo pasar adentro unas horas, uno vuelve a la realidad y le cree.

Una ley para entrar a las grandes ligas de la metrología.

Para este martes 13 de abril está programado –como octavo punto– el último debate del proyecto de Ley 377 de Cámara y 279 de Senado (2009) que busca que Colombia firme, 135 años después, la Convención del Metro de 1875.

Este acuerdo, al que se han adherido 54 estados, rige a la Oficina Internacional de Pesas y Medidas (BIPM).

Tras la firma, el Instituto Nacional de Metrología podría calibrar sus equipos y patrones directamente con la BIPM. Además, el país recibiría una copia del ‘kilogramo universal’, que aumentaría la exactitud de las mediciones.

Los beneficios recaerían en la industria y comercio, ya que mejores laboratorios de medición permiten reducir el desperdicio de materias primas, fabricar productos de mayor calidad y eliminar obstáculos técnicos a la hora de exportar productos.

Hasta ahora, las comparaciones de mayor rango se han hecho en Alemania. Los laboratorios de masa, balanzas y presión fueron acreditados en agosto del 2007 por cinco años por ese país.

El café, con sello de autenticidad.

Gustavo Valbuena, superintendente de Industria y Comercio, explica que Colombia tiene una posición de liderazgo en la región en metrología, pero falta más enfoque hacia lo que necesita la industria.

Un ejemplo es el café, la bebida nacional por excelencia, que carece de un patrón sobre el cual medir su calidad, dice Carlos Porras, coordinador de Metrología. Tener un rasero para medir qué es café colombiano y qué no podría fortalecer las marcas nacionales, tal como ocurrió con Chile –afirma Porras–, país en donde el vino cuenta con sus propios laboratorios de metrología.

Esa es una de las metas a futuro de su equipo de trabajo. Por el momento, se alistan a abrir dos laboratorios más.

Uno de ellos prestará servicios a sectores estratégicos para el país, pues medirá PH (medición de acidez o alcalinidad), un dato necesario para las industrias textil, cosmética y de biocombustibles.

El segundo laboratorio medirá la conductividad electrolítica, útil, por ejemplo, para industrias que dependen de la calidad del agua.

CÓMO DEFINIR EL ESQUIVO KILOGRAMO SIN UTILIZAR UNA PESA.

Saber qué es un kilogramo sin recurrir a algo material es la meta que cuatro equipos de científicos de varios países esperan cumplir antes del 2015.

De las siete unidades básicas de medición, el kilogramo es la única que aún depende de una muestra física que, irremediablemente, se altera con el tiempo y el ambiente: una pesa guardada en Francia. Cada equipo trabaja en un método de medición y hay dos que lideran las apuestas. Uno de ellos es definir cuántos átomos de un elemento dado se necesitan para que pese un kilogramo.

Otro grupo trabaja en la balanza watt o kilogramo electrónico, que consiste en calcular cuánto impulso eléctrico se requiere para que una balanza especial resista el peso de un kilogramo

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.