Diluvio sume en el dolor a Brasil

Diluvio sume en el dolor a Brasil

Un aguacero de proporciones diluvianas que comenzó en la tarde del lunes y que 24 horas después no cesaba dejó al menos 95 muertos y una decena de desaparecidos en el estado brasileño de Río de Janeiro, cuya capital quedó sumida en el más absoluto caos.

07 de abril 2010 , 12:00 a.m.

El temporal, que en principio estuvo acompañado por vientos de hasta 70 kilómetros por hora en algunas zonas, causó deslizamientos de tierra en numerosas colinas de la ciudad de Río y municipios vecinos que se llevaron por delante humildes viviendas y sepultaron a muchos de sus habitantes.

Mientras tanto, el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, apeló a la ayuda divina: “Lo único que se puede hacer es pedirle a Dios que pare un poco la tempestad para que se recupere la normalidad”.

Según el cuerpo de bomberos, el mayor número de muertos se registra en las ciudades de Niteroi y Sao Gonzalo, vecinas de Río, donde han sido contabilizados 46 fallecimientos, hasta ahora.

En la ciudad de Río son 34 las personas que perdieron la vida por derrumbes en los barrios de Andaraí y Jacarepaguá, así como en favelas que ocupan los morros Dos Prazeres, Borel, Dos Macacos y Turano.

El resto de muertes, también por deslizamientos de tierra, se han reportado en otras localidades del estado, como Petrópolis, Nilópolis y Paracambí.

En otras ciudades, como Maricá, Cabo Frío y Arraial do Cabo, decenas de personas quedaron damnificadas por el vendaval.

Calles hechas ríos La cifra total de fallecidos sube con el paso de las horas y, a juzgar por los informes que llegan sin cesar a la Defensa Civil sobre nuevos deslizamientos y desapariciones, el número de víctimas fatales superará el centenar.

En la favela (barrio pobre) Morro das Mangueiras, al norte de Río, las imágenes aéreas de TV mostraban gente pidiendo socorro desde las azoteas de edificios precarios de tres o cuatro pisos, que quedaron al borde de un precipicio debido a un gigantesco deslizamiento. “Esas personas están casi suicidándose, es una irresponsabilidad que permanezcan allí”, comentó a voz en cuello el gobernador del estado de Río, Sergio Cabral, al canal Globo, que mostraba las imágenes de los residentes agitando ropa y tarros de plástico en demanda de ayuda.

Según los servicios meteorológicos citados por la televisión local, en el barrio de Sumaré, cercano al Corcovado, donde se erige la famosa estatua del Cristo Redentor, símbolo de Río, las precipitaciones alcanzaron hasta 270 milímetros, el doble de lo que se registra en promedio en todo el mes de abril.

El aguacero convirtió en auténticos ríos muchas calles y avenidas de la ciudad, donde en la mañana de ayer era prácticamente imposible circular, mientras la gente hacía peripecias para tratar de llegar al trabajo.

Con el tráfico de vehículos colapsado, los establecimientos educativos suspendieron las clases, el comercio no abrió las puertas, las empresas funcionaron a media marcha por la disminución de trabajadores y la habitualmente soleada Río de Janeiro estuvo cubierta por un manto gris y prácticamente desierta.

Los gobernantes se han apresurado a culpar de la tragedia a la meteorología y a sus antecesores por permitir el crecimiento desordenado de las favelas en las faldas de los morros de la ciudad que será sede de los Juegos Olímpicos del 2016 y una de las subsedes del Mundial de Fútbol del 2014

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