¡Con el pueblo soberano no se juega!

¡Con el pueblo soberano no se juega!

El artículo 3 de la actual Constitución reza: “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece”.

04 de abril 2010 , 12:00 a.m.

¡No hay derecho a que algunos funcionarios públicos estén jugando a “inocentadas”, como lo vienen haciendo, con el pueblo! Llega a tal punto el cinismo con que algunos están jugando últimamente con la palabra inocente, que cabe la duda de si habrán adelantado el 28 de diciembre, o de si están creyendo que el pueblo vive en el limbo de un tonto y permanente 28 de diciembre.

¡Cuidado! ¡Con el pueblo no se juega! Es soberano. ¿O es que estarán confundiendo pueblo soberano con populacho borrego y manipulable? Borrego, según el diccionario de la Academia, es “cordero o cordera de uno o dos años; persona que se somete gregaria o dócilmente a la voluntad ajena”.

Es exactamente lo que tratan de hacer algunos funcionarios con el pueblo colombiano: domesticarlo para explotarlo y vivir de sus productos: lana y leche; impuestos y más impuestos.

¡Alto ahí! ¡El pueblo colombiano es declarado, por la actual Constitución, soberano y fuente suprema de todos los derechos y poderes! ¿Habrán olvidado algunos padres de la patria que el pueblo es soberano, y que ellos deben ser sus servidores y no sus ávidos esquilmadores? ¿Que si legislan, deben hacerlo únicamente por el bien del pueblo y nunca en provecho propio? Con ello, el senado se declara soberano y al pueblo, borrego.

Como siempre, pero quizás más en esta última ocasión, algunos candidatos a curules y cargos de gobierno cautivaron votos con promesas vacías y compraron votos con dineros mal habidos. Y hoy estas promesas se encuentran sepultadas bajo el alud de impuestos, peculados, fraudes y prevaricatos.

El pueblo es juzgado inocente –no en el sentido de sin culpa, como se creen ellos–, sino en el sentido de tontos, pacíficos y borregos.

No se gobierna con palabras sino con hechos. Y hoy día el pueblo está cansado con el acervo de palabras hueras y del abuso de su soberanía constitucional. No hay derecho a creer al pueblo inocente, mientras algunos de ellos se declaran mutuamente inocentes, siendo tan vivos y culpables como el pueblo lo sabe.

Estoy invitando al pueblo, en especial a los contribuyentes y votantes a reclamar valientemente sus derechos frente a algunos hombres de Estado, injustos e incumplidores de sus deberes y promesas.

Si me preguntan cuál de los males que aquejan hoy a Colombia –por citar algunos: narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, impunidad y corrupción adminis-trativa–, respondería, sin vacilar, que esta última, ya que ella explica y resume las cuatro anteriores.

Si tuviéramos más congresistas, jueces y gobernantes honestos contaríamos con la mejor arma para combatir la guerrilla, el narcotráfico y la impunidad, fuera de que tendríamos dinero suficiente para mejorar la salud y la educación y aun para hacer obras, muchas obras, como metros, verdaderas autopistas y otras mil.

Pero los billones que hoy tributa parte del pueblo no alcanzan ni para saciar la voracidad de unos ávidos funcionarios del Estado.

¡No hay derecho a jugar con el pueblo! Este es soberano y, como tal, se encuentra por encima de todos sus representantes. En todos y cada uno de los representantes del pueblo se requiere sinceridad, honestidad y servicio al pueblo.

Pero ¿qué pasa con algunos de nuestros funcionarios públicos? ¿Habrán perdido la mente cuando consideran tonto al pueblo, mientras ellos se declaran mutuamente inocentes, y se defienden atando las manos de los pocos que tratan de fiscalizarles sus actos? Ya el antiguo pueblo romano, siempre soberano en sus juicios populares frente a sus omnipotentes emperadores, acuñó una frase, llena de sabiduría.

No resisto el deseo de citarla primero en latín, ya que tiene un sabor intraducible: “Lupiter, quos vult perderé, dementat”. Júpiter quita la razón a los que quiere echar a perder. ¿Será que hoy se está cumpliendo entre nosotros esta sabiduría popular romana? cenalbe@javeriana.edu.co

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