Para no apartar los ojos del horror

Para no apartar los ojos del horror

“El ser humano es capaz de apartar la mirada de los hechos horrorosos que él mismo es capaz de crear. Lo más horrible es ajeno cuando no te toca o sucede cerca a ti”, dice Álex Rigola, director del Teatro Lliure de Cataluña, para explicar la esencia de 2666, la maratónica propuesta teatral (de cinco horas de duración) que se presenta desde hoy en el XII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.

01 de abril 2010 , 12:00 a.m.

La puesta en escena, basada en la obra homónima de más de mil páginas del escritor chileno Roberto Bolaño, explora la violencia de la que han sido víctimas las mujeres en Ciudad Juárez (México), a través de cinco episodios que dan cuenta de una problemática que, en opinión de Rigola, no ha tenido la atención mundial necesaria.

“Trabajé durante un año junto a Pablo Rey en la adaptación de la novela. Eso nos dejó exhaustos creativamente y nos enfrentó a la decisión de tener que prescindir de hechos que ofrecía el texto. Era como desprenderse de un hijo, pero era la única manera de hacerlo”, recuerda Rigola.

La pieza gira alrededor del novelista Benno Von Archimboldi y de una localidad llamada Santa Teresa (álter ego de Ciudad Juárez), en la que la violencia hace parte del paisaje sin que muchos se sientan tocados por sus consecuencias.

Once actores interpretan a 40 personajes que bordean el drama que inunda el territorio. “Los personajes se involucran poco a poco. Hay una de las piezas en la que un periodista que va a cubrir una pelea de boxeo se encuentra con esa realidad apabullante”, agrega el director.

Una experiencia en terreno El mismo Rigola viajó a Juárez a conocer el ambiente que buscaba plasmar en su pieza teatral.

“Visité junto a un reportero de la zona lugares a los que no hubiera sido capaz de ir solo. Fue toda una experiencia visitar una ciudad de no más de un millón de habitantes en la que cada año se cometen 2.400 asesinatos. Me di cuenta de que vivo en una burbuja y de que el verdadero peligro lo tiene la gente de allá”.

Aunque tiende a detestar las piezas que monta, Rigola reconoce que el amor por 2666 sigue intacto y que la reflexión acerca de la impermeabilidad humana ante el dolor es un tema que tiene mucha tela para cortar.

“Este trata de demostrar lo cerca que estamos y lo alejados que podemos situarnos cuando nos interesa”, asegura Rigola, que en la niñez acompañaba a su madre a las obras del Teatro Lliure (que después sería su colectivo de trabajo) y pasó por una carrera de comunicaciones y de actuación antes de dedicarse a la dramaturgia y a la escritura.

“El mundo se salvó de uno de los peores actores del planeta, pero creo que ha ganado un director teatral”, finaliza

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