ESPUMA DE LOS ACONTECIMIENTOS Secuestros y seguridad democrática

ESPUMA DE LOS ACONTECIMIENTOS Secuestros y seguridad democrática

La liberación en esta Semana Santa del sargento Pablo Emilio Moncayo, cautivo de las Farc por 12 años, y del soldado Josué Daniel Calvo, rehén del mismo grupo subversivo durante 11 meses, ha sido recibida por el país con franco alivio y jubilosa complacencia.

01 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Nunca su secuestro, como ningún otro, tuvo visos de legitimidad o de humanidad.

En consecuencia, el hecho de que unilateralmente se le pusiera fin ha sido motivo de alegría, mas no de justificación ni de exculpación del atroz delito.

El Centro de Información de las Naciones Unidas para Colombia, Ecuador y Venezuela ha formulado un llamado a las Farc para que entreguen los restos del mayor Julián Ernesto Guevara y liberen, en forma inmediata y sin condiciones, a todos los soldados y policías desde hace varios años retenidos, así como a todas las personas secuestradas. “Ratificamos –declara– que la privación de la libertad sistemática y prolongada de militares y civiles y los tratos inhumanos y degradantes a que son sometidos constituyen un crimen de guerra, y podrían constituir también un crimen de lesa humanidad según el Derecho Internacional Humanitario”. Esta plena liberación sería, a su juicio, paso indispensable para avanzar hacia condiciones de reconciliación y paz.

A su turno, el presidente Uribe Vélez vislumbra la hipótesis de lo que se ha denominado un acuerdo humanitario con el requisito ineludible de que los guerrilleros liberados no volvieran a delinquir y demostraran voluntad efectiva de someterse a las leyes de la República.

La ilegitimidad del secuestro y la toma de rehenes no deben prestarse a duda. Se pretendió disimular su naturaleza cruel envolviéndolos en el cobro de un arbitrario y supuesto gravamen de guerra, pero a poco se desnudó la brutalidad desalmada de la argucia. El éxito de la consigna de seguridad democrática obedeció a que las gentes entendieron e incluso sufrieron los males de inseguridad y sobresalto que, entre otros, tal divisa anunciaba el propósito de exterminar. Tanto más cuanto que a los secuestros se sumaban actos vandálicos contra la población civil y actividades de narcotráfico para el financiamiento complementario de la subversión. El conocimiento de las condiciones vejatorias en que se mantiene a los cautivos, sin excluir su encadenamiento, contribuyó a formar clara conciencia contra semejante barbarie.

En realidad, dicha consigna de seguridad democrática se abrió paso porque respondía a una necesidad. Guardadas distancias de tiempo y lugar, equivalía a lo que el maestro Darío Echandía llamaba en frase campesina el derecho a pescar de noche. Porque interpretaba una vasta aspiración, tuvo generalizada acogida. Sin desconocer por ello la importancia de agregarle la palabra y el concepto social, como se hiciera universalmente después de la segunda guerra mundial y, con anterioridad, por la política renovadora del New Deal de Franklin D. Roosevelt. O, como ahora mismo se plantea, para que sin perjuicio de la libertad y la justicia, haya seguridad en todos los órdenes de la vida, empezando por la salud. O, dicho en el lenguaje jurídico de nuestra Constitución Política, Estado Social de Derecho.

No en vano los candidatos presidenciales la toman de punto de partida, diáfano y fuerte, para añadirle otros fines, sin menoscabo de su significado original: el de equidad, el de prosperidad, el de pleno empleo o el de igualitarismo. Lo cierto es que en varias ciudades va siendo menester un gran esfuerzo por reaclimatarla. No sólo en Medellín y Buenaventura, no sólo en la región suroccidental, sino en la propia capital de la República, afectada por los atracos y los asaltos residenciales, hechos distintos de los relacionados con el narcotráfico. Al efecto, no hay que bajar, sino montar la guardia y ver cómo se combate la delincuencia organizada de pandillas duchas con mayor eficacia y preparación adecuada a sus retos.

En la presente Semana Santa, agreguemos la invitación a honrar los principios y valores cristianos, aquellos que emanaron de los precursores, la vida y el sacrificio de Jesús

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.