‘Dos liberaciones no son suficientes'

‘Dos liberaciones no son suficientes'

A Olga Arandia ya no le molesta que le digan que se quedó para vestir santos.

01 de abril 2010 , 12:00 a.m.

Antes, cuando alguna mujer casada la llamaba así por el hecho de ser soltera y por haber destinado su existencia a la vida de una parroquia, ella respondía: “Esto de vestir santos es bueno. Si yo escogí vestir santos, usted escogió vestir a un hombre que la frustró y que seguramente no la hace feliz”.

La mujer, de 53 años y corta estatura, aclara que la soltería y la vida religiosa fueron su gran elección, nunca un refugio o la salida de una mujer angustiada por no haber conseguido marido –explica–, porque estuvo a punto de casarse después de un largo noviazgo.

Olga ha pasado por los diferentes oficios de ese apostolado: cantar en el coro, preparar el atril para la misa, recoger la limosna, barrer el templo, servir el vino y las hostias, y, por supuesto, vestir a los santos para las procesiones de la Semana Santa.

Ella, desde hace 11 años, desempeña una dignidad que se les ha asignado más a los hombres: la sacristanía.

Es Semana Santa, la temporada más agitada del año para los servidores de la Iglesia católica, y ella, como la sacristana de la parroquia de San Francisco Javier, en el sur de Bogotá, está más ocupada que nunca. Los santos ya están listos, acicalados, dispuestos para las ceremonias religiosas de esta época.

“Olguita es, prácticamente, la dueña de la parroquia. Es una mujer muy organizada: con ella todo funciona perfectamente”, dice el padre Gonzalo Amaya, para quien es la mano derecha desde hace más de 10 años.

Por los pasos acelerados de Olga nadie se podría imaginar que sufrió una parálisis al nacer que le permitió caminar sólo cuando cumplió 8 años. De pequeña, mientras aguardaba en una cama, ante la imposibilidad de moverse por sí misma, escuchaba las campanas de la parroquia Las Cruces –donde vivía con sus padres y sus ocho hermanos– y sentía un llamado especial. Por eso, cuando por fin pudo caminar, se escapaba de casa para irse a las procesiones, a arreglar las flores o a ensayar con el coro.

Varias comunidades de religiosas, que conocieron de su vocación, le ofrecieron que se enfundara en los hábitos de una monja. Tampoco quiso.

“Irme de religiosa a un convento comprometía mi vida familiar, y para mí la vida familiar ha sido fundamental”, cuenta Olga, al explicar que descartó ese ofrecimiento porque no estaba dispuesta a separarse de sus padres ni de sus hermanos.

El desfile de silleteros, ahora también en Semana Santa NÉSTOR ALONSO LÓPEZ L. CORRESPONSAL DE EL TIEMPO De Santa Elena surgió el desfile de Silleteros, la emblemática y vistosa celebración de los antioqueños, y ahora también, la primera Semana Santa hecha de flores.

En la vereda de Barro Blanco de este corregimiento, a media hora del centro de Medellín, iniciaron el domingo pasado una festividad religiosa en la que, en vez de imágenes de yeso, salen a desfilar un Jesucristo, una María y otros personajes hechos con las texturas delicadas de las corolas.

“Nuestra intención es potenciar una evangelización de la cultura y una inculturación del Evangelio, donde buscamos que toda esa herencia, ese patrimonio, se vaya fortaleciendo y cruzando”, dice José Ignacio Rico, teólogo y gerente de la Corporación Ecológica y Cultural Familia Londoño, una de las entidades comprometidas con la ‘Semana Santa en flores y silletas’.

Esta entidad se conformó hace un año y en su seno hay tres hermanos coronados campeones del Desfile de Silleteros, en la categoría de silletas emblemáticas: Luis Felipe Londoño ganó en el 2004; Mauricio, al año siguiente, y Diego Antonio, en el 2009.

Ellos, junto con José Ignacio, dibujaron las figuras bíblicas a mano y poco a poco el resto de la familia les está poniendo los colores con pétalos y ramas de araucaria.

El Jesús glorioso y el burro con los que escenificaron el Domingo de Ramos, la entrada triunfal a la ciudad sagrada de los judíos y musulmanes fueron esculturas forradas de flores y rodeadas de follajes naturales.

Hoy, Jueves Santo, el Lavatorio será representado por imágenes con volumen de Jesús y una Magdalena ungiéndole los pies en agua. Luego, en la noche, el monumento de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen se adornará con silletas de flores exóticas.

Y mañana, los once pasos del viacrucis serán silletas. Ya están dibujadas y parcialmente rellenas con una flor minúscula y seca llamada vira vira. Por la tarde, la procesión del Calvario estará igualmente engalanada de ramilletes pequeños, pero en gran cantidad.

En la Vigilia Pascual combinarán silletas monumentales y tradicionales, según explica Blanca Londoño, la matrona de esta estirpe, quien luce una gran vitalidad aún con sus 64 años.

En la Resurrección saldrán las silletas de toda la semana; como quien dice será un desfile de silleteros temático en pleno abril, cuatro meses antes del original.

- El cura que evangeliza a punta de reguetón REDACCIÓN VIDA DE HOY A las 10 de la noche de este Jueves Santo, el padre Aicardo Alzate, después del lavatorio de pies y de la eucaristía de la Última Cena, ofrecerá un concierto junto con el popular cantante ranchero El Charrito Negro.

La presentación será frente a la Basílica del Señor de los Milagros de Buga (Valle), donde el padre Alzate hace parte del ejército de 20 sacerdotes del concurrido santuario.

Plegaria al milagroso es el nombre de la canción que entonará con el Charrito, en tributo al Señor de Buga, ante unos 15.000 espectadores. De inmediato, este sacerdote antioqueño, de 29 años, interpretará su más reciente éxito: El reguetón a la Virgen, que es toda una sensación en las emisoras cristianas del país.

“Hey, mi hermano, esta canción es para todo aquel que no tiene miedo de creer en Diossssss; de marcar su vida con el sello de los triunfadores”. Así empieza la melodía, entre sonidos electrónicos para darle paso al coro: “Una luz de lo alto llegó, una luz de lo alto llegó, como fuerte rayo del cielo bajó”. Luego, a ritmo de rap, pasa al episodio de la Anunciación del arcángel Gabriel a María.

Del reguetón pasará a la ranchera con El malgeniado, tema que les compuso a los hombres machistas y maltratadores. También cantará vallenatos, baladas, boleros, salsa, merengues y bachatas, producto de los cinco discos que ha grabado durante los últimos cinco años en su cruzada, a la que denominó la “predicanción”.

“De joven quería ser sacerdote, pero también quería ser músico. Sentía las dos vocaciones y decidí combinarlas”, dice el padre Aicardo.

Con los discos, que grabó con la venta de empanadas y con diversas actividades parroquiales, este religioso de la comunidad redentorista busca llevarles alegría a los jóvenes. “La música está metida en todos los niveles con un mensaje que no pasa de moda: el de Dios”, dice, al aclarar que, como lo dijo Juan Pablo II, en estas épocas de incredulidad hay que acudir a la creatividad para que la humanidad no pierda la fe.

“Muchos muchachos no van a misa, pero sí escuchan El reguetón de la Virgen, el mensaje les quedará sonando”, cuenta el padre Aicardo, quien no sólo interpreta sus canciones en conciertos: también en las misas

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