JAIME RODRIGUEZ

JAIME RODRIGUEZ

Este hombre, de figura alargada y expresión reflexiva, ha logrado la hazaña de poner a 11 muchachos, casi adolescentes, a pelear por el título del fútbol profesional colombiano contra costosas y veteranas escuadras. Jaime Rodríguez sacó al Deportivo Independiente Medellín (DIM) de las últimas posiciones de años anteriores. El equipo, ahora arriba, llena los estadios y deja el mejor sabor a fútbol.

11 de noviembre 1990 , 12:00 a.m.

Para crear ese juego, a veces fantástico, con muchachos que forman el equipo más joven del fútbol profesional (21 años de promedio), el técnico Rodríguez tiene esta filosofía: el futbolista es un artista y el público paga para verlo jugar; que se divierta y divierta a la gente.

Pero no hay que imaginar que Rodríguez tiene como máxima guía algún libro de fútbol. No. Su libro de cabecera es La Biblia: la lleva a todas partes para leer especialmente los Salmos y los Proverbios.

Este hombre de 42 años, cabello entrecano y rostro enjuto, se mueve con parsimonia por el camerino, y da instrucciones a cada muchacho, entre el olor amentolado de la pomada con que se masajean las piernas.

Para él es importantísima la concientización del grupo y la fe en Dios. Al Señor yo le debo todo. Rezo siempre en el camerino, y todos los días. Creo que no podría dirigir a un jugador ateo .

Con su camisa cerrada hasta el último botón del cuello parece un sacerdote. Y antes de cada partido, en el camerino, oficia con sus 11 apóstoles del buen fútbol una ceremonia verdaderamente religiosa.

Los llama, se abrazan y se inclinan. Y empieza el rito sagrado: Todos cerremos el círculo, nuestro círculo, el círculo de la victoria. Bien ubicados, buen ánimo, buen temperamento, mucha personalidad. Le damos gracias al Señor por lo que nos ha dado. Que nos dé templanza, inteligencia. Vamos con poder, somos los mejores. Ahora, treinta segundos de oración... Que Dios y la suerte nos acompañen. Uno, dos tres... Medellín! .

Los jugadores --que parecen muchachitos de un equipo de colegio en un barrio popular-- cruzan el túnel y salen a la cancha en medio de la estruendosa ovación del público.

En las esquinas del camerino quedan sus altares con imágenes santas alumbradas con veladoras. Es difícil encontrar un técnico que tenga tanta fe religiosa. Yo nunca tuve un técnico que rezara con todos antes de salir a la cancha. Para mí, como trabajamos en grupo, es una manera de unirnos , dice y agrega que su fe se la transmitió su esposa María Consuelo Sánchez.

Rodríguez nació en Bucaramanga y desde niño se trasladó con su familia a Bogotá. En la Escuela Militar, donde estudió año y medio, las aulas tenían vista al campo de fútbol y él quedaba lelo viendo a los jugadores del Independiente Santa Fe que entrenaban allí.

Su madre le quemaba las pantalonetas y lo dejaba encerrado mientras ella se iba a trabajar. Pero él se fugaba y empezó a ser estrella del fútbol en todos los colegios y en la Selección del Distrito. Llegó a profesional con Santa Fe y Millonarios. Estuvo cinco años en la Selección Colombia.

Pero no aprendió tanto de los éxitos como de los fracasos: debutó como profesional, en 1970, en un partido entre Santa Fe y la Selección de Uruguay en el Campín. Lo entraron al segundo tiempo, y sólo duró 15 minutos en el terreno. El entrenador lo sacó, decepcionado, por su desastroso juego.

Esos fueron los 15 minutos de derrota que cambiaron mi vida. Esa noche no pude dormir, era una pesadilla. Reconsideré dentro de mí si servía o no para esto. Empecé por concientizarse positivamente y dije: carajo, yo puedo hacerlo! .

Después le dieron otra oportunidad e hizo un gol. Y llegó el éxito, hasta 1983 cuando dejó el fútbol profesional. En 1984, con un préstamo del gobierno viajó a París, Yugoslavia e Italia, y se preparó como técnico. Entrenó al Cúcuta y en tres meses no ganó un sólo partido. En el Tolima le fue mejor.

Al DIM ingresó en 1988. Había crisis. Pero él, con los muchachos, varios de ellos de sólo 17 años, llevó al equipo al sitio que hoy ocupa: clasificó para el octogonal y disputa el título de la Copa Mustang. Es el equipo más taquillero del país este año.

Rodríguez dice que con la hichada del DIM no hay nada que hacer: es la mejor de Colombia. Salimos para otra ciudad, y van cinco mil personas a acompañarnos. Y es más especial con nosotros cuando perdemos que cuando ganamos .

Cuando pierde, Rodríguez nunca le echa la culpa a los árbitros. Ante la prensa deportiva de Medellín prometió no hablar mal de un árbitro nunca, y ha cumplido.

Este técnico de puntualidad obsesiva desde que estudió en la Escuela Militar, lee libros de metafísica para autosugestionarse positivamente.

No se obsesiona por la fama ni el dinero. La ventaja de ser buen técnico es que da tranquilidad y se está bien con uno mismo, lo otro es material , dice.

Y la clave del éxito del DIM la resume en este lema: Hay que atacar siempre, buscar el arco contrario siempre, no me gustan los equipos defensivos .

Lo interesante es que esa obsesión logró trasmitirla a los muchachos. Por eso hay equipos de primera línea con ganas de contratarlo. Pero, por ahora, a él sólo le preocupa el DIM y el futuro de sus jugadores: A estos pelaos hay que ubicarlos, que sepan manejar la fama y no pierdan el sentido de las proporciones .

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