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LA TENTACIÓN DE LA DESESPERANZA

LA TENTACIÓN DE LA DESESPERANZA

El de la campaña electoral ha sido otro episodio de la desmoralización nacional de hace años. Es incompleto entonces pedir justicia solamente para este capítulo. Sin descuidar que de su desenlace dependerá el de otros nuevos. Muchos que exigen ir al fondo, como debe ser siempre, no van más allá de reclamar sacrificios expiatorios coyunturales sin hacerlo para daños más profundos. Porque además de la legitimidad, la gobernabilidad o la autoridad de un gobierno, están en cuestión la credibilidad de la política y de la justicia, que tienen culpa mayor. Sería distinta la situación si el poder y sus controles fueran rectos.

A primera vista el país se daña más en cuanto de los escándalos sucesivos no queda sino ruido. Pero algo dejan tantas crisis. Por ejemplo, se aprende que el delito no paga; que con las precauciones debidas, la denuncia de la corrupción y la oposición son funciones higiénicas indispensables; que son más temibles la corrupción y sus efectos que su erradicación. Pocos desfallecimientos son tan costosos como el moral. Se desconfía de la eficacia de la justicia, pero se aprende que sin ella la sociedad se descompone. Se clarifica que las crisis no son siempre institucionales, como se pretende para exonerar a personas. La culpa no es de la Presidencia, del Congreso, de las Cortes, sino de sus agentes. Tampoco de los partidos sino de sus dirigentes y sus aduladores. La falla es humana, y de que nadie la fiscalice ni castigue. La picardía se ha ido apoderando del país, y el dinero de la política; en algún momento y sitio hay que trazarles una raya. Sea o no sucio el dinero que elige, de todas maneras es demasiado donde hay tanta miseria. Si el oro manda, y no se diga cuando es criminal, la sociedad está perdida. La Presidencia, por ejemplo, debiera merecerse y no comprarse; ni debiera manipularse, por medio de ventajas, al legislador o a la supuesta oposición.

Los colombianos jóvenes manifestaron mayoritariamente, en un sondeo, su preferencia por la honestidad. El futuro está sano mientras no lo contaminen doctrinas que defienden la acumulación como ideal y el dinero como forma del poder. En ese sentido las lecciones del narcotráfico son contundentes. Lo que de paso responde a la inquietud de cuánto interesan estas crisis en calles y campos. No es suficientemente claro lo que pasa en ellos? Colombia supera algo la desesperanza cada vez que hay demostraciones reales contra la impunidad, como capturas de delincuentes. Otras serían que, por ejemplo, se aprendiera a elegir y a no tragar cuento. No hay que temerles a las crisis si delatan al culpable y absuelven al inocente.

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