LA DESTORCIDA ECONÓMICA

LA DESTORCIDA ECONÓMICA

Cuándo comenzó a torcerse la economía colombiana? es la pregunta que se hacen entendidos o no del tema. Las posiciones se mueven en un rango que tiene dos extremos: unos que creen que la responsabilidad de todo o muy buena parte está en el efecto Samper , que arrancó en forma a mediados del año pasado cuando se destapó el tema de la narcofinanciación de la campaña.

17 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Los otros -generalmente encabezados por voceros oficiales- consideran que lo que está pasando ahora es en buena parte producto de lo que se ha dado llamar el guayabo de la apertura económica iniciada en el gobierno de Gaviria y en otra, por efecto de la severidad de la política monetaria adoptada por el Banco de la República.

El consenso entre los entendidos es que las primeras señales graves de deterioro se hicieron evidentes a mediados del año pasado con la reducción en el ritmo de crecimiento de la construcción de vivienda y la venta de vehículos y la poca liquidez que se dejó entrar a la economía, como instrumento para prevenir brotes inflacionarios.

La confusión radicó en que esos hechos meramente económicos coincidieron con la ocurrencia de dos acontecimientos muy significativos: por un lado comenzaron a ser capturados los capos del cartel de Cali y por otro se destapó en forma la crisis política que comprometió directamente al presidente Samper.

Luego en la última parte del año se dio una ligera -pero lógica- recuperación de la economía, que coincidió con el primer mogollonazo . Sin embargo, los factores económicos adversos se mantuvieron presentes durante todo el segundo semestre: caída de la construcción, reducción de la venta de carros y unas altas tasas de interés, entre otros.

Al finalizar el año, el consenso era general: 1995 fue un buen año y 1996 sería lo mismo. Pero las cosas cambiaron en el primer trimestre no tanto en el frente económico sino en el político: habló Botero, se inició el recorrido del segundo mogollonazo y Estados Unidos descertificó a Colombia.

Los entendidos opinan lo mismo: la ocurrencia de esos hechos tan graves en el campo político para el país ocultaron la realidad de lo que se estaba gestando en la economía: una sustancial caída en el crecimiento, cuyas evidencias parecen no ser controvertibles: en este año, los más optimistas -el gobierno- creen que el crecimiento será del cuatro por ciento, más de una quinta parte menos de lo estimado, en tanto que hay expertos que piensan que la cuestión será peor: el presidente de ANIF Javier Fernández piensa que un 2.5 por ciento puede ser generoso.

Y vuelven nuevamente los extremos: el gobierno que atribuye la caída a los efectos de la política del gobierno anterior y los críticos que colocan al efecto Samper como la primera razón de la situación económica.

Datos muy malos Según datos preliminares del mismo Departamento Nacional de Planeación, la industria manufacturera sin trilla de café registra una tasa de crecimiento negativa del uno por ciento y la agricultura -excluyendo café- solo crece al uno por ciento. Las licencias de construcción caen cerca de un 20 por ciento.

Pero hay otros indicadores que complican el panorama: por primera vez en mucho tiempo se registró en este año una caída superior al uno por ciento en el consumo de gasolina corriente y la demanda de energía eléctrica solo crece una tasa del 1.5 por ciento, cuando el estimativo oficial en el plan eléctrico supera el cinco por ciento. Estos dos datos son muy importantes porque constituyen insumos claves para actividades como el transporte de carga y la industria.

Y aquí parece haber consenso general sobre la causa principal de este panorama: todas las encuestas y consultas entre empresarios (hechas por Anif, Fedesarrollo, Fenalco y Acopi, entre otros) coinciden en que es por una caída en el consumo.

Y de quién es la responsabilidad de esa reducción en la demanda?. Una parte importante ha sido inducida por los manejadores de la cosa económica: la junta del Banco de la República y el mismo gobierno.

Hace unos meses, las autoridades monetarias se fijaron como propósito hacer decrecer el ritmo de aumento de la cartera del sector financiero, incluyendo la de consumo porque consideraron que la situación atentaba contra la política antiinflacionaria. Pero se les fue la mano: hoy la cartera crece a una tasa anual del 30 por ciento, 15 puntos menos que la tasa de interés. En lo corrido del año solo aumenta diez por ciento, por debajo de la tasa de inflación.

Esto significa que tanto consumidores como empresas están utilizando parte de su propio ingreso para pagar intereses, desplazando recursos destinados al consumo o a la inversión. Aunque algunos consideran que este ajuste ha sido dañino, otros creen que el modelo resultaba insostenible.

La Junta del Banco de la República considera que desafortunadamente todo el ajuste tuvo que hacerlo el sector privado, porque el gobierno fue poco lo que aportó en términos del gasto público. Así se lo hicieron saber al Ministro José Antonio Ocampo en la reunión del pasado viernes.

Pero la caída en la demanda tiene otros elementos no menos importantes: la saturación del mercado de vivienda -prevista desde 1994- y el deterioro del ingreso cafetero por la caída en los precios internacionales del grano.

Un elemento adicional en la baja del consumo tiene que ver con la recomposición de los gastos familiares dado por el creciente aumento de los gastos en servicios públicos y en salud y educación. En consideración a que estos rubros no pueden ser sustituidos o reemplazados, los hogares deben desplazar el consumo de otros bienes para poder atender esas necesidades.

Efecto Samper No son pocas las opiniones que consideran que la crisis política, directamente relacionada con el presidente Samper, ha causado un gran daño a la economía de corto plazo y la ligan con una disminución el consumo. En realidad esto no es evidente en forma notoria en el entendido que la gente no deja de comprar bienes y servicios porque el país está en crisis.

Por el contrario. Han sido comunes las denuncias contra el gobierno por estar usando el presupuesto nacional para obtener apoyo político. Si esto es así, se estaría estimulando la demanda, así se abra un hueco fiscal.

La relación entre demanda y efecto Samper se da por la vía de las tasas de interés: el Banco de la República debe mantenerlas altas para evitar un efecto perverso sobre el dólar. Y eso ha ocurrido en los últimos meses. Y en el margen, ello puede estar afectando la demanda.

Pero lo que si no se puede aseverar es que el efecto Samper sea neutral en materia económica. Lo que ocurre es que el impacto negativo se da sobre la inversión, porque es común el aplazamiento o cancelación de proyectos por la incertidumbre de la crisis política. Por lo menos así lo demuestran encuestas como la realizada por la Andi.

En esos términos, el impacto del efecto Samper sólo se dejará notar en toda su dimensión con el paso de los días y tendrá un carácter más estructurtal que coyuntural.

Aclaración: el efecto Samper tendría impacto sobre la coyuntura, si una de sus variables (la descertificación de Estados Unidos) trae sanciones económicas para nuestro país por parte del gobierno de Clinton. El impacto adverso sería inmediato.

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