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JAIMES, REY DE LOS PINES EN LA FIESTA DEL BOLO

JAIMES, REY DE LOS PINES EN LA FIESTA DEL BOLO

Poco a poco, en su caprichosa sabiduría, los pines seleccionaron a los mejores. Es decir, a los sobrevivientes de las rondas-coladera, que acabaron con las ilusiones de muchos y dejaron solo a quienes debían disputar los honores de la X Copa Ciudad de Bogotá de Bolos.

Los otros, los que vieron truncado el sueño de inscribir su nombre en el palmarés del torneo más importante de su especialidad en la capital de la República, con el cual la Liga de Bogotá celebró sus treinta años de febril actividad, cambiaron de papel: de jugadores, se convirtieron en animadores, desde las tribunas.

Para algunos, la mayoría, era preferible estar abajo, en las pistas, que allá arriba, en las tribunas. El sufrimiento es distinto, pero, mucho más soportable cuando se está en plena actividad, no mirando los toros desde la barrera.

Al principio, por sectores, cada uno de los cuatro jugadores en liza escuchó a sus espaldas el respaldo de los simpatizantes. Saúl Insignares Mendoza, el único de los cuatro finalistas que pertenece a la familia de la Corporación de Bolos El Salitre (CBS), era, por supuesto, el que tenía la barra más numerosa. Su rival era el veterano Abraham Jaimes, un jugador de amplio recorrido, uno de los favoritos de los especialistas para alzarse con la corona.

Eso, por el grupo Monserrate, el que reunía a los jugadores de Liga o a los que acreditaron un promedio superior a 159,9 pines. Mientras, en el Guadalupe (con promedio inferior a este margen), Jorge Rincón y Gladys de Guaque compartían los vítores. Aunque, al final, los aplausos y las voces de aliento quedaron equilibradas. El público reconoció el mérito de haber llegado a esta instancia definitiva después de superar las difíciles y exigentes rondas de selección y, entonces, apoyó a todos por igual.

En las pistas, cada uno se defendió con las mejores armas de que disponía. Abraham Jaimes, a la postre el campeón, superó el inesperado revés inicial ante Insignares y, haciendo gala de gran control y de inteligencia para manejar los comodines, se llevó con los máximos honores. El mayor de la dinastía Insignares, por su parte, fue un hueso duro de roer, y, a pesar de ser el jugador más veterano del torneo (72 años), dio una verdadera lección de ambición, persistencia y pundonor deportivo.

En la otra final, Jorge Rincón, que clasificó a última hora gracias a una espectacular línea de 276 pines, continuó la racha y venció consecutivamente a quienes habían ocupado los lugares cuarto, tercero, segundo y primero. A Gladys de Guaque le ganó el doble duelo, para celebrar alborozadamente un título que no estaba en las cuentas de nadie.

Todo el mundo estaba feliz, sin importar los resultados. Ganadores y perdedores. Sin distingo de club o bolera de donde provenía cada uno, la familia de los bolos se unió para engrandecer una fiesta que todavía no baja su telón. Y, a pesar de que en las pistas la suerte no lo acompañó y quedó eliminado a mitad del camino, Saúl Insignares Melo, presidente de la Liga, gerente de la CBS y gestor del torneo, fue coronado como el gran campeón.

(Resultados: vea Cifras)

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