UN MINISTRO ZURDO PARA LA DEFENSA

UN MINISTRO ZURDO PARA LA DEFENSA

A pesar de tener solo diez años, cuando Juan Carlos Esguerra Portocarrero escuchaba las palabras de su padre estos son planes de hombres , él ya sabía de qué se trataba. Era el día de ir a lucha libre para ver a El Tigre o a La máscara o, tal vez, a Fantomas .

13 de agosto 1995 , 12:00 a.m.

En casa se quedaban la mamá y las hermanas Saturia y Leonor. Los cuatro hermanos, tomados de la mano del padre, salían rumbo a la Plaza de Toros La Santamaría o al coliseo cubierto El Campín para aprender los difíciles movimientos que les enseñaba el profesor Contreras y que practicaban en el rudimentario cuadrilátero que armaban en la casa.

A veces, el luchador caía a unos metros de la familia Esguerra y ellos disfrutaban viéndolo tan cerca, tan fuerte, tan grande... Pero para los niños, lo mejor era la última batalla. Porque tenía tres ingredientes: sin árbitro, sin tiempo definido y todo valía , cuenta Juan Carlos.

De vez en cuando, en los planes de hombres también participaban los amigos de Juan Carlos, los de la cuadra , los que le decían Cao porque no podía pronunciar la L. Con ellos, se encontraba en la calle para jugar con el carro de balineras, para practicar el alemán que aprendían en el Colegio Andino o para ensayar la marcha militar.

Por eso, Juan Carlos Esguerra Portocarrero no tendrá tantos tropiezos en las paradas militares. El sabe seguir el compás en una marcha e, incluso, hacer el paso de ganso , uno de los más difíciles, porque consiste en caminar recto levantando cada pierna hasta la cintura. Así lo aprendió en el colegio alemán, durante los dos meses en que él y sus compañeros estuvieron practicando para participar en el desfile de un 20 de julio.

Sin embargo, por esas cosas del paso de los años, antes de asumir como Ministro de Defensa, a los 46 años de edad, él sabe que le toca echar una repasada , dice.

Si lo hubiese sabido...

Durante los años en el colegio también tuvo su primer gran amor, una joven llamada Patricia (el apellido es reserva del sumario). Yo siempre vivía enamorado .

Luego, en la Universidad Javeriana, donde estudió derecho, se enamoró de Tica , hermana del hoy presidente de la Corte Suprema de Justicia y, años más tarde, le encantó, desesperadamente, Julia, una joven alumna y después, su esposa.

Quizá no era el churro de la clase, pero tenía swin con las mujeres, como dicen sus amigos. En parte, por su simpatía, por su humor fino, por sus comentarios de puro corte santafereño. Swin yo, noooo , dice sorprendido, y agrega: Haberlo sabido...

Sin embargo, para su esposa, Juan Carlos es un coqueto inofensivo , aunque él aclara: admito ser coqueto, aunque en vez de coqueto, yo diría galante . Lo que pasa, explica, es que en sus épocas de estudiante tenía facilidades con las damas, pero otra cosa era llegarles al corazón. La parte romántica no dejaba de causarme ciertos problemas. Usted no sabe cómo fue de difícil, por ejemplo, conquistar a Julia .

Y lo fue. Primero, porque ella era una de sus alumnas de derecho constitucional, en el tercer año de carrera, y él no tenía relaciones amorosas con sus estudiantes. Y segundo, porque tenía novio. Solo después de que ella presentó su examen final y él entregó las calificaciones, la invitó a salir. Y sobre el novio..., él tuvo paciencia, y mucha.

Sus amigos le ayudaban, de vez en cuando, y, también, en las serenatas, dirigidas a novias y posibles novias, porque mujer que no caía en sus brazos por su humor, caía por sus serenatas, de música colombiana, especialmente donde se escucharan La gata golosa, Las brisas del pamplonita y Las cuatro preguntas.

A la joven que sería su esposa le dio una serenata especial. Y especial por la música, pero también porque ante un arrebato de amor, se fue con un trío musical a Anapoima, donde la familia de ella tenía una finca. La amaba tanto, que él aceptó paciente el año de noviazgo y su condición: habría matrimonio pero sólo después de que ella terminara su carrera. Pero también aguantó las repetidas picadas de las hormiga sobre las que se paró precisamente el día en que fue a Anapoima a pedir la mano de su futura esposa.

Para entonces, ya estaba viviendo solo, muy a pesar de sus padres, quienes no comprendían aún cómo el hijo mayor se iba de la casa, pero no para casarse, como sería lo normal, sino simplemente para vivir independiente. Fueron dos años importantes en los que aprendí mucho, porque había días en que entraba al apartamento y me encontraba con la gratísima compañía de uno mismo .

Su matrimonio fue el 10 de diciembre de 1982. Ella había cumplido 23 años. El tenía 34. A sus tres hijos, Juan Carlos, de 11 años; Cristina, de ocho, y Nicolás, de cuatro, él los recibió, él fue el primero en tenerlos en sus brazos luego de ayudarle a su esposa en los momentos del parto. Por esa experiencia, cuando se le habla del peligro que representa su nuevo cargo, él dice sin dudarlo: no le temo a la muerte, pero no soy un kamikkazi. El día que recibí a mi primer hijo adquirí más conciencia de la vida y, además, más apego a ella .

La diferencia de edad con su esposa nunca ha sido un problema, aunque él prefiere la música clásica, los boleros y los bambucos y ella, algo más moderno, como por ejemplo Carlos Vives. Y aunque a él le encanta bailar, pero en la pista tenemos nuestros problemas de arritmia y disrritmia , dice riendo. Y aunque él es rígido, como su padre, y ella, más descomplicada.

Zurdo y rígido Es zurdo, hincha del equipo Santa Fe, detallista con la esposa siempre le regala 24 rosas rojas de Don Eloy y la llama para decirle dónde está, a qué hora llega, de posiciones firmes y difíciles de cambiar si no hay argumentos contundentes, un tanto terco, rígido como profesor, malgeniado en el volante es un maestro enseñando civismo a los demás conductores y clásico y formal en el vestir su ropa es de un mismo corte.

Es irascible cuando le duele la cabeza casi todos los días, a pesar de tratamientos médicos, le complace cuidar cada detalle de la decoración del hogar su casa no tiene cortinas porque él quiere ir a escogerlas pero no ha tenido tiempo, con la costumbre de tomar tinto, de comer maní y de pedir frijoles cuando va a almorzar y con la manía de desayunar... en el baño, mientras se arregla.

Porque es tan estricto consigo mismo que no se da tiempo para sus cosas. Ni siquiera para jugar squash o dormir un poco más los domingos. Tampoco para sentarse a la mesa y comer tranquilamente su desayuno. Y menos, para compartir más tiempo con la familia. Esa es, precisamente, una de las razones por las cuales muy de vez en cuando hay discusiones en el hogar. Tal vez porque en sus años en el colegio siempre le dijeron: primero el trabajo y luego el placer .

A las 5:20 a.m. ya está despierto. Por ahora mantiene su rutina, que cambiará una vez se posesione en su nuevo cargo. Levanta a los niños con juegos y chiflidos , los lleva al paradero a las 6;30 a.m. para que tomen el bus del colegio, regresa a casa para trabajar en el libro que está escribiendo, Mecanismos de protección de los derechos en la Constitución de 1991, y luego sale hacia la Universidad Javeriana para ejercer como decano de la Facultad de Derecho.

Su padre no es un punto de referencia. Es una roca de referencia . Por eso, sus amigos, su madre y su esposa afirman que el 2 de septiembre de 1989 fue el día en que más lloró y vieron la tristeza en su rostro. Su padre murió de un infarto. Por él, entre otras cosas, estudió derecho. Por él, dejó de fumar con el fin de que se olvidara de los cigarrillos, como se lo pedía el médico. Y por él, la frase que recuerda cada vez que asume un reto es: los jueces más severos de un ser humano son los hijos y los alumnos .

Su muerte le sigue doliendo. Hay momentos especiales en que siento una orfandad enorme... Y hay momentos en que le gustaría que él estuviera vivo para que supiera que fue decano de la facultad donde él también dictó clases de derecho, que fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, que estuvo en una terna para Fiscal General de la Nación y que fue nombrado Consejero de Estado pero se me enmochiló por ser designado nuevo Ministro de Defensa.

Cómo me hizo de falta , dice al recordar esos momentos en que tuvo que decidir si aspiraba a la Asamblea por el Movimiento de Salvación Nacional y si aceptaba el Ministerio de Defensa. En esos casos, siempre se preguntó o le preguntó a su madre: qué me diría mi padre?

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