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LUIS FERNANDO: 25 AÑOS

LUIS FERNANDO: 25 AÑOS

Un periódico no es un fábrica. Al menos, no una fábrica cualquiera. Es más un hervidero de noticias. Una casa editorial, donde se elabora información con base en hechos reales, pero también se opina, y se orienta. En ese sentido, es una gran colmena, humana y espiritual.

Pero tras esa mística y semejantes esfuerzos profesionales, está la empresa. La infraestructura, para que aquello que se hace, funcione. Es decir, para que el diario tenga no solo más páginas que implican más anunciadores fieles, y también mayor variedad de temas sino sobre todo más audiencia. La que le otorga su credibilidad, pero igualmente su capacidad de penetración. Que es su circulación.

Pues bien. En EL TIEMPO, detrás de todo ello (o, como se titulaba una antigua columna de nuestro Director, Detrás de las noticias ), está Luis Fernando Santos Calderón. Ha estado desde hace 25 años, empapándose primero de los cambios tecnológicos que los periódicos han tenido en muchas partes del mundo, desde el punto de vista de su producción. E incorporándolos gradualmente, día por día, para avanzar y no quedar nunca atrás.

Esto no sería necesariamente registrable, pues se dirá al fin y al cabo es la misión que corresponde a todo buen gerente de un medio de comunicación. Pero en el caso de Luis Fernando Santos, quien ahora ha cumplido un cuarto de siglo en EL TIEMPO, es un hecho que a mi juicio resulta destacable, por dos motivos principales.

Primero, porque aunque Santos es el administrador de la empresa, no tiene apenas una limitada mentalidad gerencial, sino también periodística. Al fin de cuentas eso fue lo que estudió en la Universidad de Kansas, en época simultánea con la de Daniel Samper. Y auncuando es cierto que desde un comienzo se dedicó a velar por la actualización y modernización de la compañía desde el punto de vista operativo, su cualidad consiste en que ha sabido mezclar dichas aptitudes con un agudo olfato periodístico. De manera que Luis Fernando posiblemente habría sido un pésimo gerente de una fábrica de zapatos o de salchichas, ya que de eso debe conocer pocón. Pero, en cambio, sabe de periodismo. Intuye qué le gusta a la gente. Se inquieta cuando hay pesadez informativa, porque entiende lo que en términos coloquiales constituye un ladrillo. Y le importa muchísimo que, además de informar, EL TIEMPO preste otro tipo de servicios: la Linea T de gran éxito para ensayos de medición o las páginas económicas del Wall Street Journal , por citar dos ejemplos, son testimonios de aquello a que me refiero cuando menciono esos otros servicios, al igual que aquellos plus de que hablan los publicistas, como la colección de los Seres Vivos, o la de Enigmas o, ahora, los fascículos sobre ilustración sexual. Que por el tema más que por su serio contenido imagino las controversias que habrá de suscitar.

En segundo término, no es exagerado decir que sin muchas arandelas y con un perfil discreto Luis Fernando le ha dado a EL TIEMPO todo un bote no solo desde el punto de vista tecnológico sino empresarial. Porque si bien esta Casa no es, ni mucho menos, un grupo económico, es verdad que se ha extendido a otras áreas relacionadas siempre con la industria editorial y las comunicaciones audiovisuales e informáticas. Y es cierto: no ha sido él solo el que ha involucrado al periódico en estos otros campos intelectuales, sino todo un equipo, familiar y laboral. Pero sí ha sido el autor de varias iniciativas, que empezaron, hace tiempos, con la aparición de revistas insertadas en el cuerpo del diario, como Carrusel y Elenco y luego Motor y Habitar , para no hablar de las que tienen vida propia, como Credencial y Aló (Con Aló Casa, Moda, Carros, etc.), y el semanario Portafolio, cada vez con mayor arraigo en los medios económicos e industriales, además del esfuerzo cada día más cabalmente compensado por la demanda de lectores de El Llano , Tolima y Boyacá 7 días. Organos que de paso cumplen una interesante función social en sus respectivas comunidades y no simplemente comercial; aparte, claro, de suministrar veraz información local.

Pero qué defectos tiene Santos ante este panegírico?, me preguntarán. Es tímido. Yo, personalmente, sólo me encarreto con él después de dos whiskies. Y les ha tenido siempre cierta injusta prevención a los poetas y cuentistas. Supone que se trata de un círculo muy cerrado. Que nadie los lee. Y esto sin duda es un error, pues sospecho que si alguna noche cualquiera se apareciera de repente en algún recital de la Casa Silva y se percatara de los montones de aficionados que tiene la poesía en este país, sin duda cambiaría de parecer.

De todas maneras, es significativamente notable la dinámica que Luis Fernando Santos le ha dado o imprimido a esta Casa Editorial. La cual, si no tuviera el soporte de una gerencia aperturista y audaz, no estaría donde hoy está, desde el punto de vista operativo y financiero.

Por todo eso, felicitaciones. Y paz con los poetas!, que necesitan más páginas. Ah, y menos avisos en la página quinta... que mis lectores ya deben estar leyéndome por allá en un pasan (al que pocos pasan) en la página 48, sección M... Por culpa, eso sí, de la buena pauta publicitaria.

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