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ALGUNOS GUERRILLEROS ERAN NIÑOS

ALGUNOS GUERRILLEROS ERAN NIÑOS

En medio del tenebroso panorama que ofrecía Miraflores la noche del domingo, una imagen llamó la atención de algunos pobladores. Sinembargo, en sus refugios se negaban a creer lo que veían: un grupo de niños guerrilleros.

Los pequeños jugaban con los muñecos de plástico que vienen en algunos paquetes de frituras. Los colocaban sobre sus fusiles, y se podía decir que hasta dialogaban con ellos. Más que tierno, era algo estremecedor.

Así, disfrutaban el recreo a que tenían derecho durante la toma del pueblo. Porque era tal el número de subversivos, que se daban el lujo de relevarse cada dos horas en los frentes de ataque.

Parecía una noche de juegos pirotécnicos. El destello de los fusiles y el impacto de granadas y cohetes iluminaban el oscuro domingo en Miraflores. El cruce de fuego era ensordecedor. Cuarenta policías defendían el pueblo, y por lo menos 300 guerrilleros arrasaban todo lo que encontraban a su paso.

La gente corría despavorida a refugiarse en los baños y debajo de las camas. Muy pocos pudieron esconderse en las trincheras de defensa que ellos mismos tienen construidas en el interior de sus viviendas, pues los subversivos terminaron utilizándolas.

Algunas autoridades comentan que varios guerrilleros estaban embriagados durante el combate. Tomaron whisky en el pueblo antes de la incursión , dijo un oficial de la Policía a EL TIEMPO. Tres policías vestidos de civil reportaron la información .

La toma del pequeño puerto fluvial estaba preavisada. La Policía Antinarcóticos y la misma población sabían que en cualquier momento la guerrilla iba a intentar atacar el pueblo. Ese domingo, hubo movimientos extraños de personas, pero la comunidad no denunció nada, por temor a represalias.

Según pobladores que pidieron reserva de sus nombres, semanas antes del ataque se conoció de reuniones que llevaban a cabo las Farc en las afueras de Miraflores. La persona que no asistiera a esas reuniones, era multada con un millón de pesos. Si volvía a fallar, le exigían que se fuera del pueblo, o simplemente la mataban.

La del domingo anterior fue la incursión guerrillera número 29, desde 1984. Eso sí, es la más violenta de todas.

Desde hacía dos meses se vivía en relativa calma, tras los hostigamientos casi diarios que los subversivos hacían contra el batallón Joaquín París, en San José del Guaviare.

Los civiles eran rematados Durante el asalto, los guerrilleros rociaron parte del pueblo con gasolina. Utilizaron para ello una motobomba. Así fue como destruyeron las instalaciones de la Alcaldía, la Caja Agraria, el hospital, dos cuadras de viviendas y buena parte del sector comercial.

Igual operación estuvieron a punto de realizar contra la estación de Policía, pero los agentes lograron dar muerte a los tres subversivos que estaban próximos a regar el combustible.

Todos los testigos coinciden en señalar que las Farc disparaban en forma indiscriminada. Cuando algunas personas huyeron de sus casas incendiadas, los guerrilleros les disparaban sin compasión , dijo un policía. Según él, lo mismo ocurrió con algunos heridos por esquirlas.

Una versión sin confirmar indica que un hombre se suicidó con una guillotina, al ver su cuerpo lleno de esquirlas de granadas.

El puesto de Policía nunca perdió comunicación con Bogotá.

El general Rosso José Serrano siempre nos dio moral , dijo un oficial. Nos decía: tranquilos, que ya llegan los refuerzos , y nos pedía seguir combatiendo .

Hacia la media noche, los subversivos interceptaron la frecuencia de radio de la Policía, y actuaron. Nos decían h.p., entréguense , y nos gritaban que no fuéramos regalados, y que el ataque era una respuesta a la propuesta de paz de Samper , contó un agente.

Los guerrilleros nunca se refirieron a que la acción tuviera algo que ver con el primer aniversario del gobierno del Presidente Ernesto Samper.

Según el Ejército, durante el combate murieron al menos 15 guerrilleros, y 30 resultaron heridos. Sinembargo, el comandante de la Policía de Miraflores sostiene que los guerrilleros se llevaron por lo menos 40 muertos .

Fuentes oficiales dijeron que las autoridades escucharon un diálogo radial en el cual se informaba de la muerte de un comandante guerrillero, pero el deceso no fue posible confirmarlo.

Después de dejar semidestruido el pueblo, unos 80 atacantes se tomaron la casa cural, y desde allí dispararon contra la estación de Policía. Otros se subieron a los tanques de agua de la localidad, y lanzaron explosivos contra el cuartel. Atacaron por todos los costados.

Dos sacerdotes que se encontraban en la casa cural, corrieron hacia una habitación, voltearon la cama y se taparon con el colchón. Así permanecieron durante las 18 horas del ataque.

Casi al amanecer, el comandante policial empezó a restringir la munición, temeroso de que se les acabara antes de llegar los refuerzos.

Al finalizar la cruenta jornada, el ambiente era desolador. Miraflores olía a pólvora. De las viviendas y negocios todavía salía humo. La avenida central, que es también la pista de aterrizaje, estaba bordeada por ruinas. En los patios de las casas afectadas había numerosos animales domésticos muertos. Los cuerpos sin vida de 20 personas civiles, policías y guerrilleros estaban regados por todo el pueblo.

El silencio producto del asombro de la gente era interrumpido por los quejidos de decenas de heridos. De un día para otro, Miraflores vivía en un ambiente de posguerra.

Con más calma, los sacerdotes recorrieron en la mañana lo que aún quedaba de la iglesia. En un florero, frente a una imagen de Jesucristo, encontraron una granada sin activar; otras dos estaban en el techo, y una bomba molotov estaba en el galpón de la parroquia, rodeada por decenas de gallinas muertas.

La crueldad del ataque de la guerrilla tiene sorprendidos a todos, entre ellos, al vicario apostólico del Guaviare, monseñor Belarmino Correa Yepes, quien hace dos semanas dialogó con un comandante del Frente 44 de las Farc, sin llegar a imaginarse cuáles eran los propósitos.

También había compartido opiniones con subversivos de la región de Miraflores.

Yo les pregunté del porqué de los hostigamientos; de por qué molestaban tanto a la población civil, y me decían que era una respuesta a un comandante de la Policía que poco les gustaba...

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